La historia del olvido

La plaza

Me senté en ese espacio diminuto, me raspa un poco la pierna, levanto la vista y me encuentro con mi perdición. Son tan claros como los recordaba, estudian cada centímetro de mi, fascinada escucho su resultado armonioso donde casi todo sigue igual. El dulce llena mis sentidos, me vuelven a elevar de a poco con cada nota que creas, te veo casi como antes. Degustando cada segundo me permito hundirme en esa calidez que irradiamos. Sin embargo, algo me sigue molestando en las piernas. Vuelvo a ellos, mis captores me llevan a través de nuestra historia. ¿Te dije que son excelentes narradores? Recuerdo esa remera, nuestro quinto aniversario, los busco en tu yo más joven y no encuentro colores; el gris opaco me desencaja solo un poco. De pronto un viento helado consume la burbuja de fuego en la que nos encontrábamos, estiró la mano y me encuentro con una piedra helada donde alguna vez estuvo mi sostén.

Cierto, pongo la bolsa con las pocas pertenencias que te olvidaste en mi casa sobre la mesa y me voy sin mirar atrás.




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