La Habitación 13

02

Alessia despertó con una sensación extraña, como si hubiera dormido demasiado y al mismo tiempo como si apenas hubiera conseguido cerrar los ojos. Durante unos segundos permaneció bajo las mantas mirando el techo intentando recordar dónde estaba; luego escuchó el viento golpeando contra la ventana y todo volvió a su cabeza de golpe. Ushguli, el hotel, la mujer de recepción y los golpes de la noche anterior.

Se incorporó lentamente y se pasó una mano por el rostro, la habitación estaba iluminada por una luz grisácea que entraba por la ventana, aunque el cielo seguía cubierto de nubes y la nieve continuaba cayendo con una tranquilidad casi hipnótica.

Se quedó sentada unos segundos más tratando de recordar si había cerrado bien la puerta antes de dormir. La pregunta apareció de manera automática después de todo así que giró la cabeza hacia ella. Seguía cerrada.

—Bien... —murmuró soltando el aire que no sabía que estaba conteniendo.

Se levantó y caminó descalza hasta la ventana. Afuera se notaba que había nevado durante toda la madrugada; el paisaje que había visto la tarde anterior prácticamente había desaparecido bajo una capa blanca mucho más gruesa y el camino por el que había llegado ya ni siquiera podía distinguirse con claridad. Eso le hizo recordar las palabras del conductor.

El camino puede cerrarse.

Tomó el teléfono de la mesa de noche y comprobó la pantalla. Seguía sin señal. Abrió las aplicaciones por costumbre aunque sabía perfectamente que ninguna funcionaría y después buscó la hora. Eran las nueve y diecisiete de la mañana.

—Genial.

Tenía hambre y necesitaba bajar a desayunar, además quería hablar con la mujer de recepción sobre el transporte de regreso o al menos el turismo, porque su viaje estaba previsto para al menos siete días.

Si el camino realmente iba a cerrarse no quería esperar hasta el último momento. Se dirigió al baño, se duchó rápidamente y se vistió con unos jeans, un suéter grueso y las botas que había dejado junto a la cama. Mientras se acomodaba el cabello frente al espejo recordó la voz de la noche anterior.

« No olvides cerrar con llave »

Había intentado convencerse de que aquello no había ocurrido realmente o al menos de que había imaginado aquello. Quizá algún huésped había hablado desde otra habitación y el sonido había viajado por el pasillo; incluso era posible que el sueño le hubiera jugado una mala pasada. No era la primera vez que una persona medio dormida confundía un ruido con una voz.

Eso era lo lógico y Alessia prefería las explicaciones lógicas.

Tomó la llave que había dejado sobre la mesa y abrió la puerta. El pasillo estaba completamente vacío. La luz seguía encendida, pero durante el día parecía menos inquietante que la noche, sonrió para si misma asintiendo lentamente, seguramente se había sugestionado por todo lo nuevo del lugar y las complicaciones que tuvo durante el viaje.

Bajó las escaleras despacio arrastrando una mano por la baranda de madera mientras observaba el interior del hotel. Había algo diferente en la planta baja. No podía decir exactamente qué aunque estaba segura de que la noche anterior había visto algunas cosas que ahora no estaban ahí y ahora con la mente más clara le recordaban a los objetos de las casas antiguas que pasaban en la TV, cuando llegó a recepción encontró a la misma mujer detrás del mostrador.

Estaba leyendo el periódico, Alessia se acercó con una pequeña sonrisa dulce.

—Buenos días— tarareo, la mujer levantó la mirada.

—Buenos días— asintió mirándole atentamente, esta vez su voz sonó completamente normal.

—¿El desayuno está incluido?

—A las diez— la mujer cerró el periódico, Alessia miró el reloj de pared.

—Todavía falta un poco...— murmuró, sintió su estómago gruñir, se sonrojo apenas, la mujer asintió sin expresión alguna y hubo un silencio incómodo —Quería preguntarle algo —dijo Alessia de inmediato—. El hombre que me trajo ayer dijo que quizá el camino se cierre por la nieve. ¿Sabe si podré salir mañana?

—Depende del clima— la mujer se encogió de hombros observándola por varios segundos como si esperara alguna queja de parte de la joven

—¿Y si necesito salir hoy?

—No hay transporte— negó de inmediato, Alessia frunció el ceño.

—¿Ninguno?

—Ninguno.

La respuesta fue tan sencilla que terminó resultando más inquietante que si le hubiera dado una explicación complicada.

—¿Entonces tendría que esperar?

—Obviamente.— suspiro la mujer, Alessia soltó un pequeño suspiro también.

—Bueno... supongo que tendré que quedarme.

—Es lo mejor— la mujer volvió a abrir el periódico, se notaba viejo y desgastado, Alessia se quedó mirándola mientras fruncía ligeramente el ceño, vabía algo en la manera en que había dicho aquello que no le gustó.

—¿Lo mejor?— repitió mira dime

—Con esta nieve— la mujer pasó página sin verla ,Alessia asintió lentamente.

—Claro.

Se alejó de la recepción y se sentó en uno de los sillones de la sala, no tenía mucho que hacer, así que decidió esperar el desayuno. Mientras observaba por una de las ventanas, comenzó a fijarse en las paredes del hotel. Había fotografías antiguas por todas partes; algunas mostraban el edificio cuando parecía mucho más pequeño, otras enseñaban paisajes de Ushguli y algunas tenían personas frente al hotel.

Se levantó por curiosidad.

Había una fotografía particularmente grande enmarcada sobre una pared de madera. Mostraba a un grupo de personas frente a la entrada del Saint Elene. Todos sonreían hacia la cámara, algunos abrazados, otros sosteniendo maletas.

Alessia se acercó con curiosidad, debajo de la fotografía había una pequeña placa: Invitados — invierno de 1998.

La observó durante unos segundos.

—Qué antiguo...

Había algo curioso en aquella fotografía. Todos parecían estar mirando directamente hacia la cámara, excepto una mujer ubicada en la última fila.




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