La Hacedora del Sol

Capitulo II: El Sabor del Fracaso

El día que llevaba esperando por quince años se había arruinado con unas pocas palabras, el día en que finalmente comenzaría su camino hacia el trono, se derrumbó ante sus ojos, antes siquiera de haber empezado. Delante de ella se encontraba mirando fijamente el vestido de compromiso que significaba su derrota, el día no debió de haber terminado así: ella debió de haber triunfado ante todas esas nobles que ambicionaban su lugar, debió de haber sido el centro de atención ese día, todos la llenarían de halagos, sería el día en que hubiera asegurado su posición de princesa heredera. Lo había imaginado tantas veces que hasta podía saborearlo, nunca hubiera podido imaginar que terminaría de manera tan cruel. Ahora esa posición por la que tanto se había esforzado pendía de un hilo, ¿En qué momento las cosas se tergiversaron de esa manera tan horrible para ella? ¿En qué momento Aryanne falló? Ella no cometía errores.

Había planeado este día tan importante durante meses con antelación, asistido al templo de Heria para asegurarse de tener la bendición de la diosa, junto con su madre se había asegurado de que la recepción que se celebraría posterior a la ceremonia fuera perfecta; pidiendo distintas comidas para cada invitado, seleccionado los mejores vinos de diferentes regiones, trayendo la mejor orquesta de la capital para ser deleitados con su música. Tantos meses de preparación para que ningún detalle fuera descuidado, así que no entendía, ¿Por qué nada salió como lo tenía planeado? Miro su mano izquierda en su dedo anular donde debería de estar su anillo de compromiso sellando su victoria, ahora no se encontraba nada, solamente su fracaso.

Aryanne respiro profundamente, le habían enseñado las sacerdotisas de Aelira a mantener sus emociones en control, pocas eran las cosas que podía perturbarla, quitarle la calma fría que siempre poseía. Pero en aquel momento, simplemente no podía mantenerse calmada, habían arruinado su gran día y no solo eso, ahora toda la corte pondría en duda su posición como la futura emperatriz. El maldito nudo se había desnudado enfrente de varios nobles, Aryanne apartó furiosa la mirada de su vestido de compromiso que se encontraba colgado en su espejo, y se dirigió hacia su cama donde tomo una almohada y ahogo un grito lleno de furia, intentando mantener su autocontrol. Al quitar su rostro golpeo la almohada con sus puños una y otra vez, deshaciéndose de la frustración que se apoderaba de su cuerpo. Solo cuando recupero un poco la calma, dejo de golpear su almohada y regreso la mirada hacia su vestido. Belle había insistido en que debían de guardarlo, pero ella se negó, quería ver su propia vergüenza al despertar, recordarse en lo que había fallado.

Pero ¿Cómo podría intuir que la Noble Consorte sería envenenada en su ceremonia de compromiso? Había cosas naturales que se escapaban del control de Aryanne, ese era uno de los casos, pero ¿Y si realmente no había sido una casualidad? Por la expresión molesta de la emperatriz antes de marcharse podía intuir lo que significaba esa situación, pero no se atrevía ni siquiera a pensarlo, mucho menos a expresarlo en voz alta. Ante el resto de la nobleza vería como mal augurio que justo el día en que se comprometerían, envenenan a la Noble Consorte, aunque fueran dos cosas aisladas, aprovecharían la oportunidad para hundirla, más cuando el nudo se desato y lo que conlleva su significado. Mientras tuviera sus ojos color rosas, su posición no se vería amenazada, nadie podía quitarle el hecho que Aelira la había escogido, pero eso no significaba que los demás nobles no le pondrían las cosas difíciles.

Realmente las cosas no estaban pasando como Aryanne había planeado, por eso siempre se debía de revisar las veces necesarias y tener planes de contingencia, por si algo pudiera salir mal. Ella había hecho todo correcto, ¿Qué pudo haber fallado? Sin notarlo había enredado su dedo índice sobre uno de sus rizos, una manía que había desarrollado cuando comenzaba a sentirse estresada. Era inevitable estarlo ante su situación actual: todo era un desastre, ahora debía de pensar en cómo solucionarlo. No podrían llevar a cabo otra ceremonia de compromiso, no cuando la que le arruinaron tardo tanto tiempo en prepararla, no se rebajaría hacer algo indecente, solo para asegurar su posición. Tampoco era una opción, Byron en tres meses cumpliría años, se llevaría a cabo su ceremonia de mayoría de edad. Por lo que era imposible volver a realizar una ceremonia, al menos que fuera más simple y menos pretenciosa, algo que ella nunca haría.

Se levantó furiosa de su cama, mirando con resentimiento su vestido, debió de haber sido el día más feliz de su vida. Ella no cometía errores, fue criada para ser perfecta, manteniendo todo en su control. Todo lo que Aryanne se proponía lo conseguía, siempre resultaba exitosa, nunca saboreo el fracaso porque nunca lo había experimentado, pero ahora era diferente. El sabor que sentía en su boca era amargo, ella no era una mediocre, ella no era una perdedora. Aryanne ahogo un grito llena de frustración, al mismo tiempo en que aventaba su vestido de compromiso al piso y lo pisoteaba con furia, si con eso, pudiera también destruir su propia vergüenza al haber fallado.

Volvió a respirar profundamente intentando calmarse, frustrarse ahora no arreglaría sus problemas, debía de superarlo y seguir adelante. En ese momento observó que la puerta se abrió lentamente, y Belle apareció al otro lado con una expresión serena. Llevaba su cabello rosa claro recogido en una coleta alta, dejando al descubierto su rostro ovalado. Su piel, tan clara como la porcelana, enmarcaba unas facciones suaves y casi angelicales; una nariz pequeña y fina, y unos grandes ojos redondos de un azul celeste.

—¿Estas bien? —preguntó preocupada.




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