La habitación que falta

Extracción de entropía

De pronto, un zumbido ensordecedor hizo temblar los ventanales de la mansión. Las luces blancas parpadearon y se volvieron de un rojo furioso.

*ALERTA. EXTRACCIÓN ILEGAL DE CREDENCIALES ALFA DETECTADA. INICIANDO PURGA DE ENTROPÍA Y SELLADO DE EMERGENCIA.*

Planchas gruesas de titanio cayeron como guillotinas sobre todas las ventanas. Un siseo monstruoso llenó el aire mientras el oxígeno y el calor eran succionados por los conductos. La máquina no buscaba combatir la anomalía; aplicaba la lógica de su propio sistema: multiplicar cada variable por cero para anular el ruido. En las ecuaciones del Continuum, cualquier presencia humana multiplicada por cero daba el mismo resultado: nada.

Los oídos de Américo pitaron por la caída brutal de presión.

—¡No van a mandar drones, nos van a asfixiar! —gritó Camila, llevándose las manos a la garganta mientras el frío absoluto invadía la habitación.

—¡La ventana! —rugió Camila, corriendo hacia el gran ventanal antes de que la plancha de titanio terminara de bajar—. ¡Hay que romperla!

Américo tomó la pesada lámpara de bronce de la mesa auxiliar —el objeto más denso de la habitación— y la estampó con furia contra el cristal inteligente, inyectando todo su peso en la grieta.

El cristal estalló bajo la presión desigual.

Afuera estaba oscuro. Había un agujero, y detrás del agujero no se veía dónde terminaba la caída. Se tomaron de las manos y se lanzaron igual por la fisura, rodando sobre el césped sintético del jardín justo cuando la guillotina de titanio se cerraba de golpe a sus espaldas, sellando la tumba de cristal.

Américo tosió con violencia, llenando sus pulmones golpeados por la caída y el aire helado de la noche, aferrando la tarjeta Alfa manchada con su propia sangre. A su lado, Camila respiraba con dificultad, mirando la estela de escarcha que la mansión expulsaba hacia el cielo.

—Creen que el cero es la muerte —murmuró ella, con los labios temblorosos pero la mirada encendida—. Reseteo. Eliminación de errores. Cada intento de matarnos es el principio de algo más grande.

Américo la miró, sintiendo el suelo helado bajo sus palmas.

—¡No es la nada! —respondió con una excitación impropia de él—. En matemáticas el cero no es la ausencia de espacio. Es el origen: el punto de partida del plano cartesiano. Cero coma cero. El eje firme sobre el que todo lo demás se sostiene. Para que exista el uno, primero hay que pisar el cero.

Se quedó con la boca entreabierta, oyendo lo que acababa de decir.

—A eso se refería mi madre cuando decía que el cero es la palanca anclada que permite mover el universo.

Alzó los ojos hacia la silueta distante de la Torre del Consejo. La cacería por respuestas había terminado; la reconstrucción desde el punto cero acababa de empezar.




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