La Hija del Mariachi: Promesa de Amor

Capítulo 05: Y mi palabra es la Ley

Capítulo 05:
Y mi palabra es la Ley

El concesionario de Autos Premier lucía espectacular esa tarde. El evento de lanzamiento de ese día aún no daba inicio de manera oficial, pero varios de los invitados ya estaban ahí, disfrutando de la bebida y los bocadillos que habían traído para ellos, ansiosos por ver lo que estaban por ofrecerles.

No habían escatimado en nada.

Las luces blancas instaladas en el techo caían sobre la principal sala de exhibiciones, alumbrando principalmente los vehículos cubiertos con lonas negras, ocultos de momento de la vista de los curiosos hasta que la revelación llegase. Las copas de cristal tintineaban de mano en mano, mientras los meseros contratados, pulcramente uniformados, se deslizaban entre los grupos de invitados asegurándose de que nadie tuviera su copa vacía. En el centro de la sala habían instalado una tarima baja con el logo de la empresa, globos y un más que óptimo sistema de sonido. Y claro, un par de hermosas edecanes en vestidos ajustados, listas para atender y guiar a los recién llegados.

Había de todo esa tarde: empresarios, inversionistas y hasta un par de caras conocidas de la política. Todos recorrían el lugar con sonrisas y expresiones calculadas, mirando curiosos las lonas negras, queriendo echar un vistazo debajo, y ya comenzaban a comentar temas de cifras, ediciones limitadas, personalización y tiempos de entrega con los asesores.

Todo pintaba para ir de maravilla, incluso teniendo en cuenta el pequeño detalle del retraso que tenían con el último cargamento de Italia. Eso los tenía un poco nerviosos, pero ya estaba por llegar, según les habían informado. Apenas a tiempo, al estilo mexicano.

Emiliano Sánchez Gallardo contemplaba todo desde la parte superior del recinto, donde se encontraban las oficinas administrativas. Estaban estratégicamente separadas del bullicio del salón por una escalera de vidrio y acero que Emiliano había insistido al arquitecto para incluir en el diseño. La escalera daba a un pasillo y terraza de vidrio, desde la cual se veía todo el concesionario; como un rey viendo desde su balcón sus dominios, si estaba bien que él lo pensara, aunque nunca lo diría en voz alta a riesgo de sonar demasiado pretensioso.

Mientras observaba cómo se movía todo debajo, apoyado en el pasamano de metal del barandal de cristal, Emiliano recordaba cómo había comenzado todo aquello. Habían abierto apenas tres años atrás, en un local mucho más pequeño que ese, medio vacío, solo sus dos socios y él, cuatro autos y demasiada ambición. Claro, tenía la fortuna y el nombre de su familia como respaldo, así que no era tan egocéntrico para decir que había empezado desde cero él solo. Pero eso no significaba que no hubieran tenido que trabajar para llegar hasta donde estaban. Y ese evento era justo la culminación de todo ese esfuerzo.

Pero de ahí en adelante, todo sería para arriba y sin freno.

—Emiliano —escuchó que alguien le hablaba a un lado, sacándolo de sus ensoñaciones.

Se giró hacia un lado, y vio la inconfundible imagen de su padre, Roberto Sánchez Gallardo, subiendo por su lujosa escalera de vidrio a su encuentro. Vestía, como casi siempre, uno de sus elegantes trajes azul marino y corbata tornasol. Y claro, su cabello cano perfectamente peinado y arreglado.

—¡Papá! ¡Viniste! —exclamó Emiliano con emoción, y se aproximó rápidamente a su padre para estrecharlo en sus brazos con entusiasmo. Él le regresó el abrazo, aunque con menos efusividad.

—Solo un momento, me temo —se explicó don Roberto con su habitual voz calmada—. Mañana es el gran día de tu hermana, y aún hay algunas cosas que preparar.

—¿Para qué te haces? Si los dos sabemos que mi mamá se está encargando de todo desde que Cristina tenía quince —bromeó Emiliano, dándole un par de palmadas en el hombro a su padre.

Don Roberto le ofreció una pequeña sonrisa, casi melancólica.

—Cuando tengas una hija y te toque vivir el día previo a tener que entregarla en el altar, entenderás toda la vorágine de emociones por la que estoy pasando.

—Dios me libre de pasar por eso —exclamó Emiliano, casi asustado ante la sola posibilidad—. Pero mira, deja que te muestre cómo quedó todo.

Desde su posición elevada, Emiliano comenzó a señalarle a su padre los detalles del montaje, y le explicaba además los detalles del evento. Le enseñó además los folletos con toda la información de los vehículos que presentarían; todos unas verdaderas bellezas de lujo y modernidad. Don Roberto ponía suma atención a cada una de sus explicaciones, observándolo todo con esa expresión suya que, por un lado, parecía satisfecha, pero por el otro Emiliano siempre sentía que lo evaluaba de una u otra forma.

—La nueva línea llega directo de Europa —le explicaba Emiliano—. Quince modelos de lujo, de cinco de las marcas de mayor prestigio del mundo. Tres de ellos con exclusividad de venta por los próximos seis meses en todo el territorio nacional.

—¿Exclusividad de venta? —exclamó don Roberto, sorprendido—. ¿Cómo lo lograste?

—Con algo de negociación agresiva y un par de buenas botellas de tequila —indicó Emiliano con voz risueña. Era difícil determinar qué tanto de eso era broma—. Preventa ya cerrada del 70 % del primer lote, antes de que pisen siquiera las calles de la ciudad. Ya tenemos lista de espera para los siguientes meses. Míralos, son una belleza. Apúrate y puede que todavía te consiga uno de los que están por llegar.



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En el texto hay: mexico, colombia, telenovela

Editado: 01.03.2026

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