La hija de la Luna

Los túneles prohibidos

Capítulo 7

La oscuridad de los túneles era profunda.

Solo una pequeña antorcha iluminaba el camino mientras Arden, Torin, Nyra y Cael avanzaban lentamente por el pasaje de piedra.

El aire era frío y húmedo.

Y el silencio… demasiado pesado.

—Odio los túneles —murmuró Cael en voz baja—. Prefiero mil veces el bosque.

Nyra lo miró con una ceja levantada.

—Entonces debiste quedarte.

Cael suspiró.

—No iba a dejar que Arden hiciera esta locura solo.

Arden caminaba adelante del grupo, concentrado.

Sus ojos recorrían cada rincón del túnel.

—Manténganse atentos —dijo—. Las serpientes podrían estar cerca.

Torin apoyó una mano en la pared de piedra.

—Estos túneles son antiguos… mucho más de lo que pensaba.

Nyra asintió.

—Mi abuela hablaba de ellos. Decía que fueron construidos antes de que existieran los reinos de lobos y serpientes.

Cael tragó saliva.

—Eso no suena nada tranquilizador.

De pronto, Arden levantó la mano.

—Esperen.

Todos se detuvieron.

Algo se escuchaba en la distancia.

Un sonido suave… arrastrándose por la piedra.

Sssssss…

Torin apagó la antorcha rápidamente.

La oscuridad los envolvió.

—No se muevan —susurró Arden.

Una enorme serpiente negra se deslizó lentamente por el túnel frente a ellos.

Sus ojos amarillos brillaban en la oscuridad.

Era más grande que cualquier serpiente que hubieran visto antes.

Nyra contuvo la respiración.

La criatura pasó lentamente frente a ellos… sin notar su presencia.

Cuando finalmente desapareció en otro túnel, Cael dejó escapar el aire.

—Eso estuvo cerca.

Torin volvió a encender la antorcha.

—Esas deben ser las guardianas de los túneles.

Arden miró hacia el camino que tenían delante.

—Entonces significa que estamos cerca del reino serpiente.

Nyra cruzó los brazos.

—¿Seguro que Lyra está allí?

Arden respondió sin dudar.

—Sí.

Cael lo miró.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

Arden tocó el suelo donde había marcas antiguas de serpientes talladas en la piedra.

—Porque ese rey vino personalmente por ella.

Torin asintió.

—Eso significa que es importante.

Arden apretó los puños.

—Más importante de lo que imaginamos.

Mientras tanto…

En el Reino de las Escamas, Lyra estaba sentada junto a una ventana de piedra observando la ciudad subterránea.

Las luces verdes iluminaban las torres y los puentes.

Pero su mente estaba en otro lugar.

—Arden… —susurró.

La puerta de la habitación se abrió lentamente.

Sahmir entró.

—Pensé que estarías descansando.

Lyra no lo miró.

—Tus guardias dijeron que hay lobos en los túneles.

Sahmir no respondió de inmediato.

—Los exploradores vieron movimiento —dijo finalmente.

Lyra se levantó rápidamente.

—¡Es Arden!

Sahmir la observó con calma.

—Probablemente.

Lyra dio un paso hacia él.

—Entonces déjalos irse.

—No puedo hacer eso.

—¡Ellos solo vienen por mí!

Sahmir cruzó los brazos.

—Exactamente.

Lyra lo miró con rabia.

—No voy a quedarme aquí.

Sahmir habló con voz firme.

—Eso no depende solo de ti.

Lyra levantó su brazo mostrando la marca.

—Entonces explícame algo.

La marca brillaba débilmente.

—¿Por qué esta cosa sigue reaccionando a todo?

Sahmir la observó con atención.

—Porque tu poder está despertando.

Lyra frunció el ceño.

—¿Qué poder?

Sahmir se acercó lentamente.

—El poder que decidirá el destino de dos reinos.

En ese mismo momento…

Muy cerca del palacio serpiente…

Arden y su grupo salían de los túneles.

Frente a ellos, por primera vez, apareció el Reino de las Escamas.

Y la misión de rescate estaba a punto de volverse mucho más peligrosa.




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