Ante la repentina intervención del hombre la chica se quedó en silencio por un segundo, sorprendida por la pregunta, además de que aquel hombre, aunque serio parecía mostrar genuina preocupación por ella y su situación.
Aun cuando ella misma había admitido que era su culpa y que ellos no tenían nada que ver, por lo que realmente agradecida por ello se apresuró a responder.
Pero por alguna razón esa respuesta no dejaba del todo tranquilo a Leonel por lo que se adelantó a decir.
Pero ella en realidad no tenía tiempo para ir a un hospital, además estaba bien, no veía motivos para ir a un hospital y perder tiempo, en ese momento ya debía estar en la empresa donde tenía una entrevista de trabajo, algo realmente vital para ella, así que, aunque la fuerte presencia de aquel hombre era en verdad intimidante, ella hizo uso de todo el valor que podía reunir y se negó.
Además, lo cierto era que ya no podía estar más tiempo bajo la atenta mirada de aquel hombre que lograba reacciones suyas que ni ella misma podía explicar.
Leonel por su parte se había quedado allí de pie observando el lugar por el cual la mujer se había marchado tan rápido que por un segundo se podía pensar que jamás estuvo allí, pero estuvo, claro que sí, es más lo había dejado preguntándose, ¿Qué había sido todo aquello?, y la verdad era que no tenía ninguna respuesta para eso, pero fue Miguel quien lo tuvo que sacar de sus pensamientos, pues aún tenían una agenda que cumplir.
Sin embargo, todo eso quedo guardado en algún lugar de su conciencia listo para ser evaluado más tarde ya que ahora habían llegado a la reunión, la cual salió tal como lo planeo.
Así que una vez terminado el asunto allí regresaron a la oficina donde ahora se encontraba en total tranquilidad leyendo los nuevos documentos que le había suministrado su recién adquirido cliente, esto sería normal, todo dentro de lo planeado si no fuera porque unos bonitos ojos azules habían estado invadiendo su mente sin permiso.
Por alguna extraña razón la imagen de esa chica delgada y temblorosa, de hermosos ojos, azules como el cielo, se había instalado en su mente y el francamente no sabía ¿Cómo?, ni, ¿Por qué?
Pero antes de que pudiera seguir pensando en eso, fue Miguel quien nuevamente lo interrumpió entrando en su despacho llevando en su mano un elegante sobre blanco sellado.
Leonel fijo su mirada en el sobre y su ceño se frunció, ¿de qué podría tratarse? Se pregunto, así que sin más le hizo señas a Miguel para que le entregara el sobre, el cual abrió con toda la ceremonia del caso.
Al hacerlo, se dio cuenta de que la hoja solo tenía una línea escrita pero solo eso era suficiente para saber de qué se trataba.
Su cuerpo apenas se tensó un poco, pero no tuvo mayor reacción, pues él sabía perfectamente que las deudas en la vida siempre debían pagarse.