La Heredera Oculta

Capitulo 4

La noche era oscura, las calles estaban vacías, Leonel acababa de salir de un evento importante en ciudad central, esa noche conducía solo, iba despacio, no tenía ningún afán, llegaría al hotel descansaría y viajaría al día siguiente, ese era su plan.

El problema es que como las cosas normalmente no salen como las planeamos, Leonel no contaba con que al pasar por un sector que estaba un poco más desolado de lo normal un par de vehículos lo interceptarían.

En su trabajo era normal hacer algunos enemigos, solo que no imagino que estos decidieran atacarlo tan directamente.

  • Abogado Ferrara no me diga que es tan valiente es los estrados y no lo es para bajarse y enfrentarme aquí. – Grito el hombre desde su propio vehículo, este era Benito Adal, un rico empresario con muy mala fama que acababa de perder mucho dinero en un proceso contra un cliente defendido por Leonel.

El cual estaba irritado por la situación, había tenido un día agotador y ahora debía resolver esto, por lo que decidido se bajó del vehículo, con lo que no contaba es que antes de que terminara de salir un disparo impacto en su cuerpo. Por suerte solo le dio en el brazo.

Al sentir el fuerte dolor Leonel solo pudo volver a subir, pues seguido del primero, los hombres de Benito soltaron una ráfaga de disparos, por suerte el vehículo era blindado, pero Leonel no sabía cuánto podría aguantar allí, antes de que lograran romper alguno de los vidrios, por lo que él solo puso buscar su arma y esperar mientras intentaba hacer una llamada, estaba claro que su intención era asesinarlo.

  • Maldita sea. – Gruño Leonel enojado mientras se hacía un torniquete en el brazo, sin saber bien que tanto daño pudo ocasionarle ese disparo, pero ese no era el momento para pensar en ello, primero debía salir de ahí.

En cierto punto, alcanzo a pensar en que ya no lograría salir con vida de allí, y aunque la verdad es que no le gustaba la idea de morir así, tampoco sentía que fuera horrible, al final de cuentas tampoco sentía que tuviera mucho por lo que luchar.

Sin embargo, de un momento a otro antes de que el se pudiera comunicar, el ruido de más vehículos acercándose hizo que los disparos se detuvieran y que Benito y sus hombres se tuvieran que retirar, pues no era opción que alguien los encontrara allí.

Leonel espero un poco escuchando como mientras algunos carros se iban, otros llegaban, en ese punto no sabía cómo sentirse, por un lado, en verdad estaba furioso con toda la situación y se prometía que, si salía vivo de allí, Benito pagaría muy caro esa afrenta, pero por otro lado estaba expectante, a esa hora por ese lugar no debería haber nadie, aun así, efectivamente un vehículo se detuvo cerca alimentando más la tensión.

De pronto, sintió como unos pasos se acercaban hacia su auto, por lo que rápidamente preparo su arma para defenderse en caso de ser necesario, pero contrario a lo que esperaba, a los segundos sintió como los pasos se detenían cerca de su ventana y la persona allí le daba unos golpecitos a la misma por lo que él se incorporó lentamente, sin soltar su arma, solo ocultándola para que la otra persona no la viera.

Increíblemente al levantarse y quedar frente a la ventana su sorpresa fue enorme pues se encontró de frente con una mujer, esta era de un hermoso cabello negro, usaba lentes y tapabocas por lo que no se le podía distinguir el rostro, pero allí estaba, tal como las heroínas de los cuentos.

¿Quién es ella y que hace aquí?, se cuestionó Leonel, pero antes de que pudiera hacer la pregunta fue ella quien hablo.

  • Parece que el abogado Ferrara necesita ayuda. – Dijo la mujer que, aunque no podía ver hacia dentro del vehículo porque estaba polarizado, se imaginaba que Leonel no estaba en las mejores condiciones después de ese ataque.

Por su parte el que, si podía verla, al cerciorarse de que no llevaba armas, bajo un poco el vidrio de su ventana.

  • No creo tener el gusto de conocerla señorita. – Comento intentando ocultar lo mejor posible su dolor, algo difícil pues ya se estaba poniendo muy pálido por la pérdida de sangre.
  • Puede que no. – Comento ella con calma, ahora viendo que efectivamente el hombre estaba herido. – Pero también puede que después de esta noche nos convirtamos en buenos amigos. – Señalo sacando su teléfono.

Ante las palabras de la mujer, Leonel se quedó en silencio mirándola, ahora con mucha más cautela e intriga que antes.

  • Tranquilo. – Dijo ella de pronto. – Créame no pretendo lastimarlo más de lo que ya está. – Aseguro. – Por el contrario, vine a ayudarlo. – Añadió.
  • ¿Cómo sé que no hace parte de todo esto? – Cuestiono Leonel con voz tranquila, pero seria.

A lo que la mujer amplió su sonrisa, aunque Leonel no pudiera verla.

  • No me ofenda relacionándome con un hombre tan estúpido como Benito Adal. – Respondió la mujer.
  • ¿No pensaría usted lo mismo si estuviera en mi lugar? – Pregunto ahora.
  • Seguramente. – Admitió ella. – Pero no es el caso. – Dijo y la verdad es que sonó muy convincente para Leonel, esto aun en contra de su buen juicio.
  • ¿Entonces, que hace aquí? y ¿De dónde me conoce? – Interrogo cada vez más confundido.
  • Lo sabrá en su debido momento abogado Ferrara. – Anuncio la mujer. – Por ahora llame a una ambulancia y llegara aquí en unos minutos, cuídese, nos veremos pronto. – Dijo y se marchó tan tranquila como llego.



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En el texto hay: heredera, amor a prueba de todo, ceo arrogante

Editado: 11.08.2026

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