La habitación 23

CAPÍTULO 22: EL DIARIO DE PAPÁ

Nos topamos por la tarde, mis amigas y yo, en el centro comercial Alto Palermo. Ellas iban acompañadas de sus novios, obviamente. Después de pedir pizza, nos pusimos a discutir el tema de Franco Giménez.

Santiago dijo no saber nada. Afirmó que Franco no confiaba mucho en él como para contarle asuntos tan personales. Clara apoyó la cabeza en su hombro, como para confirmar que le creía a su hombre. Sin embargo, Matías parecía más callado de lo habitual y no se atrevía a decir una sola palabra.

Luciana expresó que todavía le dolía el trasero por la caída, cuando uno de los asesinos pateó la puerta. Afirmó tener mucha suerte de no haberse roto ningún hueso.

Tomás dijo que todavía no se quitaba el trauma e incluso afirmó que en su trabajo lo habían reprendido por no entregar los informes a tiempo.

-¡Uy, mi amor! -dijo Julieta-. A mí me pasó lo mismo. Yo nunca estuve tan cerca de la muerte. Creo que todos estuvimos distraídos en el trabajo hoy, menos Isabella, ya que es la jefa.

Julieta acarició la barba de Tomás. Él la abrazó por los hombros y juntaron sus cabezas.

Era entendible, de cierto modo. El miedo que todos sentíamos seguía intacto. Yo también estaba más que traumada. Lo que vivimos fue algo espantoso. La adrenalina del momento tuvo que haber superado el trescientos por ciento en nuestros cuerpos.

Minutos después, Matías dijo saber algo.

Luciana lo miró.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno... carraspeó Matías antes de decidirse a hablar.

-A Franco siempre le costaba mantener un trabajo estable.

-Eso es verdad -dijo Santiago-. No duraba ni tres meses en un trabajo. Siempre encontraba imperfecciones en el laburo que lo obligaban a abandonar su puesto. Quería el trabajo perfecto, y ese cómodo lugar no existe.

Matías continuó:

-El bono del plan de inserción laboral del Gobierno nunca le alcanzó para nada, pero al menos lo mantenía medio estable. Cuando Javier Milei cortó el bono, la cosa se puso muy cuesta abajo para él.

-Siempre fue mantenido por su madre -interrumpió Santiago-. Y cada vez que se enojaba con él, le decía que consiguiera un trabajo estable, que buscara novia y que se fuera de la casa.

-Es verdad -dijo Matías-. Hace como dos meses, me dijo que ya no soportaba estar sin un peso. Y por eso decidió seguir los malos pasos. Se puso a transar merca.

Mis ojos se ensancharon y nos miramos los unos a los otros.

-Luciana, de pronto, estalló.

Un mechón de cabello azul le cayó sobre la ceja izquierda. Intentó arrancarlo, pero al sentir el tirón y el dolor, desistió y lo apartó con la mano. Le gustaba cambiar con frecuencia el color de su cabello: pasaba del verde al rojo, del rojo al azul, del azul al amarillo, al naranja y a cualquier otro color que se le ocurriera.

Lo insultó de arriba abajo, utilizando las palabras más indecorosas que existen en el mundo.

La discusión fue tan fuerte que le dio una cachetada a su novio. Matías se llevó la mano a la mejilla al sentir el ardor.

Todas las personas del comedor del centro comercial estaban contemplando semejante espectáculo.

Unos sacaron fotos; otros se reían del suceso como si se tratara de un show.

-Lo siento, cariño -dijo Matías.

-No me digas cariño, estúpido. Imbécil. Subnormal.

Y así continuó la discusión, hasta que Luciana le dijo:

-Lárgate y no vuelvas a buscarme nunca más en tu vida. Olvídate de que existo.

Pero la discusión continuó, dando la impresión de que nunca se detendría.

-Yo te amo -dijo Matías-. No me hagas esto.

Luciana continuaba diciéndole lo estúpido que había sido. Matías se arrodilló para pedirle perdón, pero Luciana lo empujó y la situación siguió empeorando cada vez más.

Matías volvió a arrodillarse ante ella y le dijo que era el amor de su vida. Le pidió perdón con lágrimas en los ojos, pero Luciana le dejó claro que ya no quería nada con él.

Los demás moríamos de vergüenza.
Después de aquel vergonzoso suceso, cada uno se fue a su hogar.

Juré, al igual que Luciana, que Matías ya no formaría parte de nuestro círculo de amistad. Ese tipo de traición no se perdona. Pudimos morir por su culpa.

No nos advirtió que corríamos peligro por ser amigos de Franco Giménez. Además, tuvimos suerte de que esos tipos solo lo mataran a él y no nos mataran a todos por el simple hecho de ser sus amigos.

Llegué enojada al hotel y, después de darme una ducha, encendí la televisión para distraerme. No me gustaba ver televisión, pero quería comprobar si conseguía quitarme el coraje. No funcionó.

Me puse a ver videos de TikTok, pero tampoco funcionó.

No supe qué hacer. Los pensamientos me taladraban la mente. Entonces pensé que lo mejor sería leer el diario de papá. Lo más seguro era que tampoco pudiera concentrarme, ya que no me encontraba en buenas condiciones para hacerlo. Quizás la lectura conseguiría desviar mis pensamientos hacia otra parte.

Me sentí estresada. Me recosté en la cama y cerré los ojos para descansar las vistas. Percibí que se me iban a salir las órbitas del coraje. Cuando estuve un poco más aliviada, decidí que lo mejor sería relajarme un poco para leer el diario de papá.

Entonces fui a buscarlo. Estaba colocado en la esquina de la tercera estantería de mi librero.

Tengo libros de romance, dark romance y novela negra, pero el romance es mi género favorito. También conservo algunos libros de terror clásico, como Drácula. Me gustan los clásicos: Orgullo y prejuicio, de Jane Austen; Cumbres borrascosas, entre otros. También leo fantasía y ciencia ficción.

Y, hablando con la verdad, nunca he leído a Stephen King. Sé que creó al famoso payaso Pennywise. He visto videos en TikTok, pero, por algún extraño motivo, nunca me han dado ganas de leerlo.

Como lo mío es el romance, seguramente voy a leer un romance de la vida real de mis padres. Será divertido.

A él, en cambio, le fascinaban los libros de terror psicológico y crímenes. La biblioteca que tenía en la casa de campo la vacié, y sus libros de terror y misterio, que no eran más de treinta, siguen guardados en cajas.
Después de todo, estaba pensando ponerlos en mi biblioteca. No están en mal estado y pueden adornarla, aunque nunca vaya a leerlos.




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