La hija de Flash Reverso

El principio

Narra Lara

Empecemos por mis primeros tres años de vida. La mayoría de los niños aprenden a caminar y a decir "papá" o "mamá"; yo aprendí a analizar el lenguaje corporal y a identificar microexpresiones de mentira. Durante ese periodo, mi padre me enseñó que la supervivencia es un arte frío. Eran lecciones extrañas: cómo notar si alguien me seguía, cómo detectar una salida de emergencia en un cuarto cerrado, cómo ser invisible en una habitación llena de gente, cómo leer las intenciones de los demás, cómo identificar puntos débiles, cómo manipular emociones y, sobre todo, a matar si la situación lo exigía. "La empatía es un lujo que los inteligentes no pueden permitirse", me decía. Aprendí a engañar a cualquiera con una sonrisa impecable. Para el mundo, éramos la familia perfecta; puertas adentro, éramos un campo de minas donde la genialidad y la letalidad se entrelazaban. Aunque yo no entendía el motivo de tanta urgencia, le ponía atención absoluta.

Mientras tanto, mi madre prefería enseñarme sobre el mundo: pasado, presente y futuro. Me hablaba sobre por qué éramos especiales, por qué estábamos por encima del resto de la humanidad.

Mi madre odiaba los cumpleaños, las celebraciones, cualquier demostración de alegría, felicidad o amor. Le parecía un desperdicio de energía. Aun así, yo lograba sacarla de ese caparazón con una sonrisa o un logro académico; ella me veía como su proyecto más brillante, una extensión de su intelecto. Para el mundo, mi padre siempre será el monstruo, el villano de la historia, y mi madre, la mujer más gentil y altruista que haya pisado la Tierra. Pero, como dicen, las apariencias engañan. Mis padres me enseñaron que la verdad es maleable y que para ganar, la lealtad es un lujo que uno no puede permitirse.

Solo una persona conocía la realidad, el hombre que me sacó de las cenizas de aquel hogar: mi segundo padre adoptivo. Los demás solo me conocían como Lara Cross o, a veces, como Lara Sinclair.

Tras el incidente, mi vida se convirtió en una huida constante: el orfanato, la adopción por los Cross y el abandono de mi padre adoptivo. Mi madre adoptiva, Kira, me culpó del divorcio, transformando mi hogar en una prisión de resentimiento. En medio de esa soledad, solo Carlos, mi vecino, logró romper mi silencio. Fuimos inseparables, un refugio de normalidad en un mundo que yo sabía, muy en el fondo, que era falso.

Pero mi verdadera formación comenzó con el hombre que me sacó del orfanato: Nicholas Johnson (N.J.). Él fue mi segundo padre, mi mentor y quien realmente me enseñó a sobrevivir en el campo de batalla. Fue Nick quien me introdujo en la Escuela de Maestros del Tiempo. Y gracias a eso puedo manipular el tiempo a mi antojo sin causar alguna aberración temporal o paradoja incluso sin afectar la línea del tiempo ya que se cómo funciona el sistema. Mi habilidad era tan precisa que me asignaron al departamento de espionaje, encargada de cazar a aquellos Maestros que intentaban escapar para llevar una vida normal.

Solo Nick sabía mi verdadera identidad como Ama del Tiempo. Mi vida se ha convertido en un equilibrio constante entre proteger a los que amo y saciar una sed de venganza que aún no termina de consumirse.

Pero antes de hablar de venganza, debo contarles sobre él. Mi primer esposo. Lo conocí precisamente allí, en la academia, creyendo que podía burlarme de todas las reglas sin consecuencia. Su nombre era...




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