Lo primero que vi al despertar fue un tubo largo metido en mi boca.
Durante unos segundos no entendí dónde estaba. No sabía si aquello era un sueño, una pesadilla o una de esas realidades confusas que aparecen cuando la conciencia regresa después de haber permanecido demasiado tiempo lejos del mundo.
Intenté moverme, pero no pude. Una migraña me explotó en la cabeza como dinamita. Arrugué el rostro ante aquella punzada insoportable. Intenté respirar por la boca y el tubo que tenía dentro me produjo una sensación todavía más angustiosa.
Entonces entré en pánico.
Quise arrancármelo, pero unas manos me sujetaron.
-Tranquilo, profesor Majorana. No se desespere. Estuvo cinco días dormido. Es un buen dormilón.
Aquella voz hizo que algo dentro de mí se detuviera.
La mujer tomó mis lentes y me los colocó con firmeza sobre el rostro.
-Aquí están sus lentes para que pueda ver mejor.
Cabello rojizo. Ojos azules. Era ella.
La misma mujer que había estado conmigo después de mi primer secuestro.
Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Entonces comenzó a hablarme en voz baja.
-Su maletín lo guardé en su armario para que nadie lo viera. Nadie puede saber lo que hay dentro. Si alguien hurga en él, tendré que asesinar a ese curioso.
La miré sin poder responder.
-No me importa si es su madre, su padre, sus hermanos o su novia. Los mataré a todos sin importar nada.
Sacó de una pequeña maleta una pistola.
La contemplé con horror.
-Está advertido. Me puso el arma en la frente.
-Usted también tiene los días contados.
Guardó nuevamente la pistola en su bolso y, con una naturalidad perturbadora, continuó hablando como si nada hubiera sucedido.
-Solo usted puede ver lo que hay dentro. Tampoco su novia. Aunque ya tiene información de lo que le contó, tampoco puede analizar la información del maletín. Si llego a enterarme de que ella miró los documentos, esta vez sí será en serio que morirá. Una bala atravesará su cabeza.
Sentí que el miedo me inmovilizaba más que cualquier enfermedad.
-El maletín tiene un micrófono. Le recomiendo que no lo saque. Si lo saca, lo torturaremos de nuevo, y esta vez será mucho peor que antes.
Hizo una pausa.
-¿Entendió, profesor Majorana?
Asentí para confirmarle que había entendido.
-Solo quiero que le quede claro que ese maletín lo tiene que cuidar como su vida, como si fuera un vaso frágil. La documentación que hay allí es más delicada que un vaso.
Su tono continuaba siendo sereno.
Eso era precisamente lo más aterrador.
-Y no se vuelva a hacer torturar. Eso le va a quitar tiempo para trabajar y usted sabe que tiene un plazo que cumplir.
Respiré con dificultad.
-Comienza y Termina están ansiosos por asesinarlo, ya que no tienen ningún avance de su parte. Usted no ha hecho nada por nosotros. No ha sacado ningún análisis.
Sus ojos permanecieron clavados en los míos.
-Si no puede descubrir la forma de hacer nuestra arma, va a ser asesinado. Queda advertido.
-Yo me aseguraré de que unas flores muy bonitas adornen su caja. Se lo puedo jurar.
-¿Qué flores le gustaría que adornen su caja?
Hizo una pequeña pausa.
-Le doy opciones.
-Flores murciélago, dalias, girasoles, petunias, hortensias. Usted elija las flores de su predilección y yo se las haré colocar dentro.
La miré horrorizado.
-Ahora, si también prefiere ser cremado, le comento que es una buena opción. Lo malo es que ahí no le llegarán flores. Solo un fuego fulminante derretirá sus huesos y quedará hecho polvo. Usted elija su muerte. Está en su derecho de hacerlo.
Sentí que el corazón me golpeaba con violencia.
-Ahora dígame, profesor Majorana. ¿Cómo prefiere su muerte?
No respondí.
-¿Desea que se lo arroje desde su ventana?
-¿O desea morir asfixiado mientras duerme?
-¿O quizás desea que se le paralice el corazón y que todos digan que sufrió un infarto?
Le doy esas tres opciones y se inclinó ligeramente hacia mí.
-Yo le sugiero la asfixia. No sentirá nada. Será una muerte rápida. Ahora, si gusta de la adrenalina, puede coger la opción de la ventana y también puede ser emocionante creer por un instante que le pueden salir alas mientras cae. Así podrá volar como las aves por un momento.
Aquello era una locura.
-Aunque no lo crea, hubo personas que eligieron ser lanzadas por la ventana y nosotros respetamos la última decisión del que en vida fue.
-Le recomiendo que dé un informe para que Comienza y Termina no se impacienten más de lo que están.
Ellos dicen que usted no va a ayudarlos.
Hizo una pausa y continuó:
-Pero yo salvé su pellejo. Les dije a mis amigos que usted sí lo va a hacer, que tengan paciencia.
-Además, usted no ha pasado por buenos momentos, y quizá eso le ha disminuido las ganas de arreglar las fallas del Proyecto Apocalipsis.
La quedé mirando y sentí escalofríos.
No le dije nada. Mi cuerpo de pronto empezó a temblar.
No supe qué les había dicho a mi familia para que cada vez que recibiera una tortura y fuera secuestrado, ella estuviera presente sin que nadie la cuestionara. No entendía qué decía aquella mujer para conseguir que mi familia no le dijera ni una sola palabra.
-Dígame si va a entregar un avance. Mueva la cabeza y me confirmará que ha entendido todo lo que le he dicho.
Moví la cabeza de arriba abajo en dos ocasiones.
-Bien. Eso me gusta. Esperamos su noticia. De repente se acercó un poco más.
-En dos días. Antes de las once de la mañana haga un escrito dentro de un sobre y déjelo en recepción. Ponga en la portada del sobre: «De Ettore para Vincenzo».
Hizo una pequeña pausa.
-Mi amigo Vincenzo va a retirar su informe para descubrir su avance.
¿Entendió lo que le dije?
Nuevamente moví la cabeza.
-Bien. Me parece que quedó todo claro.
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Editado: 26.09.2026