La Hija De Grey (zimmey Libro 1)

—25—

 

El sonido incesante del timbre ocasionó que abriera los ojos, dormía con suma tranquilidad, luego del accidente me fue difícil hacerlo, sobre todo por el dolor punzante en mi cuello toda la noche. Me dedico a observar por segundos a la chica que luce cómoda y angelical dormida en mi pecho. Phoebe es sin duda una chica muy hermosa. Se remueve perezosa y abre sus brillantes ojos grises.

—Paul, creo que llaman en la puerta. Iré a abrir.

—No, que la tiren si quieren. Estoy muy cómodo aquí, siendo totalmente sincero, como nunca antes. —La aprieto un poco más entre mis brazos, eso sólo provoca un gruñido que emerge de mi garganta, me duele un poco la espalda.

—Tonto, no hagas eso. Vas a lastimarte. —Se separa de mí arreglando su cabello. —Iré a abrir.

—No me abandones, no me dejes solo. —Me pongo dramático. Ella muestra su hermosa sonrisa negando con la cabeza.

Se coloca los zapatos y sale de la habitación. Mi adaptación a Seattle ha sido posible en su mayoría por esta chica loca, los gustos literarios de mi jerezana favorita y prima más querida, Luz y sus gustos literarios me han llevado a esto. Ella es obsesiva con los libros y siempre busca alguno nuevo para comprarlo, me parecía una locura seguirle el juego, pero justo en la visita a España he conocido el libro de Phoebe, Luz me contaba sobre él, pero yo me dediqué a analizar a la linda chica que aparecía en un pequeño recuadro de la contraportada, decidí darle una oportunidad y leer. Mi padre dijo que viajaríamos a Seattle, y la jerezana no perdió la oportunidad de pedirme su autógrafo —Cosa que aún no le consigo y va a matarme— Phoebe ha firmado el libro para mí. Aunque en nombre de nuestra buena amistad, podría hacerle una dedicatoria especial a la chica.

Desde que he llegado, me dediqué a buscarle, ni siquiera me interesé demasiado en los negocios, no eran asunto mío. Aunque ahora agradezco como nunca la asignación de tal, aún es poco tiempo para conocernos bien, pero creo que ambos tenemos suficiente información del otro.

En la puerta de la habitación aparece la chica de ojos grises con Picky en brazos, ¡Demonios! Olvidé pasar por él con todo esto del accidente y mi salida de emergencia por la mañana. Simplemente silbo y se tira de los brazos de la chica para correr y subirse a la cama.

—Dijo la chica que le ha traído que no quiso comer nada, y que vendrá a realizar una visita para ver cómo sigues. —Noto algo de molestia en su forma de hablar. — ¿Dónde puedo conseguirle croquetas o lo que sea que le des de comer?

—Espera, iré a buscarle yo. —Trueno los dedos y de inmediato Picky se lanza al suelo sin dejar de mover su cola, salgo de la cama.

Los dos caminamos por el pasillo, con el cachorro rondándonos por las piernas, está feliz por verme y tener compañía. Del estante saco el bote donde guardo las croquetas y las dejo caer en su taza, tan pronto como las escucha caer se prende de la comida.

— ¿Algo más que haya dicho, Magdalé?

—Ese es el nombre de la rubia. —Murmura para sí, pero logro escucharle. —Que si le necesitabas, sabes donde encontrarle.

— ¿Por qué siento que estás molesta?

—Porque lo estoy. —Dice con obviedad.

— ¿Celosa de mi bonita vecina, Phoebe Grey?

—Sí, ¿Y qué? —Las miradas no matan, de otra forma, mis padres estarían viajando para enterarme.

—Mi pregunta no ha sido una broma, Phoebe.

—Mi respuesta tampoco. -Gira sobre sus talones y sale de la cocina.

Ninguno está bromeando, o yo sí, pero ella no.

—Phoebe. —Gira y de nuevo empezamos la guerra. Le miro fijamente en busca de alguna señal que me permita confirmar que lo dicho no es verdad. Sus ojos grises de oscurecen y con su mirada transmite dureza.

— ¿Vas a hablar o qué? —Coloca sus manos en sus caderas en forma de jarro.

He heredado la perspicacia de mi madre. No hay mejor forma de aclarar verdades, que enfrentando la mentira. En su rostro no hay pizca de diversión.

— ¿Qué te ha molestado tanto? Estoy confundido, no tengo idea de que pude haber hecho o dicho para que te pongas así. —Me acerco para tomarle de los brazos, en ningún momento se oponen. — ¿He sido yo el culpable?

—No sé, ni siquiera yo misma me puedo responder a esa incógnita. —Coloca dos dedos en el puente de su nariz, dejándome confuso dice—: Esto debe ser obra de Andrés, ¡Madre santa!

Lo acepto.
Su grado de confusión es visible en su rostro, algo que me parece tierno si viene de una persona como ella. Se queda apoyada en la pared con los ojos cerrados. Señorita Grey, así luce preciosa. En dos pasos me coloco frente a ella, hay una cosa que ha hecho falta este día, al abrir los ojos me mira, con una mirada pícara, de esos ojos grises brillantes y hermosos.

— ¿Incómoda, Phoebe? -Le susurro recortando la distancia que nos separa. — ¿Uhm?

—Para nada, Paul. Esto definitivamente no es nada. Y tú, ¿Qué sientes?

—Muchas ganas de besarte. —Suelto sin más, no hay pena ni vergüenza que valga. —Bastantes. —Me acerco tanto a su rostro que nuestras respiraciones se juntan. —Me gustas... Jodidamente.

Me mira y la miro, estamos cada vez más cerca. Azul y gris, gris y azul queriendo combinar en uno solo. Deslizo mi pulgar por sus labios, entonces cierra los ojos nuevamente. Uno mis labios a los suyos, la señorita Grey posee unos labios muy suaves y tibios, se deja llevar por el beso. Una sensación extraña me recorre, es como si mi cuerpo respondiera por sí solo a la hermosa chica que yace muy cerca de mí cuerpo. Otra parte de mí también se pone alerta, sin yo quererlo, sin yo buscarlo. Nuestras respiraciones están muy agitadas, al parecer no soy el único que vibra aquí, jadea, yo también lo hago, sostengo sus caderas rodeándola con el brazo derecho mientras mi mano izquierda recorre la parte trasera de su cabeza. Deslizo mis labios por los suyos, llevándolos a su barbilla, depositando pequeños besos, dibujo la vuelta de su oreja al cuello, le siento débil, manteniéndose apoyada en la pared, con la breve sensación de que si le suelto va a caer. Siento sus manos deslizarse torpemente por mí espalda, delicia.




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