La hija de la Luna

El juramento del lobo

Capítulo 5

El bosque de Luna Negra estaba en silencio.

El claro donde había ocurrido la batalla estaba lleno de marcas de pelea: tierra removida, ramas rotas y huellas profundas en el suelo.

Los lobos caminaban entre los restos del combate, recogiendo armas abandonadas y ayudando a los heridos.

En el centro del claro estaba Arden.

Miraba el suelo donde había desaparecido Lyra.

Sus puños estaban tan apretados que sus uñas marcaban la piel.

—Se la llevaron… —murmuró uno de los lobos.

Otro gruñó con rabia.

—Malditas serpientes.

La alfa Kaelyra caminó lentamente hacia Arden.

—Arden.

El joven levantó la mirada.

—Tenemos que ir por ella.

Kaelyra suspiró.

—No es tan simple.

Arden negó con la cabeza.

—¡Claro que sí! Sabemos quién se la llevó.

—El Rey Serpiente —dijo uno de los ancianos con voz grave.

El silencio volvió al claro.

Todos sabían lo que eso significaba.

El reino de las serpientes estaba muy lejos… y profundamente oculto bajo la tierra.

Nadie de la manada había entrado allí en generaciones.

—Si vamos —continuó el anciano— podría comenzar una guerra.

Arden apretó los dientes.

—La guerra ya empezó cuando atacaron nuestra manada.

Kaelyra observó al joven lobo con atención.

—¿Y qué harías si entras en su reino?

Arden respondió sin dudar.

—Traeré a Lyra de vuelta.

Un murmullo recorrió a los lobos.

La alfa caminó lentamente alrededor del claro, pensando.

Finalmente habló.

—No podemos enviar a toda la manada.

—Entonces iré solo —dijo Arden.

—No.

Arden la miró sorprendido.

Kaelyra señaló a tres lobos jóvenes que estaban cerca.

—Un pequeño grupo irá contigo.

Los lobos se acercaron.

Uno era alto y fuerte, con cabello oscuro.

Torin.

La segunda era una chica de mirada seria.

Nyra.

Y el tercero sonrió con confianza.

Cael.

Arden los miró.

—¿Vendrán conmigo?

Torin cruzó los brazos.

—Las serpientes atacaron nuestro hogar.

Nyra asintió.

—Además Lyra es parte de la manada.

Cael sonrió.

—Y alguien tiene que evitar que hagas algo demasiado estúpido.

Por primera vez desde la batalla, Arden dejó escapar una pequeña sonrisa.

Kaelyra se acercó a él.

—El camino al reino serpiente es peligroso.

—Lo sé.

—Muchos túneles están protegidos por criaturas antiguas.

—No importa.

Kaelyra lo observó en silencio.

Luego colocó una mano en su hombro.

—Tráela de vuelta.

Arden levantó la mirada hacia la luna.

Sus ojos brillaban con determinación.

—Lo haré.

Mientras tanto…

En lo profundo del Reino de las Escamas, Lyra caminaba por un largo pasillo de piedra acompañada por dos guardias serpiente.

Miraba las paredes llenas de símbolos extraños.

—¿A dónde me llevan?

Los guardias no respondieron.

Las grandes puertas al final del pasillo se abrieron lentamente.

Dentro estaba Sahmir, sentado en un trono tallado con serpientes.

Lyra frunció el ceño.

—¿Ahora qué quieres?

Sahmir la observó con calma.

—Mostrarte algo.

Lyra cruzó los brazos.

—No me interesa.

Sahmir hizo un gesto.

Las enormes puertas del fondo se abrieron.

Más allá había una sala oscura.

En el centro… brillaba una piedra antigua cubierta de símbolos verdes.

La marca en el brazo de Lyra comenzó a arder otra vez.

—¿Qué es eso…?

Sahmir se levantó lentamente del trono.

—La razón por la que naciste.

Lyra lo miró confundida.

—Y la razón por la que… —continuó Sahmir— el destino de los lobos y las serpientes depende de ti.

La marca volvió a brillar con fuerza.

Y por primera vez… Lyra sintió algo extraño dentro de ella.

Algo antiguo.

Algo poderoso.

Algo que acababa de despertar.




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