La habitación 23

CAPÍTULO 15: INTERROGATORIO

Abrí las cortinas del Hotel Bologna.

Y el sol se iluminaba sobre los tejados y, sobre la mesa, descansaba el telegrama que había recibido la semana anterior.

«Profesor Majorana. Conferencia especial. Auditorio Real San Carlo. Entradas agotadas. Honorarios:
80.000 liras».

Volví a leerlo.

Ochenta mil liras.

La cifra era considerable, pero no era aquello lo que me había quitado el sueño.

Diez mil personas habían comprado una entrada para escucharme hablar de física.

Diez mil.

Por primera vez, una idea que durante años había existido únicamente en mis cuadernos iba a abandonar el silencio de mi escritorio para enfrentarse a diez mil inteligencias distintas.

Aquello me emocionaba.

Escogí un traje de lana verde oliva, de corte impecable, acompañado de una camisa marfil y una corbata color vino que contrastaba con elegancia. Elena había venido a visitarme para acompañarme al evento. Me ayudó a acomodar la corbata y después me dio un beso en los labios.

-Todo va a salir bien, amor. Te noto un poco nervioso.

No tengo miedo. Eso jamás, cariño.

Entonces me abrazó.

-Estoy feliz por tu éxito. Solo espero que no te vuelvas petulante con el tiempo y luego ya no desees verme.

Eso jamás. Tú, mi bella dama, eres mi amuleto de la suerte.

-¿En serio? Entonces te comento que tu amuleto es un poquito celoso. Tengo afiladas mis uñas por si acaso.

Solo espero que no debas utilizar con alguien esa arma letal.

Guardé mis notas dentro del maletín. Antes de salir, comprobé tres veces que no me faltara ningún documento.

Al llegar al auditorio, Elena se dirigió a su asiento de la mitad. Su vestido amarillo resaltaba entre la multitud. Parecía un sol radiante.

Me quedé unos segundos detrás del telón observando el interior.

La sala estaba abarrotada.
Estudiantes, profesores, periodistas y hombres de distintas profesiones ocupaban las diez mil localidades. El murmullo de las conversaciones llenaba el auditorio como una corriente constante.

Sentí una extraña mezcla de entusiasmo y responsabilidad.

La física siempre había sido una conversación entre mis pensamientos y el papel.

Aquella mañana tendría que convertirla en una conversación con diez mil personas.

Un asistente se acercó.

-Profesor, es el momento.
Lo seguí hasta el escenario.

El aplauso fue ensordecedor.
Observé aquella enorme sala.

Miles de rostros.
Miles de expectativas.

Sonreí ligeramente y caminé hasta el atril.

El asistente acomodó el micrófono a la altura de mi boca y se retiró.

Buenos días.

El murmullo desapareció.

Durante mucho tiempo hemos estudiado la materia como si sus propiedades estuvieran determinadas únicamente por aquello que podemos observar directamente. Sin embargo, cuanto más profundizamos en su estructura, más evidente resulta que la naturaleza posee comportamientos que no pueden explicarse mediante nuestra intuición cotidiana.

Mi investigación parte de una pregunta sencilla: ¿puede un sistema físico contener información sobre un estado que todavía no hemos observado, pero que ya está determinado por las condiciones que lo precedieron?

Algunas personas comenzaron a escribir.

Propongo considerar la materia como un sistema cuya evolución no debe describirse únicamente mediante posiciones y velocidades, sino mediante estados posibles y probabilidades asociadas a ellos.

Hice una pausa.

Cuando observamos un fenómeno microscópico, no necesariamente estamos descubriendo una propiedad que permanecía escondida. En determinados casos, nuestra observación forma parte del proceso que determina qué resultado termina manifestándose.

Un profesor levantó la cabeza.

Esto significa que la realidad microscópica no puede comprenderse completamente utilizando las mismas categorías que empleamos para describir una piedra, un reloj o una bala.

El silencio se hizo más profundo.

Mi propuesta consiste en estudiar esa transición entre posibilidad y resultado como un fenómeno físico en sí mismo. No pretendo afirmar que el observador cree la realidad.

Sería una conclusión demasiado apresurada. Lo que sostengo es algo más preciso: la interacción entre un sistema y el instrumento utilizado para conocerlo puede modificar las condiciones bajo las cuales ese sistema puede ser descrito.

Las plumas continuaban moviéndose sobre los cuadernos.

Si conseguimos comprender matemáticamente esa transición, podríamos obtener una descripción mucho más profunda de determinados procesos atómicos. No estaríamos solamente calculando dónde puede encontrarse una partícula. Estaríamos estudiando cómo las posibilidades físicas se transforman en acontecimientos observables.

Y creo que ese principio puede convertirse en una herramienta fundamental para comprender la materia.

El aplauso comenzó tímidamente y terminó extendiéndose por todo el auditorio.

Después de continuar con la exposición, el maestro de ceremonias anunció la ronda de preguntas.

Por tratarse de un auditorio tan grande, no existía ninguna posibilidad de entregar un micrófono a cada persona que quisiera intervenir. Los organizadores habían dispuesto entradas con precios especiales para hacer preguntas.

Varios asistentes entre las primeras filas. Ellos llevaban pequeños micrófonos conectados al sistema de sonido y los entregaban únicamente a la fila de preguntas.

Las intervenciones se limitaron a las primeras filas y a algunos profesores situados en sectores previamente designados.

La primera pregunta llegó de un estudiante.

-Profesor, ¿su propuesta significa que el comportamiento de una partícula puede considerarse indeterminado antes de una medición?

Significa que debemos ser cuidadosos con la palabra «indeterminado». Una descripción probabilística no implica necesariamente ausencia de leyes.




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