La Hija De Grey (zimmey Libro 1)

—28–


Tras una una noche de confesiones y cambio de estado civil a "En una relación". Paul tuvo que irse, hay trabajo por el cual responder. Quedamos en que nada podía ser público y menos saberlo nuestras familias, al menos no por el momento. Gail no me quitó su mirada de "Te he pillado" Desde que ambos salimos, hasta que fui por un poco de agua a la cocina, ¿Qué tenía yo de extraño? No lo sé, pero ella lo ha percibir, me despedí con un beso en su mejilla, sin que dejase de verme en una firma extraña, ¡Mi Gail hermosa! Ya a punto de dar por finalizado mi día y decidirme a dormir, un ser imprudente ha enviado muchos mensajes de buenas noches.

Paul Z.
Que descanses novia mía.
Besos.


Me encanta.

La Phoebe del espejo luce emocionada, con ojos grises muy brillantes y no hay quien quite mi sonrisa de idiota. El color azul marino de mi camisa me va de maravilla, jeans blanco y bermudas, más castaña que nunca. Tiro una foto al espejo y de inmediato la posteo en mi página de escritora: Un nuevo día, nuevas aventuras.

Mi estómago hace ruidos, soy como león hambriento. ¡Vamos Phoebe!

Hora del desayuno. Tras una hora meditando en mi cuarto, perdida en mis pensamientos de loca enamorada, al final voy a tomar mi desayuno. Ato mi cabello en media cola, dejando me crespa suelta cabellera resaltante al aire.

 ¡Oh, lala! dejo el cepillo en su lugar y casi como volando salgo de mi habitación.

¡Qué bonito día! ¡Qué bonito día!

Compongo uno de los retratos ubicados en el pasillo.

— ¡Perfecto! —Llevo mis manos a la cintura, dejándoles como jarras. Mi proeza es digna de admirar, vaya, si sólo he movido un poco la pieza. De pronto siento una mano en mi hombro. —¡Ah! —Grito por el susto. —Mamá, casi me da un infarto.

—Así tendrás esa conciencia, mi cielo. —Besa mi mejilla, y observa la foto. —días, Phoebe.

—Buenos días, mamá. ¿Cómo les fue?

—Maravilloso. —Dice suspirando. —Me encanta esa foto. Grey está sonriendo.

—Tampoco es que sea amargado, solo tiene una sonrisa diferente. También me gusta, sobre todo por la pequeña que está en sus brazos, ¡A qué es preciosa!

—Tan modesta como su padre. —Se mofa. —Vamos a desayunar.

— ¿Y papá?

—Del aeropuerto se ha ido a casa Grey, al igual que Theodore. Esos hombres tienen los negocios entre ceja y ceja.

— ¿No irás a la editorial hoy?

Enarca una ceja divertida.
—Cariño, soy la jefa, como tal tengo ciertas ventajas. Puedo llegar tarde.

Algo le tenía que aprender a Christian Grey.

Gail muy atenta nos prepara dos tazas de muesli con leche y jugo de naranja. La media hora del desayuno se convierte en algo incómodo, las dos se miran y lanzan miradas cómplices, algo han hablado, y puedo jurar que en ese "algo" voy yo. No me extrañaría para nada si en unos minutos entro en una ruta interrogativa a la Sherlock Holmes, Anastasia Grey no va a quedarse con nada en la lengua. Gail se disculpa y sale en dirección al jardín, y este arroz ya se coció.

— ¿Sabías que hoy vienen los Zimmerman? —Enarco una ceja y niego. Paul dijo que lo harían la próxima semana. Me hago la loca y hago un gesto de: ¿Por qué tendría que saberlo yo? —Pensé que Paul te lo comentaría, con eso de que se la han pasado muy bien ayer.

—Y yo la veinticuatro siete en vigilancia, ni al presidente lo vigilan como a mí. Cenamos y platicamos muy a gusto, hombre, que una no se les escapa ni estando lejos. Estos tipos que contrataron parecen vecinas de barrio, van ahí sobre la vida de todos.

—Tampoco te molestes, que el caldo no está para más agua, ya sabes porque se ha doblado la seguridad. —Deja el vaso cuando ha dado su último trago de jugo. —Creí que los amigos se decían todo.

— ¿Y ustedes cómo saben que la familia Zimmerman viene hoy?

—Eric ha llamado a tu padre ayer, en vista de que no localizaba a Paul por ningún lado, ni en su apartamento, y menos en el móvil. Debió haber estado muy ocupado por la noche. —Esa lengua viperina venenosa que escupe todo con sátira. —Ah, olvidé informarte que ayer se quedó en una cena relámpago para tu despedida por parte de la editorial, es hoy.

— ¡Vaya! —Elevo las manos al cielo. — ¿Porqué mejor no me lo decías mañana? Así interrumpía nada de mi vida, bueno, adelante, gobiernenla como quieran. Al final es suya.

—En primera, ya sabes lo que dice tu padre del sarcasmo. En segunda, tienes un contrato firmado, por lo cual, tu vida como escritora es manejada por la editorial Grey. —Se levanta del asiento donde se encontraba. —Ese humor, Phoebe. Nunca pierdas la dulzura de tu carácter, mi vida.

Se va.
Miro de reojo el puñado de muesli que aún queda en mi taza, ¡No importa!
Mirando con indignación hacia la cocina, salgo de ella, escucho la risa de Gail y mamá, ¡Buena la fiesta que se traen! No me lo creo, en cuanto al joven Zimmerman se le haya ocurrido no decirme que sus padres harán presencia en Seattle hoy, ¡Empezamos mal, muy mal! Tiro la puerta de mi habitación y de inmediato marco el número de alguien a quien no es necesario nombrar.

—Hola. —Responde, su respiración es acelerada.

— ¿Por qué no dijiste que tus padres estarían en la ciudad hoy?

—No lo sabía, he llegado a casa y no revisé nada. Y amanecí con la noticia de que llegan hoy, me estoy volviendo loco. He salido de la oficina para tratar de arreglar este lugar, ¡Ay, Dios! Una semana, tenía en mente que vendrían en una semana, muy de ellos, muy de ellos. ¡flucht! —Expresa a viva voz. Y no ha sido nada bonito. — ¡Verdammt!

La línea se queda en silencio, simplemente se escuchan sus pasos resonando por la estancia. Voces en el lugar, variados tonos, ¡Son ellos!

—Un minuto. —Habla en general. —Te llamo luego, linda. —Dice esta vez para mí.




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