La guerra del eclipse rojo: El linaje real

Capitulo 3

Rebeca siguió a Veng directo al bosque, su cabeza era un mar de emociones, una montaña rusa que subía y bajaba repentinamente, seguía comiéndose la mente con el sentimiento de culpa que la abrumaba tanto, sentía que estaba jugando con su compromiso, pero al llegar al lago notó inmediatamente que el ambiente era distinto, había melancolía, ella se sentó en la manta e hizo una seña a Veng para que también se sentara, el no dudó en estar al lado de ella; los sentimientos de los dos eran fuertes a pesar de que solo habían bailado una noche, a pesar de lo que el lector podría pensar, esa noche no hablaron, tampoco hicieron más que tomar vino y observar las estrellas.

Al llegar las 5 de la mañana regresaron al castillo, despidiéndose con un apretón de manos, el más doloroso apretón de manos que hubo en toda la vida de Veng, el último contacto físico que tendría con Rebeca, tanto así que al llegar a su alcoba comenzó a llorar desconsoladamente dando golpes a diestra y siniestra al aire, hasta quedar rendido en el suelo preguntándose "¿Cómo es que llegué a éste punto?", cerró los ojos y durmió, un tiempo indefinido, el suficiente para que al despertar las estrellas, que tanto le recordaban a los ojos luminosos de su amada que no podía tener, estuvieran llenando el cielo, tal vez sus sentimientos se intensificaron porque su corazón era algo que no podía tener y la adrenalina de ello lo hacía enloquecer, tal vez.

Los días pasaron con total tranquilidad para Veng que siempre estaba encerrado en su habitación leyendo hasta dormir, se sumergía tanto en los libros que a veces olvidaba comer pero como todos estaban tan ocupados por la próxima boda nadie se daba cuenta.

Rebeca y Anthony tuvieron un impulso hacia el cielo, esos días en los que estuvieron juntos preparando su boda, el amor intenso se fortalecía a medida que el tiempo pasaba, Rebeca comenzó a olvidar de a poco que Veng le había hecho alguna vez dudar aunque sea un poco en si casarse o no; Anthony, el loco enamorado que daría su vida por la de su amada, el se enfocaba tanto en hacer todo un día mágico que el olvidaba de comer pero el era totalmente vigilado las veinticuatro horas de la semana ya que sería el heredero al trono; todo fluyó, nada se interpuso entre los preparativos hasta la noche antes de el casamiento.

Rebeca estaba en su habitación, era de noche, no sabia la hora ya que estaba sumergida en sus pensamientos de que al día siguiente sería la esposa de quién había robado totalmente su corazón, en un momento le dió sed así que decidió salir por un vaso de agua, se puso un vestido blanco, el cual resaltaba sus curvas, la tela era delgada y suave al tacto, con vuelos al rededor de la falda, mangas en forma de campana y un escote no tan pronunciado, ideal para descansar; al salir notó que no habían luces encendidas por el largo pasillo oscuro y a penas iluminado por la luz de la luna, ella confundida trató de hacer un hechizo e invocar un orbe de luz para alumbrar un poco pero de pronto vió justamente algo que iluminó el fondo del camino, extrañada lo siguió, la guío por una ruta conocida para ella pero poco transitada, el destino era el salón de los espejos, este se trataba de una habitación gigante que como su nombre lo dice estaba llena de espejos enormes que llegaban desde el suelo hasta el techo, era perfecto para la gente que deseara practicar algún baile; se encendieron unas pocas velas que dejaron a la vista el cuerpo de Veng, este se veía diferente, su mirada estaba apagada, el brillo que se notaba anteriormente había desaparecido, su cuerpo era mucho más delgado pero no perdía su figura esbelta de noble ejercitado, su piel era pálida, a simple vista se podría confundir con un vampiro, su cabello blanco y largo estaba desordenado pero le daba una apariencia interesante y muy atractiva, Rebeca en cambio era una mujer llena de vida, su piel a pesar de ser blanca tenía un rosado tan vital en sus mejillas, sus ojos desbordaban ganas de vivir; entre el encuentro tan repentino y los segundos de silencio, Veng habló -Hace bastante tiempo no nos vemos, ¿Qué tal los preparativos?, mañana te casas ¿Cierto?, tranquila no haré nada solo quería verte- mientras esbozaba una sonrisa maquiavélica -Si, mañana me caso, no sé que hago aquí, adiós- Rebeca había dejado la puerta abierta de la habitación pero al acercarse para irse, esta dió un azote tan fuerte que temia despertar a alguien, el comenzó a utilizar hechizos que Rebeca sentia con malicia -Ven- sintió como era levantada del suelo y se deslizaba hacia Veng, se asustó claramente pero no lo externó ya que quería saber hasta dónde llegaría el, Veng se acercó al oído de Rebeca mientras la tomaba de la cintura, la acercaba a el bruscamente y acariciaba su cabello como si de un gatito sumiso se tratara -Bailemos querida, tenemos una noche por delante que tal vez sea eterna en tu memoria- comenzó a escucharse un vals, Rebeca nunca había escuchado esa pieza pero lo que solo Veng sabía era que el la había compuesto especialmente para su amada, sus cuerpos sentían el ritmo, cada pisada era como si fuego entrara de sus pies a sus venas, cada vez la pasión los envolvía, las veces que Veng levantaba a Rebeca del suelo era como si el éxtasis se alejara, pero cuando volvían a estar cerca trataban de sentirse, no me refiero a algo carnal, ellos querían unirse en esa danza, cuerpo y alma, la luz tenue aumentaba la sensación de que ahí no estaba nada bien, el ambiente a pesar de ser tan pasional se sentía una vibra oscura, Veng tal vez había hechizado a Rebeca.

Antes de finalizar la noche, el vestido blanco de Rebeca terminaría totalmente rojo, no se sabe porqué, nunca hubo alguna herida por parte de los dos o siquiera un hechizo que lo hiciera de esa tonalidad; junto a los instrumentos de la música la voz y presencia de Veng se desvanecieron -Hasta nunca Rebeca- entre las sombras el desapareció y ella despertó del trance en el que estaba, acostada en su cama, rodeada de pétalos rojos de rosas, su habitación olía suavemente a esas flores, tal vez estaban frescas antes de que alguien las pusiera ahí, sus pensamiento fueron interrumpidos por la llegada de las personas que la arreglarían, así que de inmediato se levantó, una de ellas al verla quedó asombrada -Señorita... Ese vestido le queda increíble, se ve tan radiante, casi como si hipnotizara con su apariencia- Rebeca dió un salto y enseguida se vió en el espejo, efectivamente hipnotizaba con su apariencia en pocos segundos, a pesar de eso trató de no darle tanta importancia así que se preparó.




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