Alessia se quedó mirando la placa durante varios segundos sin atreverse a acercarse. Era exactamente la misma que aparecía en la fotografía, incluso tenía aquella pequeña mancha oscura en uno de los bordes y el metal parecía corroído por los años. Miró nuevamente la imagen, después la placa y luego la habitación completa, como si al observarla desde otro ángulo pudiera encontrar una explicación que hasta ese momento se le había escapado.
No la había visto anoche, estaba segura.
Había pasado buena parte de la mañana allí, había desempacado, se había sentado junto a la ventana, había caminado por la habitación y hasta había revisado sus cosas antes de bajar a desayunar. La placa no estaba junto a la puerta del baño.
—No puede ser...
La voz le salió más débil de lo que esperaba.
Se acercó y se agachó frente a la placa. La tocó con la punta de los dedos. Estaba fría y cuando intentó moverla no consiguió hacerlo. Parecía estar atornillada en el suelo o algo así, aunque no recordaba haber visto ningún tornillo la noche anterior.
Volvió a mirar la fotografía, Alessia tragó saliva.
—Valep...— murmuró para si misma poniéndose de pie nuevamente, asintió lentamente— me voy así tenga que cruzar la nieve caminando.— dijo con firmeza,
Dejó la fotografía sobre la cama y caminó rápidamente hasta su maleta aún tratando de mantener la calma. No sabía exactamente qué iba a hacer solo sabía que quedarse ahí no era una opción para ella: había visto demasiadas películas de terror y ella no quería ser protagonista de una. Mega pasaba de eso,
No le importaba el clima, ni el viaje, ni los siete días que había planeado pasar en Ushguli. Podía dormir en cualquier otro sitio, podía pagar otro hotel, podía caminar hasta el pueblo si era necesario y pedir posada a alguna casa y ofrecerles dinero por la estadía; cualquier cosa era mejor que permanecer en aquella habitación o aquel hotel.
Abrió la maleta de golpe y comenzó a guardar sus cosas: El suéter, el pantalón, el cargador, el neceser. Todo terminó dentro de la maleta sin ningún orden.
—Me largo de aquí— lo dijo en voz alta, como si necesitara escucharse para convencerse, tomó el teléfono y revisó nuevamente la pantalla. Seguía sin señal —Perfecto.
Guardó el teléfono en el bolsillo y arrastró la maleta hasta la puerta, giró el picaporte y tiró tratando de conservar su último gramo de calma y no salir corriendo: Nada.
Volvió a intentarlo pero la puerta no se movió, Alessia frunció el ceño.
—Vamos...
Giró nuevamente, abrió el seguro y volvió a tirar con más fuerza, sintió la desesperación atascarse en su garganta, la puerta parecía atascada. Dejó la maleta en el suelo y utilizó ambas manos para empujar
—Vamos, abre— tiró sacudiendo la puerta, la madera simplemente crujió pero no cedió, Alessia soltó el aire lentamente y miró la puerta como si acabara de convertirse en su peor enemigo —No puede ser...
Probó nuevamente. Una vez, dos, tres. Cada intento era más desesperado que el anterior.
—¡Vamos!— golpeó la puerta con la palma —¡Abran!
El silencio del pasillo permaneció intacto, Alessia apoyó la frente contra la madera y cerró los ojos.
Respiró profundamente
"Piensa" se regaño así misma, eso era lo que necesitaba: pensar.
Quizá la puerta se había hinchado por la humedad. Quizá la cerradura estaba dañada. Quizá simplemente estaba haciendo algo mal.
Sí.
Tenía que ser eso.
Se apartó y examinó la cerradura con más atención, noto la cerradura y recordó que era de esas puertas viejas, entonces empezó a buscar la llave. Desde que la había dejado en la mesa de noche junto a su teléfono la noche anterior no la había visto, empezó a rebuscar por todos lados, le dio vueltas a la habitación e incluso tiro todo el contenido de su maleta en la cama tratando de encontrarla. Absolutamente nada, la desesperación le apretó la garganta,
Necesitaba salir
—¿Qué...?— gimoteó, trago en seco y con todo el desastre que había dejado en la habitación buscando la llave regreso a la puerta para intentarlo nuevamente, sacudió la puerta lo más que podía e incluso pateo el picaporte y la madera —¡Abre!
Volvió a intentarlo con más fuerza.
El marco ni siquiera vibró ,la desesperación comenzó a apoderarse de ella por completo. Tomó una silla vieja y la arrastró hasta la ventana para poder alcanzar correctamente , abrió el seguro una vez más y tiró de ella con todas sus fuerzas hacia arriba
—¡Mierda!
Agarró la silla y no lo pensó realmente, golpeó el cristal con fuerza: el primer golpe lo agrietó, el segundo terminó de romperlo. El sonido de los vidrios cayendo sobre el suelo hizo que Alessia retrocediera de inmediato, cubriéndose el rostro con los brazos. Algunos pedazos pequeños cayeron sobre la alfombra y otros salieron disparados hacia afuera.
El aire helado entró violentamente en la habitación, Alessia respiró con dificultad
"¡Lo hice hecho, he roto la ventana!", durante un segundo sintió alivio, pateo los trozos de cristal del suelo y acomodo la silla de vuelta mientras con su teléfono golpeaba los restos de cristal en el marco para no lastimarse, la joven asomó la cabeza con cuidado y miró hacia abajo: El alivio desapareció al recordar que etaba en un tercer piso.
Debajo de la ventana se extendía una pendiente cubierta de nieve y mucho más abajo podía distinguir algunas rocas oscuras sobresaliendo entre el blanco. El hotel estaba construido sobre una zona inclinada de la montaña y no había ninguna escalera de emergencia, balcón ni estructura cercana que pudiera utilizar para bajar, Alessia retrocedió lentamente notablemente decepcionada pero más tranquila por el frío que se colaba en la habitación.
Masajeó su cien y se imaginó saltando, sucuerpo golpeando la nieve, la pendiente arrastrándola.
Una roca: El cuello. La cabeza.
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Editado: 06.10.2026