Los pasos se detuvieron.
Yo me quedé quieta como una estatua. Me había pegado a la pared del fondo, con la cama de madera entre la puerta y yo, como si un mueble viejo de dos metros fuera a protegerme de algo. La cicatriz me iba a mil, no me dolía exactamente, pero soltaba un calor que subía por momentos. Y esperé.
La puerta se abrió.
No fue un golpe seco, sino con la misma suavidad con la que se había cerrado. Daba la impresión de que las puertas de Noctis abrían y cerraban cuando les venía en gana. En el umbral, recortado contra la poca luz del pasillo, apareció la silueta de Eryx.
Respiré.
Me salió del alma, un suspiro de alivio que odié en cuanto lo solté. No era el momento de alegrarme de ver a Eryx, y los dos lo sabíamos de sobra.
—¿Cómo has entrado? —pregunté. Me sorprendió que la voz no me temblara.
—Igual que tú —entró despacio, barriendo el cuarto con la mirada. No parecía sorprendido; tenía más bien la cara del que vuelve a un sitio que creía que no pisaría nunca más—. La llave funcionó contigo antes de bloquearse. Tenía que darte tiempo.
—¿Darme tiempo? —el tono me salió más cortante de lo que esperaba—. La puerta se ha cerrado sola y la llave se ha esfumado de mi bolsillo. Eso no es dar tiempo, Eryx, eso es encerrar a alguien.
—Es la magia de esta habitación. Sabe quién entra y cuánto puede aguantar lo que hay dentro antes de agobiarse —hizo una pausa—. Esto no lo diseñé yo.
—¿Quién entonces?
Él desvió la mirada hacia la colcha, justo donde me había dejado el dibujo con mi nombre.
—Tu madre —dijo.
Me despegué de la pared y caminé hacia el centro de la habitación. Necesitaba moverme, aunque apenas hubiera espacio.
—Sal —le pedí.
—Noa...
—Que salgas. Necesito un momento a solas.
Dudó. Se le notó porque se quedó clavado un segundo entero, rompiendo por una vez esa pose suya de bloque de piedra inamovible. Luego asintió levemente y se dio la vuelta. Dejó la puerta entreabierta.
Me senté en el suelo, en mitad del cuarto. Y estuve un minuto entero limitándome a respirar.
Fue al volver al armario para revisar los papeles quemados cuando lo vi.
Justo debajo del montón de cartas chamuscadas, escondido bajo la ropa de niña bien doblada, había un sobre. Blanco, limpio de humo, con las esquinas un poco arqueadas por la humedad de los años, pero entero. No llevaba nombre por fuera, solo un símbolo pintado con tinta: el mismo de la llave y de mi cicatriz.
Lo abrí con un cuidado extremo, casi sin respirar. Dentro había dos páginas dobladas en tres, escritas por las dos caras. La letra era pequeña, muy recta. Y me resultó extrañamente familiar, aunque no tuviera un recuerdo real de ella.
Me quedé un rato con el sobre en las manos, sin atreverme a leer. El papel olía exactamente a ese perfume que había notado al entrar, ese olor que estaba metido en lo más profundo de mi cabeza. Caí en la cuenta de que eso era lo que la habitación llevaba veinte años custodiando. La magia del armario había protegido este papel de las llamas mientras todo lo demás se reducía a cenizas. Esto era lo que mi madre quería que encontrara.
Desdoblé las páginas.
Si estás leyendo esto, es que has llegado a Noctis.
Y si has llegado a Noctis, significa que el sello que te planté en la piel el día que naciste ha funcionado. También significa que yo ya no estoy ahí para decírtelo a la cara.
Lo primero: no sé quién eres ahora mismo. No sé qué nombre te han puesto, cómo has crecido ni qué sabes de ti misma. Espero que quien te haya criado haya sido buena gente. Espero haber elegido bien. Tengo demasiadas dudas y ninguna certeza.
Lo segundo, y esto es lo más importante de todo, lo que tienes que grabarte a fuego antes de seguir:
Tú no eres un accidente.
Tu nacimiento se planeó durante décadas. Y no por tu padre o por mí, sino por gente que llevaba generaciones esperando que existieras. Eres la última de un linaje puro de sangre fundadora, la única que hereda los cuatro elementos de la magia original en lugar de uno solo. Eso te convierte en la persona con más potencial mágico en tres siglos. Y también en la que tiene más motivos para salir corriendo.
Existe una orden. Llevan una eternidad buscando a alguien como tú. Y no pretenden protegerte, sino usar de batería tu poder. Quieren canalizarlo de una forma que a ti te destrozaría, pero que a ellos les daría el control absoluto de la magia de todo el continente.
Por eso te escondí. Por eso te tapé el poder con la marca de la clavícula, para que no pudieran rastrearte. Por eso te saqué de Noctis a los cuatro años y te dejé con Eloise, que es la mujer más valiente del mundo y ha cargado con esto mucho más tiempo del que le tocaba.
Hay cosas que no te puedo contar en una carta. Cosas que solo entenderás cuando controles tu magia y puedas leer las marcas que te he dejado. Pero hay algo que sí tienes que saber ya mismo, antes de que te fíes de cualquiera:
Editado: 19.07.2026