"La Hija de Cupido"

• Capítulo 9 •

Sentía mis párpados pesados, no sabía la hora que era, y no sentía a Leo o Wiggles a lado mío, estaba dispuesta a darme la vuelta y seguir durmiendo,hasta que una voz me sobresalto por completo y arruinó mis planes perfectos.

- señorita - era una voz de mujer,que hablaba delicada y educadamente, con suavidad me tocó el hombro, su mano se sentía fría contra la tela de la camisa que Leonardo me había dado, yo tan solo gruñi al igual que un animal, intentando que la persona se retirará para seguir durmiendo - señorita,por favor despierte, ya es tarde, y el señor me ha mandado a que la despierte - dijo con voz suave.

Creo que con eso de Señor se refería a Leonardo. Estúpido, estúpido, estúpido, por que no podía seguir durmiendo?

Giré quedando de espaldas contra el colchón y decidí hablar, para no dejar a la pobre mujer hablando sola como loca.

- quiero seguir durmiendo - solté con suplica como toda un niña, sin abrir aún los ojos.

- señorita ya es medio día, y además el señor la llama porque ha tenido una visita de imprevisto que clama por su presencia - dijo manteniendo el mismo tono de voz en todas sus palabras.

- a mi? - pregunté levantando la cabeza y observando a una mujer de estatura media, regordeta, el cabello negro y los ojos rojos. Era bastante hermosa, como lo serian las madres o algo por el estilo. Y por sobre todo era un Vampiro.

- a usted - soltó y asintió con la cabeza.

- pero, quien?- pregunté mientras hacía un formulario mental de personas que sabían de mi estadía aquí, nadie, nadie que yo sepa. O eso creía.

- Perséfone, la madre del señor Leonardo - respondió.

Y, en ese instante mi corazón pareció detenerse.

...

Los pasillos eran de un azul marino bastante tenebroso, de tanto en tanto aparecían lámparas adosadas a las paredes, pero que desprendían una luz no tan chocante como la luz normal. Habían cuadros colgados con distintas imágenes, de lo que parecían distintas familias, se encontraban esparcidos por todo el pasillo,ya las vería luego con más tiempo, ya que calculaba que mi estadía aquí no sería precisamente corta. Varias puertas cerradas de color negro dando a habitaciones desconocidas para mi,me llamaban la atención, pero no le daría el gusto a mi curiosidad, y es solo porque no podía, Gretel se encontraba frente a mi, y quien era Gretel? Pues era la mujer que había ido a despertarme a mi nueva habitación. Si, nueva habitación, en donde Leo me había dejado la noche anterior,cuando desperté hace un rato, efectivamente ya no me encontraba en la habitación de Leo, sino en la mía, o más bien en la que él me había dejado luego de haber partido de mi casa.

Llegamos hasta unas escaleras que daban hacía el piso de abajo, eran de caoba, y daban hacia una sala gigante decorada con colores oscuros, en su mayoría negro. Bajé las escaleras junto con Gretel guiando, hasta que en mi campo de visión aparecieron bastantes muebles, sofás y estantes negros, una tv plasma, y cojines, pero lo curioso no fue eso, lo curioso fue ver a Leonardo con una mujer despampanante sentados en uno de los sofás,charlando animadamente.

Él al ver que me acercaba se levantó rápidamente y con paso presuroso se acerco a mi.

- buenos días - sonrío levemente al estar frente a mi.

Mi corazón se aceleró al verlo tan guapo y sonriente. Vestía un camiseta negra, jeans también del mismo color y se encontraba descalzo. Se veía tan normal.

- buenos días - respondí, intentando calmar los latidos de mi acelerado corazón.

- quisiera presentarte a alguien, me ha tomado de sorpresa su visita Alex, pero pidió conocerte - explicó con un ademán de manos y visiblemente nervioso. Leonardo nervioso era algo nuevo.

- de acuerdo - me limité a decir observando como se rascaba la cabeza en señal de nerviosismo.

Me indico con un gesto que caminara y el se colocó a mi lado, caminando hacia donde se encontraba la mujer esperando.

Cuando llegamos, ella se levantó de un salto con una sonrisa en el rostro, en verdad era muy hermosa. Un rostro ovalado, ojos miel junto con pestañas largas, negras y bien tupidas, labios carnosos pintados en un rojo cereza y un sonrisa radiante, cabello largo que le llegaba hasta la cintura de un color negro como la noche, piel blanca pero no tanto como Leo o Gretel y curvas por doquier; un elegante vestido ajustado de color morado adornaba su cuerpo,resaltando sus prominentes curvas. Era en verdad toda una reina. La reina del inframundo. Perséfone.

- madre, quisiera presentarte a...

- Alexandra, la hija de Cupido,por supuesto - exclamó, y yo me había quedado atónita,mas ella me estrecho en sus brazos de manera amable y cariñosa - como estas querida?.

- ¡oh! Pues, muy bien - respondí como pude, intentando reponerme de la sorpresa de su amabilidad.

- me alegra saber eso, pero dime...que tal te esta tratando Leonardo? Esta siendo amable? Disculpalo si se comporta como un niño caprichoso a veces, es que ha esperado tanto para traerte que tal vez no sepa comportarse ahora que te tiene - terminó con una sonrisa dulce y avergonzada, pero al mismo tiempo muy sincera. Así que su madre ya sabía sobre mi. Hablaba casi tanto o más que yo. Pero la veracidad de sus palabras se reflejaba en su mirada.

- pues se esta comportando muy bien, es muy amable conmigo - respondí observando a Leo quien parecía penetrarme con la mirada.

- no sabes la alegría que me da saber eso querida - exclamó tocando con dulzura una de mis mejillas - pero bien, todo el Olimpo y también el inframundo están al tanto de que la Hija de Cupido ha aparecido, y que es tu mate - explicó observando a Leo con determinación,mientras él la observaba fijamente.

Tan rápido se había propagado aquella noticia? En verdad los seres sobrenaturales eran peor que los mortales.

- estaba al tanto de que la noticia se había propagado pero no sabía que tanto - con voz neutral, sería así siempre hasta con su madre?




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