"Dicen que el tiempo lo cura todo, pero quien inventó esa frase nunca vio una puerta cerrarse a los siete años. Mi madre se fue buscando un amor nuevo; mi padre se quedó, pero nunca regresó realmente. Crecí aprendiendo que amar es entregarle a alguien el arma con la que te va a destruir. Por eso, a mis veinticinco, mi corazón es un búnker de cemento y mi moto es el único hogar que reconozco. O eso creía, hasta que ella, con su risa ruidosa y su tiempo prestado, decidió que yo era un proyecto que valía la pena salvar antes de que se le acabaran los días".