A veces fantaseo con ese futuro.
Al salir del trabajo después de un día largo, veo un mensaje tuyo, faltan algunas cosas para la cena. Paso por el super: arroz, cebolla, zanahoria, queso, servilletas y creo olvidarme de algo; pero lo esencial está. Pago me subo al auto, escucho música, llego a casa, respiro profundo pensando en una excusa para lo faltante. Abro la puerta y oigo risas, ya no somos solo dos. Pasos apresurados, ladridos y vocecitas agitadas van de un espacio a otro; el pasillo se hace eterno. Durante el día estuve pensando en el viaje, todavía no se que vamos a hacer con los niños, las mascotas, la casa, las plantas… no quiero hacer ese viaje, no quiero volver a ser solo dos. Un suspiro largo y exagerado se me escapa, espero no lo hayas escuchado, hoy no. Una puntada en la cabeza me detiene, me estremezco con un grito agudo y más risas, cada vez más fuerte, siento que en cualquier momento voy a explotar. Extraño esa época en la que no nos habíamos conocido. A solo unos pasos de la puerta de madera barnizada, odio no haberla pintado de algún color, odio el olor a barniz, odio el picaporte antiguo; abro esa aberración a la que llamamos puerta para dejar las compras y no hay nadie. Las risas, las voces, los pasos se apagan, el olor barniz desaparece, el blanco y un picaporte de este siglo me sonríen.
Cierto, a veces fantaseo con ese futuro que no podremos tener.
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Editado: 06.02.2026