La habitación que falta

CAPÍTULO 7: La estación de la intemperie

«El calor de la memoria es lo único que puede fundir la arquitectura del silencio.»

La cápsula neumática

Las luces térmicas de los drones de Continuum barrieron el césped inmaculado de la mansión. Américo y Camila corrieron agachados bajo la lluvia de hojas sintéticas trituradas por las hélices, buscando cobertura mientras las alarmas de despresurización de la casa aullaban a sus espaldas.

—¡Por aquí! —susurró Américo, tirando de la mano de Camila, sintiendo el sudor frío de ella contra su palma.

En el borde del jardín se abría la estación de la cápsula neumática privada de Alejandro: un tubo de transporte rápido hacia la Torre del Consejo.

Américo pasó la tarjeta Alfa robada por el sensor. El panel verde parpadeó. Cuando las compuertas se abrieron, una ráfaga de los drones terrestres destrozó el suelo a sus espaldas. Se lanzaron adentro y las puertas de metal se sellaron de golpe.

La cabina fue succionada por el tubo de vacío y los disparó hacia arriba. La presión los aplastó contra la pared. Américo sujetó a Camila del brazo para que no se golpeara mientras el transporte subía a toda velocidad, hasta frenar con un golpe seco de válvulas hidráulicas.




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