Capítulo 06:
Como un hombre de delito
El evento inició oficialmente, al fin. Pese a los retrasos, los invitados seguían reunidos y expectantes en la sala de exhibiciones en el momento en el que la música bajó de nivel y las luces del techo se enfocaron en la pequeña tarima. Poco a poco, se fueron congregando frente a esta.
Emiliano subió a la tarima con micrófono en mano, y al instante fue recibido por una serie de aplausos. El empresario agradeció el gesto con una de sus amplias y características sonrisas y un movimiento de su cabeza. Desde su posición, escudriñó al público ante él. Por ahí divisó a Martín y Steve al fondo de la sala, y a Felipe entre la multitud que al parecer se había tomado en serio su sugerencia de que se tomara una copa.
Toda la preparación, negociaciones y viajes de meses al fin daban frutos ante él. Esa noche marcaba una nueva etapa para su empresa y para sí mismo. Ahora nada podría pararlos en su avance a la cima.
Una vez que los aplausos terminaron, Emiliano acercó el micrófono a sus labios y comenzó a hablar.
—Muy buenas tardes —los saludó con elocuencia. Su voz llenó la sala por completo, y jaló la atención de cualquiera que no lo hubiera estado mirando ya—. Gracias a todos nuestros distinguidos invitados por estar aquí. Este es un momento muy importante para todos nosotros. Hace tres años, Autos Premier abrió con una idea muy simple en mente: demostrar que en este país existen personas que entienden que un automóvil no es solo un medio de transporte, sino una parte de uno mismo; un reflejo de personalidad, de gusto, una declaración de lo que se es y lo que se aspira ser. Y merece ser tratado como tal.
»Por eso es un gran honor para mí presentarles el día de hoy nuestra nueva línea europea. Quince modelos de cinco de las marcas más exclusivas del mundo, que llegaron desde el otro lado del océano, para encontrar a esas personas que saben que lo extraordinario es posible, y no se hace esperar.
Hizo en ese momento la señal con la mano, que les indicó a sus trabajadores en la sala que comenzaran a retirar las lonas. Una a una fueron cayendo, revelando los majestuosos coches que debajo ocultaban. Brillantes, elegantes y, por supuesto, costosos con tan solo mirarlos.
Los aplausos volvieron a resonar de nuevo, junto con los flashazos de las cámaras fotográficas.
—Gracias por confiar en nosotros —prosiguió Emiliano desde la tarima—. Y gracias, sobre todo, por compartir nuestra visión. Por favor, siéntanse libres de recorrer la sala y ver cada modelo de cerca. Si tienen cualquier pregunta, yo o alguno de nuestros asesores estaremos encantados de resolverla. Disfruten la velada.
Otra ronda de aplausos se hizo presente mientras Emiliano bajaba del escenario. A su avance, muchos de los invitados se aproximaron a él para felicitarlo, estrechar su mano e intercambiar algunas palabras rápidas.
Una vez estuvo más libre, se aproximó hacia Martín y Steve.
—Muy bien, Emiliano. Muy bien —le felicitó Steve con efusividad, alzando su copa hacia él.
—Gracias —respondió con una media sonrisa—. ¿Ya aparecieron las llaves de Felipe?
—En eso estoy, en eso estoy. Tú, tranquilo.
—Igual no te claves tanto con eso —intervino Martín—. Ahorita hay clientes que atender, tratos que cerrar, entregas de preventa que agendar…
—Está bien, está bien —cedió Emiliano—. Ayúdenme entonces a atender también a los invitados, ¿sí? Es bueno que vean la cara de los tres socios presentes. Pero al final de la velada quiero esas llaves, ¿estamos?
—Cuenta con ello —le respondió Steve, intentando transmitir una confianza que, por algún motivo, a Emiliano no le pareció del todo sincera.
— — — —
El evento siguió con normalidad y con bastante optimismo. Emiliano y el resto de su personal se encargaron de atender las preguntas de cada uno de los invitados interesados. Emiliano en persona cerró dos tratos de palabra ahí mismo, y agendó otras dos pruebas de manejo para los siguientes días. Y por lo que alcanzaba a escuchar de las conversaciones que Martín, Steve y los asesores tenían por su cuenta, todo parecía indicar que alcanzarían sin problema sus predicciones.
Todo marchaba tal y como Emiliano esperaba.
Hasta aproximadamente una hora después del inicio del evento, cuando todo se cayó a pedazos de golpe.
Emiliano estaba atendiendo a un posible inversionista de Guadalajara muy interesado en uno de sus modelos Aston Martin exclusivos, cuando las puertas principales del concesionario se abrieron de par en par con una fuerza que hizo vibrar los cristales. Emiliano se giró de inmediato hacia la entrada, junto con varios otros que tuvieron la misma exacta reacción, y lo que vio entrar por las puertas lo dejó totalmente aturdido.
Eran varias personas, tantas que Emiliano no pudo contarlas en un inicio. Todos vistiendo chalecos negros con letras blancas, varios de ellos con rifles en mano alzados y armas cortas enfundadas, pero visibles, en sus cinturas, junto con radios y esposas.
Antes de que cualquiera pudiera terminar de procesar lo que ocurría, uno de los intrusos proclamó en alto su presencia e identidad para dejar ambas lo suficientemente claras:
—¡Policía Federal! ¡Nadie se mueva!