La Historia Entre Los Dos

8 ⌘ Campamento Blue Oaks Parte 1

El viaje al embalse de Camanche en donde se llevaría a cabo el campamento, fue un tanto monótono y aburrido. 

En total llenaron unos cuatro autobuses, donde no importó en que salón en el que estuvieran, eran libres de sentarse con quien quisieran. Aunque Tai nunca entendió porque Asher se había terminado sentando detrás de ella con un mohín molesto, justo cuando James llegó muy alegre a ocupar el lugar junto a ella.

La duración del trayecto fue de aproximadamente una hora, en las que no supo porque el autobús tuvo la audacia de poner una película, siendo ignorada por sus tripulantes que se entretenían hablando con sus compañeros. 

Casi al llegar, el profesor encargado de ese grupo, se levantó para llamar su atención y decirles que tendrían que caminar dentro del parque hasta encontrar un área lo bastante grande y abierta donde instalarían las tiendas de campaña y comenzaría el campamento.

El clima durante el fin de semana no era el más alentador para acampar: había una ligera neblina que humedecía el ambiente, a tal grado que provocaba que los vidrios del autobús se hubieran empañado. Tai miró por la ventana, tratando de descifrar las formas detrás de la ventana condensada. 

El autobús se detuvo, acompañado de varios golpes secos en el suelo, seguramente de personas que habían estado paradas durante la mayoría del trayecto y que ante el inesperado amarre del chofer fueron a dar al suelo.

—¡Ouch!

Tai se rió viendo el pasillo. Uno de ellos tenía que ser Harry.

El profesor encargado se levantó antes de ser arrollado por la ola de estudiantes, dando a gritos instrucciones que él mismo estaba seguro nadie haría caso. Así que solo se hizo a un lado, esperando a que todos bajaran del autobús.

James fue amable al salir al pasillo y cederle el paso a Tai, quien agarró su mochila de la parte de arriba de su asiento y se enfiló para salir. 

Un mal paso, los escalones húmedos y el hecho de que su mente estuviera, como siempre, fuera de este mundo, hicieron que Tai se fuera para adelante bajando las escaleras. 

Era de esperarse, ella siempre había sido hasta cierto punto torpe y poco coordinada, pero lo que en definitiva no se esperaba era el hecho de quedar frente a frente con cierto rubio del que creyó haberse librado en otro autobús. 

Ambos se miraban con los ojos abiertos de par en par, sus rostros a escasos centímetros, pero en ningún momento llegaron a tocarse, ya que el brazo de James rodeaba asiduamente su cintura en un acto heroico para salvar a Tailime de irse de bruces contra el pobre transeúnte que coincidiera en el camino.

Alek se quedó congelado en su lugar, con las manos extendidas en un intento por atrapar a la persona que de reojo vio estaba por caerle encima, pero encontrarse con los ojos verdes de Tailime lo descolocaron por un buen rato. Tardó un momento en comprender porque Tailime nunca llegó a sus brazos, alejándose de él hasta quedar parada sobre sus dos pies. 

Detrás de ella, James se acomodó para darle más espacio a Tailime de asegurarse sobre sus pies, a lo que Alek hizo una mueca tras la bufanda que llevaba puesta.

Mne zhal' (Perdón) —fue un susurro que salió de los labios de Tailime, haciendo que Alek parpadeara y sonriera de lado con suficiencia.

Ne bespokoytes' ob etom. (No hay cuidado.)

Tai parpadeó un par de veces, viendo a Alek alejarse detrás de sus amigos, dejándola impactada al escucharlo responderle en ruso.

—¿Estás bien? 

La voz de Asher la hizo mirar hacia atrás, asomando la cabeza por detrás del hombro del inglés, con una ceja alzada, aunque preocupado. Tai sonrió algo avergonzada.

—Si —volvió a murmurar mirando hacia el exterior del autobús, asomándose hacia la izquierda por donde Alek había seguido su camino.

—Eres algo torpe, ¿lo sabías? —la risita de James al bajar del vehículo la hizo sonreír.

Siguieron caminando por un sendero hacia el campo abierto. James no se le despegó ni un minuto con la excusa de salvarla en caso de que cayera por un barranco, aunque iba hablando amenamente con Harry a su lado. Mia, Emma, Max y Asher los seguían por detrás, a unos cuantos pasos. 

Con las manos metidas dentro de las bolsas de la abultada chamarra que la cubría del frío, escondió su boca y su nariz como pudo entre la bufanda que llevaba. 

A pesar de que estaban a la mitad del verano, se estaba haciendo costumbre que una vez cada cierto tiempo la temperatura de la atmósfera descendiera un poco para enfriarse. Aunado a la frescura que producían los árboles de manera natural y la falta de sol, era normal que todos estuvieran tiritando de frío.

Su vista no se despegaba del chico rubio a unos cuantos metros delante de ellos, siendo la mochila que cargaba el único impedimento real para verlo directamente. Sabía que, si las miradas fueran armas, ella ya había perforado la nuca de Alek.

Con qué sencillez había atrapado su atención. 

Aunque hablando de él era muy fácil hacer que su mente se desequilibrara por un buen rato. Pero sabía que incluso esta vez, el motivo era por demás ridículo. 




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