La hija de Lucifer.

capitulo 5.

Capitulo 5.

Siempre había pensado que las cosas fantasiosas existían; fantasmas, duendes, híbridos. Pero nunca había pensado en verlos alguna vez, y no como lo estoy haciendo ahora.

La vida da giros inesperados. Las personas normales encontraban al amor de su vida de la nada; el tipico amor bueno y fantástico, tienen hijos, y mueren, al menos, ese era el giro de 360 del 99% de la población, pero en mi caso, soy de ese 1%.

Zaid fue directamente con la bruja con la que estaba discutiendo, mientras que yo, bueno, tan solo veía a todos los demás trabajar. Después de 30 minutos pensando que en cualquier momento saldría moho a mí alrededor por no moverme, Zaid me dedicó una mirada, inclinando la cabeza para que vaya hasta donde se encontraba él. Negué con la cabeza con los ojos bien abiertos, Zaid alzó una ceja y supe que esa era su firma, aquellas cejas gruesas y bonitas, tan expresivas mandaban a medio mundo a sus pies.

Con pasos lentos, acerqué mi cuerpo hacia la mesa en la que estaba, vacilante y dudosa a medida que estaba más cerca de ellos, hasta que, en uno de esos pasos, todo fue oscuridad.

El pánico creció en mi interior con dolor, aquel sentimiento que iba conociendo más en estos días que en toda mi vida. No había nada ni nadie. Al principio, lo único que se escuchaba en la desdichada habitación en negro era mi profunda y pesada respiración, pero un agudo grito comenzó a ser escuchado.

Era un bebé.

Comencé a avanzar de a poco, intentando seguir aquel llanto tan familiar para mí, lo cual me parecía extraño, pero decidí seguir mi instinto. Repetía una y otra vez “Esto no es real” para calmar los nervios internos que habitaban en mí. Solo tendría que estar aquí un rato más y me iría.

  • Shhh – decía la voz de un niño, una al igual que el llanto, demasiado familiar -. Te van a escuchar, Samara, calla.

“¿Samara?” pensé. Ya había escuchado ese nombre, me habían llamado por él. Puse toda mi atención en su conversación.

Fuera del lugar en donde estaba, se escuchaban gritos, agonizantes y de dolor, no podía localizar de donde provenían, pero sabía que no estaban dentro.

Una mujer gigante, alta y morena entró a la habitación, con sangre por toda la cara, vestía de un largo vestido blanco y precioso, pero dañado por la sangre y tierra, su cara reflejaba impaciencia, realmente estaba enojada. Una vez que entró, el lugar en donde estaba se llenó de luz, pero no cualquier luz, era una realmente iluminante, que emanaba de ella. Tapé mi boca con sorpresa al ver las enormes y bellas alas que se encontraban en su espalda.

  • ¿Dónde está? – preguntó, nadie respondió, cuando busqué por la pequeña cabaña, en la cual me encontraba, no había completamente nada ni nadie, tan solo unas camas, una cuna, espejos y cadenas, al igual que una escalofriante chimenea.

La mujer con buen aspecto tenía los ojos llenos de lágrimas, buscaba y rebuscaba por todas partes. - ¡NO ESTÁ AQUÍ! – vociferó a personas que se encontraban detrás de ella.

Un gran golpe en la mejilla me sacó de mi ensoñación, puse mi mano en ella, intentando enfocar al causante. Ya había luz, una luz normal y corriente, estaba en los túneles, con brujas a mí alrededor, mientras que Zaid les gritaba a todos.

  • ¡Le habéis pegado! Lo vuelven a hacer y no me importa nada, los delataré ante Dios, ella es mía, tiene un ángel para no tener que pasar por esto. Aléjense, por favor – ordenó, manteniendo su amabilidad. Una sonrisa escapó de mis labios, escuchar a tu ángel guardián cuidándote en fascinante, pero después de todo, ese es su deber. Zaid frunció el ceño. - ¿Ahora por qué sonríes?

Me puse seria. El también sonrió, mostrando una preciosa dentadura blanca, marcando hoyuelos a los lados de sus mejillas pálidas.

  • Las brujas necesitan examinarte, Amelia, no sabemos lo que eres, y necesitamos averiguarlo, pero primero, dime qué te pasó.

Una vez que estaba a nada de responder, una gélida voz susurró a mi cabeza. “No le digas, no le digas, no le digas”. Fruncí el ceño. Las palabras salieron más rápido de lo que pensé, sin siquiera darme cuenta.

  • Nada.

Zaid frunció el ceño.

  • No me mientas.

¿Cómo sabe que estoy mintiendo?

“Porque es un ángel”. Ah, cierto. Debía suponer que conoce al humano mejor que nadie.

  • No estoy mintiendo.

Sus ojos celestes me vieron con indignación, pero después, su mirada cambió, estaba estudiándome. Parecía estar confundido.

Finalmente puso sus labios rojizos en una fina línea. – Vale.

Fuí directamente hacia la bruja, todas me seguían viendo de una manera no muy amable. Suspiré profundamente. Vale, solo sería ser analizada por ellas y me iría.

Después de un largo proceso en donde seguía sin hacer nada más que ver a la bruja haciendo su trabajo, sintiendo mi mano y trazando cosas en ella, habló.

  • Nada. – dijo.




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