Capítulo 3
El claro de la manada seguía en silencio.
Todos observaban la marca brillante en el brazo de Lyra. La serpiente coronada parecía moverse lentamente bajo su piel, como si estuviera viva.
Lyra respiraba rápido, todavía arrodillada en el suelo.
—Esto… esto debe ser un error —dijo mirando a los ancianos—. Yo no tengo nada que ver con serpientes.
Uno de los lobos gruñó.
—¡Las serpientes son nuestros enemigos!
Otro golpeó el suelo con rabia.
—¡Siempre lo han sido!
Arden dio un paso al frente y ayudó a Lyra a levantarse.
—Sea lo que sea esta marca, no cambia quién eres —dijo con firmeza—. Lyra es parte de la manada.
Algunos lobos asintieron.
Pero los ancianos no parecían tranquilos.
—La profecía es clara —murmuró uno de ellos—. Cuando la marca despierte… el Rey Serpiente vendrá.
Lyra sintió un escalofrío.
—¿Vendrá… por mí?
El anciano no respondió.
De pronto…
Un silbido extraño atravesó el bosque.
Sssssss…
Los lobos levantaron las orejas al mismo tiempo.
Otro silbido respondió desde el otro lado del claro.
Sssssss…
Los guerreros de la manada se tensaron.
—Eso no es el viento —dijo Arden en voz baja.
Entonces el primer grito rompió el silencio.
—¡¡ATAQUE!!
Desde los árboles comenzaron a caer figuras oscuras.
Hombres con ojos brillantes y capas negras, moviéndose con una agilidad imposible. En sus brazos y cuellos se deslizaban serpientes vivas.
Guerreros del reino serpiente.
—¡Protejan a la alfa! —rugió un lobo.
El claro explotó en caos.
Los lobos se transformaron en enormes criaturas cubiertas de pelaje y saltaron al combate.
Las serpientes atacaban con rapidez, lanzándose desde los árboles y desapareciendo entre las sombras.
Lyra retrocedió.
—¿Qué está pasando?
Arden se colocó delante de ella.
—Han venido por ti.
Un guerrero serpiente cayó frente a ellos con una sonrisa fría.
Sus ojos eran completamente verdes.
—La heredera de la luna —susurró.
Arden gruñó y se transformó en un gran lobo oscuro.
El guerrero atacó, pero Arden saltó sobre él, derribándolo.
—¡Lyra, corre!
Lyra corrió entre los árboles mientras el sonido de la batalla llenaba el bosque.
Aullidos.
Gritos.
El choque de armas.
Pero de pronto algo frío rodeó su tobillo.
Lyra miró hacia abajo.
Una serpiente enorme se enrollaba alrededor de su pierna.
—¡No…!
Antes de que pudiera reaccionar, una figura apareció detrás de ella.
Alta. Silenciosa.
Con una corona negra en la cabeza.
Sus ojos verdes brillaban en la oscuridad.
El hombre observó la marca en el brazo de Lyra.
Y sonrió.
—Por fin te encontré.
Lyra retrocedió aterrorizada.
—¿Quién eres?
El hombre inclinó ligeramente la cabeza.
—Soy Sahmir.
Su voz era tranquila… pero poderosa.
—El Rey de las Serpientes.
Lyra sintió que el mundo se detenía.
—Y tú —continuó Sahmir— eres lo que me pertenece.
En ese instante, varias serpientes se deslizaron por el suelo rodeando a Lyra.
Ella intentó correr.
Pero todo se volvió oscuro.
Cuando Arden llegó corriendo segundos después…
Lyra ya no estaba.
Solo quedaba la marca de serpientes arrastrándose en la tierra.
Y el eco lejano de un susurro en el viento.
—La heredera ha sido reclamada.