La Habitación 13

01

El último tramo del camino fue mucho más difícil de lo que la joven había imaginado.

Desde la ventana del vehículo apenas podía distinguir algo más allá de la nieve acumulada a los lados de la carretera; las montañas se levantaban enormes a ambos lados, cubiertas de blanco y de una neblina espesa que parecía quedarse atrapada entre las cumbres. De vez en cuando aparecía una casa de piedra, una antigua torre o algún pequeño grupo de árboles inclinándose por el viento, pero después todo volvía a desaparecer detrás de una curva. Llevaba casi una hora sin señal en el teléfono y aunque al principio había intentado ignorarlo, terminó revisando la pantalla tantas veces que aquello se convirtió en una costumbre absurda. No había mensajes, llamadas ni internet, y tampoco podía decirle a nadie que estaba llegando bien.

—¿Falta mucho? —preguntó por tercera vez.

El hombre que conducía no respondió inmediatamente. Mantuvo ambas manos sobre el volante mientras observaba la carretera con una concentración que hizo que la joven se sintiera un poco ridícula por haber preguntado.

—Diez minutos.

Ella levantó una ceja.

—Eso dijiste hace veinte— se quejó y el hombre soltó una leve risa apenas, se notaba que era una turista

—En Ushguli, diez minutos pueden ser una hora.

No supo si estaba bromeando.

Guardó el teléfono en el bolsillo de su abrigo y apoyó la cabeza contra el cristal. Había viajado hasta Georgia por una razón bastante sencilla: necesitaba alejarse durante unos días. Del trabajo, de los mensajes que no quería contestar, de las personas que insistían en preguntarle qué le ocurría cuando ni siquiera ella sabía explicarlo. Había encontrado información sobre Ushguli buscando lugares tranquilos, remotos y lo suficientemente alejados de las ciudades como para que nadie pudiera aparecer de improviso. En las fotografías el lugar parecía precioso, casi sacado de un cuento; en persona era diferente.

No porque fuera feo, sino porque había algo en aquel sitio que hacía que cualquiera se sintiera demasiado pequeño. Las montañas estaban tan cerca que parecían cerrar el pueblo por completo y las antiguas torres de piedra sobresalían entre las casas como si llevaran siglos observándolo todo desde el mismo lugar. Incluso el silencio era distinto. No era el silencio tranquilo de una habitación vacía, sino uno pesado interrumpido únicamente por el motor del vehículo y el viento golpeando contra las ventanas.

Cuando finalmente llegaron el conductor señaló hacia un grupo de construcciones al otro lado del camino.

—Ushguli.

La joven miró hacia allí y sintió una pequeña decepción que no quiso admitir. Esperaba encontrar algo más grande. El pueblo parecía diminuto desde donde estaban, apenas un conjunto de casas de piedra y madera desperdigadas entre la nieve, con las montañas detrás y unas cuantas luces amarillas encendidas. Había imaginado cafeterías, pequeños restaurantes y alguna tienda de recuerdos, pero a aquella hora parecía que todo el mundo había decidido encerrarse en sus casas.

—¿Y el hotel?— pregunto aún tratando de conservar algo de esperanza, el hombre señaló hacia una zona más apartada.

—Saint Elene.

—¿Está dentro del pueblo?

—Más o menos.

Aquella respuesta no consiguió tranquilizarla. El Hotel Saint Elene estaba alejado de las demás construcciones, detrás de un pequeño camino cubierto parcialmente por nieve. Desde afuera parecía mucho más antiguo de lo que mostraban las fotografías que había visto en internet. Tenía paredes de piedra oscura, vigas de madera y un techo inclinado que soportaba una gruesa capa de nieve. Una lámpara amarillenta sobre la entrada era prácticamente la única iluminación del lugar.

No parecía un hotel.

Parecía una casa antigua que alguien había decidido convertir en alojamiento sin molestarse demasiado en cambiarla, el conductor bajó su equipaje y lo dejó frente a la entrada.

—Gracias...— Murmuró con tono decepcionado, el hombre cerró el maletero y la miró durante un momento.

—No salga esta noche— aconsejo, la joven frunció el ceño

—¿Perdón?

—Va a nevar más— él señaló el cielo con la barbilla mientras dejaba las maletas. Esperaba alguna explicación más pero el hombre simplemente volvió al vehículo. Antes de subir al auto volvió a mirarla —Si necesita marcharse mañana, pregunte temprano. El camino puede cerrarse, y yo salgo desde las nueve.

—Está bien.

La puerta del vehículo se cerró y unos segundos después desapareció por el mismo camino por el que habían llegado.

La joven se quedó sola frente al hotel.

El frío comenzaba a atravesar su abrigo y sus dedos se habían entumecido así que tomó su maleta y subió los tres escalones que llevaban hasta la entrada. No alcanzó a tocar la puerta realmente ya que esta se abrió sola , del otro lado de esta había una mujer que parecía estaba esperándola.

Era mayor, aunque resultaba difícil calcular su edad. Tenía el cabello gris recogido detrás de la cabeza, un uniforme oscuro bastante antiguo y una expresión tan seria que durante unos segundos la joven pensó que quizá había llegado en un mal momento.

—Buenas noches —saludó con un suave asentimiento de cabeza,

La mujer no respondió enseguida. Sus ojos recorrieron lentamente su rostro, después su equipaje y finalmente volvieron a ella.

—Usted es la reserva— dijo haciéndose a un lado de la puerta para que entrara, no fue una pregunta.

—Sí...

—Nombre— ordenó sin perder tiempo mientras se acercaba al mostrador

—Alessia..

La mujer tomó un registro viejo que descansaba sobre el mostrador y comenzó a buscar entre las páginas. El papel estaba amarillento y lleno de nombres escritos a mano; algunos tenían fechas tan antiguas que parecían pertenecer a otra época. La mujer pasó una página, luego otra y finalmente se detuvo.

—Habitación trece— dijo mientras tachaba algo en el registro, la joven parpadeó. Según recordaba solo habían ocho habitaciones en aquel lugar y ella había reservado la siete.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.