"La Hija de Cupido"

• Capítulo 5 •

Me removía en mi cama, sintiendo las suaves sábanas bajo mi cuerpo, oyendo las voces de unas cuántas personas, a lo lejos, o eso me parecía,no lo sabí
a con exactitud, todo seguía muy tranquilo y relajado, y yo luchaba por mantenerme despierta mientras mi cuerpo pedía seguir durmiendo, lentamente y con pesadez fui abriendo mis ojos, sintiendo los párpados como si estuvieran pegados, la luz que se filtraba era bastante, así que tardé unos cuantos minutos en adecuarme a ella, parpadeando varias veces para lograrlo. Efectivamente,me encontraba en mi habitación, bajo mis colchas y con un suave vestido de seda blanca cubriendo mi cuerpo, eso es definitiva no me lo había puesto para dormir de seguro habría sido Nana pero, como había entrado si yo había cerrado la puerta con llave? Eso era algo que luego aclararía , observe mi habitación con pereza, se encontraba totalmente iluminada, la brisa fresca se colaba por mi balcón dejando a la vista, un radiante día y un cielo esplendoroso. Observe también las figuras de Nana, Nano y Mel que hablaban animadamente en una esquina de la habitación,sin notar en absoluto mi presencia ya despierta. Trague saliva ya que mi garganta se encontraba seca luego de haber dormido tanto e intente hacer un carraspeo para llamar la atención. Lo cual funciono, ya que todos los presentes giraron en mi dirección con sorpresa.

- Alele - chilló Mel, corriendo y lanzándose sobre mi cuerpo aun tendido en la cama.

- hola Mel - pronuncie, tocando suavemente su cabello,mientras ella parecía soltar pequeños sollozos sobre mi hombro.

- hija, nos tenias tan preocupados - exclamó Nana,acercándose hacia mi y plantando en mi mejilla un dulce beso.

- pero, por que? - pregunté con asombro - he decidido dormir ayer por la noche,luego de todo lo que sucedió,no habría razón para preocuparse Nana - expliqué mientras una sonrisa tiraba de la comisura de mis labios.

- pero hija, eso no fue ayer, han pasado 3 días enteros desde esa noche, ya es Miércoles de mañana - dijo Nana observando mi rostro con preocupación palpable.

- todos estábamos muy preocupados -soltó mi Nano siendo la primera vez que hablaba desde que yo había despertado, él era un hombre alto y no tan hablador de unos 60 años de edad, que seguía conservando su excelente forma a pesar de ello, tenia el pelo blanco canoso, y unos ojos verdes preciosos que sabían y conocían a la perfección mis estados de ánimo.

- lo siento - fue lo único inteligente que se ocurrió decir, aquello explicaba el porqué papá había dicho que ya había dormido bastante, si, lo sé, lo llame papá de nuevo, sin querer una pequeña sonrisa de felicidad se había formado en mi rostro,tanto tiempo sin saber sobre mis padres, y ahora los tenia, simplemente, genial,tratando de omitir, claro, el hecho de quienes eran.

- que ocultas Alexandra? - preguntó Nano curvando con curiosidad sus cejas gruesas casi blancas.

Y de nuevo había acertado al leer mi expresión de felicidad, aunque era bastante obvio, no?

- no Nano, que ocultan ustedes más bien? - pregunté de manera neutra intentando ocultar mi tono de voz dolido, no era momento de reproches o quejas.

- de que hablas? - preguntó Nana con la preocupación siendo visible en su rostro.

- ya lo sé todo - dije con voz apenas audible,mas,ellos había escuchado bien.

Y esas 4 simples palabras fueron suficientes para que todo el escándalo comenzara.

...

- sigo sin entender, así que dices que Eros decidió hacerte una visita,o mas bien llevarte al Olimpo mientras dormías? - preguntó Mel con los ojos entrecerrados reflejando una confusión pura que yo no lograba entender,ya le había explicado como mínimo 3 veces y seguía preguntando lo mismo.

- así es - exclame con la voz irritada, solté un suspiro cansado y procedí a beber el café que Nana había preparado para mi.

Nos encontrábamos Nana, Nano, Mel y yo sentados en las sillas, alrededor de la mesa de mármol del comedor, charlando sobre como fue el primer encuentro con mi padre. Luego de que había dicho que ya sabía la verdad sobre mi origen, hubo rostros sorprendidos,pero por sobre todo un bombardeo sobre humano de preguntas. Lo bueno era que ahora ya todos se encontraban mas calmados, eso era bueno, al menos lo era para mi.

- y, como lo tomaste? - preguntó visiblemente apenada.

- pues bien, fue como ¡Oh,Dios!¡Estoy en el Olimpo!¡El centro turístico mas grande del mundo!¡Voy a salir a pasear y de compras! - solté con todo el sarcasmo que me fue posible.

- esa es mi chica - sonrió Mel con orgullo, de ella había aprendido el sarcasmo raro que utilizaba de vez en cuando.

- fue muy...impactante, era un lugar muy...hermoso - dije con los ojos soñadores volviendo en mi imaginación a ver los angelitos revoloteando y las nubes pasando perezosas.

- lo es - dijo Nana sonriendo mientras me observaba con una sonrisa plasmada en el rostro.

- tu vivías allí? - pregunté observandola en espera de su reacción.

- Nano y yo vivíamos ahí, trabajábamos como empleados de tu padre - respondió observando a Nano mientras hablaba. Nano tan solo se limitaba a observarla fijamente.

- pero como pud...

- si no teníamos sangre divina? - termino Nano por mi, en definitiva había captado rápido mi pregunta.

- exacto - sonreí mirándolo.

- pues, conocí a tu padre años atrás, lo busqué por cielo y tierra para pedirle que me concediera una mujer para no pasar el resto de mi vida solo, yo ya era un poco viejo, así que en aquella época era difícil hallar pareja, yo tenía 35 años en aquel entonces y la edad estimada para casarse era de 15 a 20 años, pero deseaba casarme por amor y no por simples arreglos, al final lo había encontrado luego de pasar 2 años buscándolo sin descanso, él me concedió a esta hermosa mujer que ves aquí - señalando a Nana que observaba a su marido con una sonrisa de tonta enamorada en el rostro y las mejillas encendidas en un tono carmesí muy notorio - en fin, el nos unió y me confeso que esos dos años escuchaba todos mis ruegos, y ya conocía mi corazón casi a la perfección, y sabía que no le fallaría en lo que me pidiera, así que me propuso trabajar para él junto con Elena en el Olimpo, nos dio de tomar un poco de su sangre a ambos - terminó Nano junto con un asentimiento de cabeza.




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