"La Hija de Cupido"

• Capítulo 11 •

Me vestí rápidamente con una camiseta negra y el boxer de Leo, por primera vez agradecí haberme quedado sola con mi alocada mente para pensar en lo que había sucedido.

Decidí salir a buscarlo, y para mi sorpresa al abrir la puerta de su habitación se encontraba apoyado en la pared del lado contrario,mirando fijamente mi expresión de susto,y me imagino que también escuchando los rápidos latidos de mi acelerado corazón.

Busque en mi mente algo que decirle, pero no encontré nada, y fue un total alivio que haya hablado él.

- vamos - ordenó con esa voz ronca suya.

Él comenzó a caminar con pasos rápidos y firmes, yo en cambio iba medio trotando atrás suyo. Observando la dirección, los pasillos, los cuadros y la luces, todo indicaba que nos dirigíamos a mi habitación.

Al llegar frente a la puerta,donde seguían ambos guardias, hizo un gesto con la cabeza, y ambos se retiraron con paso veloz. Leonardo abrió la puerta, y dio un paso adentro, haciendo un ademán de manos,indicando con eso que pase adentro. Entré y él cerro la puerta detrás mío, no se podía observar nada,toda la habitación estaba en penumbras, hasta que escuché el "click" de un botón sonando, y toda la habitación fue iluminada. Leonardo rápidamente había pasado a lado mío,observando mi cara embelesada.

Estaba hermosa. Hermosa es poco la verdad.

Las paredes decoradas con un tapiz azul con margaritas, la cama de un color blanco con sábanas celestes, mesillas de noche a cada lado también de un color blanco. Estantes llenos de libros en las paredes que antes se encontraban desnudas, un armario gigante de color blanco ocupando toda una pared, algunos cuadros donde aparecíamos yo y Nana.

Nana.

¡Diablos! ¡Nana!

Me había olvidado por completo de ella, de seguro estaría preocupada y con ganas de estrangularme y besarme esperando saber algo de mi. Como podía tener tan poco corazón con mi Nana? En verdad quería saberlo.

Mi rostro debió de ser todo un poema pero no de los buenos, ya que Leonardo me observó con el ceño fruncido,indagando de seguro sobre el motivo de mi cambio de ánimo tan repentino.

- no te agrada? - preguntó con una expresión medio dolida, intentando fingir que no pasaba nada,pero, fracasando estrepitosamente.

Era tierno que pensara que ese era mi problema, una lástima total que no era eso, si no algo más...preocupante.

- esta increíble Leo - intente hacer una sonrisa, que parecía mas una mueca.

- y entonces? Yo...pensé que podría animarte o hacerte sentir más a gusto aquí de esta manera - explicó mirando mis ojos, parecía avergonzado. Era tierno verlo de esa manera.

- es algo muy lindo en verdad Leonardo, gracias por el gesto tan maravilloso - respondí restando importancia, si no tuviera a Nana en mente tal vez lo hubiera llenado a él de besos por tan maravilloso gesto.

- que sucede? Realmente no te gusta no es así? - preguntó sonando dolido, lo que menos me agradaba era verlo de esa manera.

- Leonardo no es eso,había olvidado a Nana por completo, debe estar preocupada por mi, no sabe donde estoy - explique rápidamente esperando que lo entendiera. Observe su rostro preocupada de que mi respuesta le hubiera agradado y sus facciones parecieron relajarse, lo cual era buena señal.

- yo ya he hablado con ella - me dijo, mirando con una sonsisa pícara, mi expresión de completo horror. Nana hablando con Leo? Nada bueno habrá salido de eso.

- y?

- y que? - preguntó en tono burlón.

- que dijo?como reaccionó? Digo...me escape con un desconocido, como reaccionó Leonardo? MALDITA SEA HABLA - pregunté demandando una respuesta de su parte, él en cambio me miraba con expresión divertida. Se estaba burlando de mi. ¡Genial!

- ella y yo,ya nos conocíamos Alexandra,y no reaccionó mal, esta al tanto de que soy tu Mate, y no puede intervenir en nada, ni aunque quisiera,cosa que realmente no quiere - terminó con una sonrisa en el rostro de victoria total.

- Nana esta loca - deduje, no habría manera de que eso que Leo contaba sea cierto, no sería una reacción propia de parte de ella...no?

- por qué? - dijo riendo. Maldito vampiro bipolar. Continuó riendo y fue con paso veloz a recostarse en mi cama con los brazos bajo la cabeza, la camiseta que llevaba demostró un poco de los músculos que se iban perdiendo por debajo. Me estremeció el imaginarme algunas cuántas cosas perversas al observar esa posición tan interesante.

- porque si, ella esta loca, no sé como has conseguido persuadirla de que me quede contigo - respondí caminando lentamente hacia la cama donde él se encontraba.

- no puede ir en contra de la naturaleza,ni de los dioses, todos saben que nos pertenecemos - explicó por fin tomando una actitud seria.

- porqué si nos pertenecemos y nadie puede ir en contra de eso que dices Liam dijo que sería suya? - pregunté intentando aclarar esa duda, que solo por momentos abandonaba mi mente.

Leo al oír esto apretó con fuerza la mandíbula mientras sus ojos cambiaban a un rojo tenebroso. Se estaba enojando. Esa no era buena señal.

- eso nunca pasará - pronunció claramente molesto por la mención de su hermano y de sus planes.

- hmm tal vez - respondí, no muy segura,el destino a veces podía ser muy hijo de puta.

- tu quieres ir con él? - preguntó con desprecio y un visible miedo en la voz.

- veamos...intentó medio violarme y actúa como una especie de psicópata - fingiendo pensar - dime tú Leonardo, habría razones para querer ir con él? -le pregunté mientras me sentaba a lado suyo en la cama intentando que entre en razón.

- no lo sé, a veces eres muy poco predecible - respondió mirando mi balcón medio abierto.

- no, tu si eres poco predecible - señalandolo acusatoriamente con mi dedo indice.

- yo? Por qué? Aunque la verdad es que no espero ser una persona predecible al fin de cuentas - concluyo levantando sus cejas en una expresión de curiosidad.




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