La guerra del eclipse rojo: El linaje real

Capítulo 4

-¿Qué es lo que quiero?.

Rebeca divagaba en ese recuerdo que llegaba poco a poco mientras le colocaban su vestido de novia, vestido que con mucho cariño había diseñado junto al mejor modista del reino. Era blanco, largo y etéreo; se podría decir que era como de cuento de hadas. La tela era ligera y translúcida con múltiples capas onduladas que recuerdan a la ondulación del agua que hace cuando tiras una roca a un lago tranquilo. Las mangas eran sueltas y caídas con un característico diseño campana, conservando el estilo vaporoso del diseño.La parte de arriba tenía piedras preciosas aplicadas una por una, a mano, sin magia que acelerara el trabajo, así lo quiso ella. El vestido era bellísimo. Se veía al espejo y era justamente lo que soñaba, era ella, solo que seguía con la espina de lo que la noche anterior había pasado. Fué la primera vez que sintió tal pasión, desbordante, como si lo prohibido encendiera la idea del romance limpio y tierno que tenía hacia Anthony. Aunque muchas veces había sentido atracción a su prometido, no lo había sentido de tal manera. Ella sabía que se podía generar esa misma sensación con Anthony perfectamente; no le dió más vueltas al asunto.

Todo estaba listo en el gigante jardín del castillo. Se había preparado con mucha anticipación para que las flores estuvieran totalmente en su punto exacto; el jardinero habría hecho su labor exactamente a petición de Rebeca: rosas blancas que eran acompañadas con geranios, Verbenas, hortensias y dalias.

En medio de todo estaban las sillas de los 200 invitados; eran bastante pocos para llenar el jardín. Las mesas eran largas con manteles de encaje blanco y detalles en rosa para combinar con el jardín. El arco donde estaría la mayor autoridad para casarlos estaba hecho de flores y telas muy finas, haciendo alusión al vestido de Rebeca. Todo era perfecto, solo había que presentarse.

—Mi señora, ya estamos listos, venga para prepararla y darle instrucciones de qué hará para la entrada.

caminó a la enorme puerta de la entrada al jardín. Estaba decidida a olvidar las veces que su cuñado trató de hacerla cambiar de opinión, ya que lo que sentía por Anthony era lo más seguro que había sentido en su vida; no lo iba a echar a la basura. Empatizaba con Veng, pero ella solo amaba a Anthony, su marido, con quién había construido esa relación tan bella, con quien había compartido numerosas cartas de amor, lealtad, sinceridad, honestidad, tristeza y demás sentimientos. No necesitaba a nadie más en el mundo.

Las puertas se abrieron, dejando pasar los rayos delicados de sol que resaltaron su cabello rubio, sus ojos brillantes y su figura, ahora cubierta con el espléndido vestido que portaba. En sus manos el ramo de flores blancas y largas. Caminó por el pasillo que formaban las sillas, hasta el altar. Tomó la mano de Anthony y supo que no habría más preocupación; no habría más espacio de separación entre ellos. Frente a frente compartieron una sonrisa de alegría y cariño profundo.

Rebeca sintió un mareo. Volteó a ver a Anthony, que justo la sostuvo antes de perder totalmente el equilibrio. Lo vio preocupado, volteando hacia el bosque, hasta que volvió a sentir el supuesto mareo. Ahí se dió cuenta que no era lo que pensaba: el suelo estaba retumbando, avisando que algo se acercaba. Desde el interior del bosque podían ver cómo iban cayendo árboles en dirección a ellos. Anthony sacó su espada mientras gritaba —¡Llévensela, protéjanla con su vida! ¡Guardias, conmigo! No sé qué será lo que se acerca, pero no permitiré que dañe al reino.

Rebeca no entendía lo que estaba pasando. Los guardias que intentaban llevársela caían uno a uno; espinas que volaban como si fueran flechas, asesinaban a cada uno de ellos. Extrañamente, a ella no. Sea suerte, destino o magia, logró invocar su báculo, poniéndose al lado de Anthony, el aceptándola, como su única acompañante. —Somos pareja, somos marido y mujer y somos los futuros reyes de aquí. Tenemos que actuar como tal ante estos hechos. Estaré contigo hasta el final, sea lo que sea.

Anthony logró terminar su discurso antes de que una criatura gigante, que parecía una pantera blanca como la nieve, con ojos rojos como el carmín, colmillos y garras afiladas y rugidos tan potentes como el estruendo del trueno más feroz en una tormenta, planeara atacar todo a su paso. Pero Rebeca sintió una gran conexión con esa extraña criatura. En un momento, Anthony se quedó paralizado, sin saber qué hacer ya, que nunca había visto algo igual en persona; solo había escuchado sobre un reino gobernado por algo parecido en descripción.

Rebeca sintió en su corazón que no lo tenían que atacarlo, sino entender qué era lo que pasaba. En un momento soltó su báculo y se acercó a la criatura, como si se tratara de una conexión bilateral. La criatura aunque mostrando los colmillos, bajó la cabeza, para que Rebeca pudiera verle mejor. Ella, instintivamente, puso su frente contra la gran boca de la criatura, la cual había cerrado anteriormente. Pudo ver vagos recuerdos y flashbacks de montañas nevadas, la incertidumbre de un recién nacido y miles de años vagando.

Con la magia que le fué otorgada, hizo que el animal disminuyera su tamaño y cambiara su apariencia, hasta el punto de ser un pequeño gatito humanoide, con orejas de gato, colita del mismo, piel muy pálida y pelo blanco que a penas cubría la palma de su mano. En punto el animal se había quedado dormido. Anthony no supo que hacer, se bloqueó totalmente; solo pudo acercarse para ver si estaba bien. Ella le dijo:

—No le vayas a castigar con pena de muerte, es un bebé. Podrá tener miles de años, pero aún no se pudo desarrollar. Vagó por muchos reinos, pero sin saber en realidad que hacía, solo se guío por su instinto, es... un bebé— Anthony al escuchar eso, vio a su alrededor: sus guardias reales fallecidos, a toda la demás gente invitada herida y con miedo. ¿Cómo era que Rebeca podía ser así?, ¿Cómo podía justificar éso?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.