La hija de la Luna

El reino bajo la tierra

Capítulo 4

Lyra despertó lentamente.

Su cabeza dolía y todo a su alrededor estaba en silencio. Intentó moverse, pero se dio cuenta de que estaba acostada sobre una cama suave cubierta con telas oscuras.

Parpadeó varias veces.

El techo sobre ella no era de madera como en las casas de la manada… era de piedra tallada, llena de símbolos antiguos con forma de serpientes.

Lyra se sentó rápidamente.

—¿Dónde estoy…?

La habitación era enorme. Antiguas columnas sostenían el techo y varias antorchas iluminaban las paredes con una luz verde tenue.

Entonces escuchó pasos.

Lentos.

Firmes.

La gran puerta de piedra se abrió.

Y Sahmir entró.

El Rey Serpiente caminó con tranquilidad hasta el centro de la habitación. Su capa oscura se movía ligeramente mientras varias pequeñas serpientes se deslizaban por el suelo detrás de él.

Lyra retrocedió en la cama.

—¡Aléjate de mí!

Sahmir la observó en silencio durante unos segundos.

—Tranquila —dijo finalmente—. Nadie aquí quiere hacerte daño.

Lyra levantó su brazo mostrando la marca.

—¡Tu gente atacó a mi manada!

Sahmir suspiró levemente.

—Tu manada sabía que este día llegaría.

—¡Eso no te da derecho a secuestrarme!

Sus ojos verdes brillaron suavemente.

—No es un secuestro.

Lyra lo miró con incredulidad.

—Entonces ¿qué es?

Sahmir se acercó un poco más.

—Destino.

Lyra apretó los puños.

—Yo no creo en tu destino.

Por un momento el silencio llenó la habitación.

Entonces Sahmir extendió su mano hacia el brazo de Lyra.

La marca de serpiente comenzó a brillar.

Lyra sintió un calor recorrer su cuerpo.

—¿Qué… qué estás haciendo?

—Nada —respondió Sahmir—. Solo reaccionó a mi presencia.

Lyra retiró el brazo rápidamente.

—No soy parte de tu reino.

Sahmir la observó con calma.

—Tal vez no todavía.

Lyra frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Sahmir caminó hacia una gran ventana abierta en la roca.

—Ven.

Lyra dudó… pero su curiosidad fue más fuerte.

Se levantó lentamente y caminó hasta la ventana.

Cuando miró hacia afuera… sus ojos se abrieron con sorpresa.

Frente a ella se extendía un inmenso reino subterráneo.

Torres de piedra negra.

Puentes tallados en roca.

Ríos brillantes que atravesaban la caverna.

Y cientos de antorchas iluminando la ciudad.

Serpientes gigantes se deslizaban entre los edificios mientras guardias con armaduras patrullaban las calles.

Lyra susurró:

—Esto es imposible…

Sahmir cruzó los brazos.

—Bienvenida al Reino de las Escamas.

Lyra lo miró.

—¿Por qué me trajiste aquí?

Sahmir la observó fijamente.

—Porque tu nacimiento cambió el destino de dos reinos.

Lyra negó con la cabeza.

—Yo solo soy humana.

Sahmir se acercó un poco más.

—No.

Sus ojos verdes brillaron con intensidad.

—Tú eres mucho más que eso.

Muy lejos de allí…

En el bosque de Luna Negra, Arden se encontraba en medio del claro destruido por la batalla.

Sus manos estaban cerradas con fuerza.

—La voy a traer de vuelta —dijo con rabia.

Los lobos lo miraron.

Arden levantó la cabeza hacia la luna.

—Aunque tenga que bajar al mismísimo reino de las serpientes.

La guerra apenas estaba comenzando.




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