Arden y su grupo se escondían entre enormes rocas al borde de la caverna.
Frente a ellos se extendía el Reino de las Escamas.
La ciudad subterránea brillaba con miles de luces verdes. Torres de piedra negra se elevaban hacia el techo de la caverna, conectadas por puentes y escaleras talladas en la roca.
Serpientes gigantes se movían lentamente entre los edificios.
Guardias con armaduras oscuras patrullaban las calles.
Cael abrió los ojos con sorpresa.
—Esto es… enorme.
Torin observó los caminos de la ciudad con atención.
—Y está lleno de guardias.
Nyra señaló una torre más alta que las demás.
—Ese debe ser el palacio.
Arden miró la torre.
En lo alto se veía una gran ventana iluminada.
—Lyra está allí.
Cael lo miró.
—Entrar a ese lugar será imposible.
Arden negó con la cabeza.
—No imposible.
Nyra cruzó los brazos.
—Solo muy peligroso.
Torin señaló un túnel más pequeño que conectaba con la ciudad.
—Podemos entrar por allí.
Arden asintió.
—Nos moveremos cuando cambie la guardia.
Mientras tanto…
En el palacio serpiente, Lyra caminaba por un largo balcón de piedra junto a Sahmir.
Desde allí podía ver toda la ciudad.
—Nunca imaginé algo así bajo la tierra —dijo en voz baja.
Sahmir observó el reino con orgullo.
—Nuestro pueblo ha vivido aquí durante siglos.
Lyra lo miró.
—¿Siempre estuvieron en guerra con los lobos?
Sahmir guardó silencio por un momento.
—No siempre.
Lyra frunció el ceño.
—Entonces ¿qué pasó?
Sahmir apoyó una mano en la baranda de piedra.
—Hace mucho tiempo… lobos y serpientes vivían en equilibrio.
Lyra se sorprendió.
—¿En serio?
—Sí.
Sus ojos verdes se oscurecieron un poco.
—Hasta que una traición rompió la alianza.
Lyra lo observó con curiosidad.
—¿Qué tipo de traición?
Sahmir estaba a punto de responder…
Cuando un guardia apareció corriendo.
—¡Majestad!
Sahmir giró hacia él.
—Habla.
El guardia respiró agitadamente.
—Se detectaron intrusos cerca del mercado inferior.
Sahmir frunció el ceño.
—¿Lobos?
—Sí.
Lyra sintió que su corazón se aceleraba.
Arden había llegado.
Sahmir miró a los guardias.
—Refuercen las patrullas.
El guardia se inclinó.
—Sí, majestad.
Cuando el guardia se fue, Lyra habló rápidamente.
—No tienes que lastimarlos.
Sahmir la miró.
—Ellos entraron a mi reino.
—Porque me secuestraste.
Sahmir suspiró.
—No entiendes la situación.
Lyra levantó la voz.
—¡Claro que no! ¡Nadie me explica nada!
La marca en su brazo comenzó a brillar de nuevo.
Un pequeño temblor recorrió el suelo del balcón.
Ambos lo sintieron.
Sahmir miró la marca con sorpresa.
—Interesante…
Lyra lo miró.
—¿Qué significa eso?
Sahmir respondió en voz baja.
—Significa que tu poder está reaccionando… a su presencia.
Lyra abrió los ojos.
—¿Arden?
Sahmir asintió lentamente.
—Parece que tu conexión con él es más fuerte de lo que pensaba.
Mientras tanto…
En las calles del reino serpiente…
Arden y su grupo avanzaban ocultos entre las sombras.
Pero desde lo alto de una torre…
Un par de ojos verdes los observaba.
Una serpiente gigante levantó la cabeza.
Y soltó un silbido que resonó por toda la ciudad.
Sssssss…
La alarma acababa de comenzar.