La Heredera de las Cenizas

Capítulo 15: Alguien quiere verme muerta

La primera nota anónima apareció el martes.

La encontré por la mañana, pasadas las seis, metida por debajo de la puerta de mi cuarto. Venía doblada en cuatro, sin sobre ni nada, con una sola frase escrita con una caligrafía que no me sonaba de nada:

Las que regresan no duran.

Terminó en el mismo cajón donde ya guardaba la foto del sótano, la llave de metal y los restos de lo que, hasta la semana pasada, yo consideraba una vida normal. El cajón se estaba convirtiendo en el vertedero oficial de todas las cosas con las que no sabía qué coño hacer pero que tampoco me atrevía a tirar.

A Eryx no le dije ni una palabra.

Fue una tremenda metedura de pata, aunque de eso me enteré más tarde.

La segunda nota llegó el miércoles. Esta vez se habían tomado la molestia de meterla entre las páginas del libro de texto de Historia de los Linajes que me había dejado en la mesa antes de bajar a desayunar. O sea, que alguien había entrado en mi habitación, se había puesto a hojear mis apuntes y me había dejado el recado en un tema bastante concreto, doblado exactamente de la misma forma.

Esta vez decía: El fuego no discrimina.

Me quedé clavada en el umbral, con la llave todavía en la mano y mirándola fijamente. En ese momento tuve la certeza absoluta de que las reglas del juego habían cambiado, aunque todavía no alcanzaba a ver cómo de jodida estaba la situación.

Aun así, me fui a clase.

Y no porque me diera igual, sino porque quedarme allí metida esperando a que colaran el tercer papelito era ponérselo demasiado fácil al que estuviera jugando conmigo.

La paranoia, cuando te pilla de verdad, no tiene nada que ver con lo que te imaginas. No es que te dé un ataque de pánico ni que te quedes bloqueada. Es algo mucho más sutil: es la manía de sentarte en el comedor buscando una esquina para tener las espaldas cubiertas, es llevar el oído izquierdo alerta porque los pasos siempre vienen de ese lado del pasillo, o esa tensión permanente en el cuello que no se te quita aunque estés sola.

Esa semana en Noctis nadie me aguantaba la mirada.

Y, curiosamente, eso era lo que más me escamaba.

Para colmo, Eryx empezó a pegarse a mí en proporción directa a lo mucho que yo necesitaba distancia. Tampoco es que hiciera nada cantoso que yo pudiera echarle en cara: aparecía en el desayuno justo a mí misma hora por pura "casualidad", hacíamos el mismo camino entre aula y aula por "coincidencia" o se apalancaba en la otra punta de la biblioteca con ángulo directo hacia mi mesa. Sin acercarse, sin decir nada.

Simplemente estaba.

El miércoles por la tarde me harté y lo paré en seco en el pasillo del ala norte.

—Sé perfectamente lo que haces —le solté.

—¿El qué?

—Llevarme escoltada sin tener las narices de decírmelo.

—Solo voy a los mismos sitios que tú, Noa.

—Eryx.

—Noa.

El pasillo estaba desierto, bañado por esa luz ámbar mortecina de siempre. Él se apoyó en la pared con esa postura que yo ya me sabía de memoria, pero esta vez se le notaba algo diferente bajo esa fachada de tranquilidad. Estaba más rígido, como si caminara por el borde de un tejado.

—¿Hay algo que deba saber y te estés guardando? —le pregunté.

Dudó un segundo.

—Me guardo cosas continuamente. Eso no es ninguna novedad.

—Me refiero a si hay algún peligro ahora mismo.

Ahí el silencio se alargó más de la cuenta.

—¿Y tú? ¿Te estás guardando algo que yo deba saber? —me la devolvió.

Me vinieron a la cabeza las dos notas del cajón. La letra extraña. Alguien colándose en mi cuarto mientras yo me tomaba el café.

—No —mentí.

Nos sostuvimos la mirada un momento.

—Ya —dijo él. Su tono dejó claro que sabía que los dos estábamos echando balones fuera, pero prefirió dejarlo pasar por el momento.

El susto de verdad me lo di el jueves a las ocho menos cuarto de la tarde, en el corredor que conecta el ala sur con el jardín interior.

Iba sola porque a Eryx le había salido una reunión urgente con Varek. Yo había aprovechado esos veinte minutos de tregua para respirar un poco sin sentir su respiración en la nuca. Visto con perspectiva, fue la típica decisión que te parece una idea estupenda hasta que deja de serlo.

El pasillo estaba completamente desierto.

Hasta que dejó de estarlo.

No lo vi venir, y eso fue lo primero que asumí cuando pude pensar con claridad: el que fuera sabía exactamente de cuánto tiempo disponía y no desperdició ni un segundo. No fue un asalto físico, nadie se me echó encima desde una esquina. Fue algo mucho más silencioso y mil veces peor. Una silueta encapuchada apareció al fondo del pasillo, levantó las manos y entre ellas se formó algo que no era luz, sino todo lo contrario; una especie de masa oscura y densa con forma de proyectil que salió disparada hacia mí antes de que me diera tiempo a reaccionar.



#1549 en Fantasía
#762 en Thriller
#359 en Misterio

En el texto hay: brujas, academia, darkromace

Editado: 02.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.