La Historia Entre Los Dos

9 ⌘ Campamento Blue Oaks Parte 2

No fue su intención. Lo juraba. 

Tai tembló, tomando la toalla que había dejado sobre una roca al igual que sus compañeros, justo a la orilla del lago. El short y la playera que tenía puestos sobre el traje de baño estaban empapados. Se giró sobre sus talones, gruesas gotas de agua fría caían desde su cabello y chocaban contra la tierra.

La mayoría de los alumnos se encontraban sentados a la orilla del lago, donde esperaban su turno para jugar el siguiente partido de waterpolo, actividad que le había seguido después de haber regresado al campamento y cambiado por ropa para nadar. 

Tardó unos diez minutos en cambiarse dentro de la tienda porque no quería encontrarse con Alek después de haberle soltarlo la mano bruscamente. Y claro, después de eso Alek suspiró cansado como si la actitud discriminatoria de Tai hubiera perdido su gracia, dando media vuelta y caminando hacia Luka al final de la fila. 

Huyó en cuanto escuchó pasos fuera de la tienda, y se sintió algo idiota cuando descubrió que solo era Sophia la que se acercaba. Por fortuna no tuvo que toparse con Alek hasta que estuvieron en el agua.

Maldita agua helada. Tai se abrazó a sí misma con la toalla, recordando cómo tuvo que entrar paso a paso hasta que perdió la sensibilidad en sus piernas cuando el agua le llegaba a la cintura. 

Si ella que estaba cubierta prácticamente se había estado congelando, ¿cómo le habían hecho las demás chicas que llevaban esos diminutos bikinis en una temperatura casi hasta cero? Volvió a temblar limpiándose el agua que escurría en su nariz.

El punto era que los profesores habían tenido la delicadeza de esta vez separar a los niños de las niñas en esta actividad de contacto físico. 

Un respiro para su alma. Gracias. 

No tuvo que preocuparse por tener que toparse con Alek y sus ojos azules mientras durara el partido.

O bueno. Casi no. A excepción de ese pequeño evento en el cual ella aventó la pelota hacia la portería y sin querer le rebotó a Alek en la cabeza y él se giró en busca del culpable. 

Fue ahí donde Tai tuvo que sumergirse hasta la nariz para pasar desapercibida, y estuvo casi segura de que pudo hervir el agua a su alrededor con lo calientes que se le pusieron las mejillas. 

Hubiera sido un éxito la misión de pasar por invisible de no ser por la risotada que Luka pegó cuando se percató de su posición bajo el agua y con las mejillas rojas, no precisamente por el frío. 

Alek no le dió mucha importancia, porque solo se giró al notarla, como si nada hubiera pasado.

—Pareces una gelatina.

Una voz a su izquierda hizo que Tai desviara la mirada del lago. ¿Desde cuándo se había perdido viendo los saltos que Alek daba para anotar para su equipo? Se asustó cuando vio a James a su lado con su enorme sonrisa, usando solamente un holgado traje de baño. Ni siquiera era el traje de baño del equipo de la escuela. 

Se sintió algo tonta cuando entendió que ese no debería de ser el único traje de baño que James o el resto del equipo tenían en su armario.

—¿Por qué no estás jugando? —preguntó Tai tiritando cuando vio que la mayoría de los integrantes del equipo de natación estaban en el agua.

—¿Tú crees que sería justo que todo el equipo de natación estuviera de un mismo lado? —se burló James cuando su capitán le lanzaba la bola a un chico para anotar otro punto. A diferencia del campo de juego femenino, el de los hombres en verdad parecía zona de guerra—. Nos dividimos en cuatro para poder equilibrar el resto de los equipos. Lamentablemente, perdimos contra el equipo del capitán.

—Vaya —Tai sorbió por la nariz cuando el grito de victoria de Serge se escuchó cuando anotó otro gol—. ¿No tienes frío?

James parpadeó cuando la vio temblar de pies a cabeza. No estaba haciendo tanto frío como para que tiritara de esa manera. ¿O sí? 

Sonrió cuando el rubor en las mejillas de Tai apareció, envolviendo también su nariz que seguía chorreando gruesas gotas de agua desde el cabello. Por debajo de la toalla que la envolvía, la ropa se le pegaba a la piel de lo empapada que estaba. 

—No realmente —se burló el inglés cuando se giró para tomar la toalla en la que había estado sentado para ponerla sobre la toalla húmeda en la que Tai estaba envuelta—. La temperatura del agua aquí es similar a la del agua donde entrenaba en Londres. Así que estoy acostumbrado…

Tai cerró los ojos cuando algo empapado impactó el brazo de James, muy cerca de su rostro. El sonido pastoso del hule mojado chocando contra la piel la asustó cuando sintió las gotas de agua chocar contra su cara. 

Los volvió a abrir para investigar de qué se trataba, cuando notó que James se inclinaba para tomar la pelota roja con la que los chicos habían estado jugando waterpolo, por lo que dirigió su vista hacia el lago. 

Tai se cubrió la mitad de la cara con la toalla cuando se encontró con Alek mirándola directamente como si hubiera cometido el peor error de su vida, el rencor palpable en la mirada, provocándole un vacío en el estómago. A un lado de Tai, James volvió a erguir con su habitual sonrisa y lanzó la pelota de vuelta al agua.

—¡Saca el equipo azul! —gritó uno de los profesores a la orilla del lago—. Ten más cuidado la próxima vez, Ivanov.




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