La hija de la Luna

La niña que no podia transformarse

Capítulo 2.Dieciocho años después.

El bosque de Luna Negra despertaba lentamente con los primeros rayos del amanecer. La neblina flotaba entre los árboles y el canto de los pájaros llenaba el aire.

Pero entre los árboles se escuchaba algo más.

Pasos rápidos.

Una figura corría por el bosque esquivando raíces, saltando sobre troncos caídos y riendo mientras el viento movía su cabello oscuro.

Era Lyra.

—¡Más rápido! —gritó una voz detrás de ella.

Lyra miró hacia atrás y sonrió.

—¡Ni siquiera estás cerca, Arden!

Arden, un joven de cabello oscuro y mirada intensa, corría detrás de ella con una sonrisa desafiante.

—No vale, tú conoces mejor el bosque.

—¡Excusas!

Lyra saltó sobre una roca y llegó primero al claro donde solían entrenar.

Arden llegó unos segundos después, respirando con dificultad.

—Algún día te ganaré.

Lyra se cruzó de brazos con una sonrisa orgullosa.

—Llevas diciendo eso diez años.

Ambos comenzaron a reír.

Habían crecido juntos desde niños. Arden era uno de los mejores guerreros jóvenes de la manada, fuerte y rápido.

Pero Lyra…

Lyra era diferente.

Ella también era rápida. Ágil. Fuerte.

Pero había algo que nunca había podido hacer.

Transformarse.

Todos los lobos de la manada podían hacerlo cuando llegaban a cierta edad.

Todos… menos ella.

Arden la observó por un momento.

—Hoy es tu cumpleaños —dijo finalmente—. Tal vez hoy pase.

Lyra levantó una ceja.

—¿Transformarme?

—Sí.

Lyra soltó una pequeña risa.

—Arden… llevo esperando eso toda mi vida.

El silencio cayó entre ellos por un momento.

Arden bajó la mirada.

—Lo siento.

Lyra suspiró y miró hacia el cielo donde la luna todavía era visible.

—No importa —dijo con una sonrisa tranquila—. Igual soy parte de la manada.

En ese momento se escuchó un aullido desde el bosque.

La señal de reunión.

—Parece que nos llaman —dijo Arden.

Ambos caminaron hacia el gran claro donde toda la manada se reunía.

Los lobos estaban formando un círculo alrededor de Kaelyra, la alfa.

Lyra notó algo extraño.

Los ancianos también estaban allí.

Y todos la miraban.

—Lyra —dijo Kaelyra con voz seria—. Ven aquí.

Lyra sintió un pequeño nudo en el estómago mientras caminaba hacia el centro del círculo.

—Hoy cumples dieciocho años —continuó Kaelyra—. Y hay algo que debes saber.

Los ancianos intercambiaron miradas.

Uno de ellos se acercó lentamente.

—La razón por la que nunca pudiste transformarte… —dijo con voz grave— no es una debilidad.

Lyra frunció el ceño.

—Entonces… ¿qué es?

El anciano levantó una mano y señaló su brazo.

—Es porque… tú no eres completamente una de nosotros.

En ese instante, la piel del brazo de Lyra comenzó a arder.

—¿Qué…?

Lyra cayó de rodillas.

Un brillo verde apareció en su piel.

Lentamente, una marca con forma de serpiente coronada comenzó a aparecer en su brazo.

La manada retrocedió con sorpresa.

—La marca… —susurró uno de los ancianos.

Arden dio un paso adelante.

—¿Qué significa eso?

El anciano respiró profundamente.

—Significa que la profecía ha despertado.

Lyra miró la marca en su piel, confundida.

—¿Qué profecía?

El anciano la miró con gravedad.

—La que dice que tu destino está unido… al Rey de las Serpientes.

El silencio cayó sobre el claro.

Muy lejos de allí, bajo la tierra…

Un par de ojos verdes se abrieron lentamente en la oscuridad.

Y una voz profunda susurró:

—Lyra.




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