La humana del alfa de Agua

Capítulo 3: El Alfa del Agua

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Aurelian todavía no comprendía cómo aquella humana había conseguido levantarlo de la carretera. Neferet era mucho más pequeña que él, carecía de fuerza sobrenatural y sus brazos habían temblado bajo su peso; aun así, lo había sacado del barro, subido al automóvil y conducido a través de una tormenta capaz de obligar a cualquier otra persona a abandonarlo.

También había ignorado cada una de sus advertencias.

En lugar de dejarlo donde lo encontró, lo llevó hasta su casa, cortó su camisa y presionó una herida que debería haberse cerrado antes de que alcanzaran el porche. La sangre continuaba escapando bajo la venda porque el veneno había contaminado su vínculo con el agua y su propio elemento ya no podía sanarlo.

Lo más desconcertante no era la obstinación de Neferet, sino la reacción de Nerion. Su lobo jamás toleraba que un humano se acercara cuando estaban heridos y mucho menos que colocara las manos sobre su cuerpo, sin embargo, permanecía extrañamente tranquilo desde que ella lo había tocado, observándola desde el interior de su conciencia sin mostrar hostilidad.

Aurelian habría intentado comprender aquella docilidad si tres golpes no hubieran sacudido la puerta. La madera crujió dentro del marco y algo arañó lentamente el exterior, provocando que Neferet permaneciera inmóvil junto a la lámpara.

El miedo aceleró el corazón de la humana, aunque ella levantó el mentón como si pudiera ocultarlo.

Los habían encontrado.

Aurelian se obligó a ponerse de pie y se colocó entre Neferet y la entrada. El movimiento volvió a abrirle la herida, pero el dolor dejó de importarle cuando una sombra atravesó las cortinas y se detuvo frente a la ventana.

—Apáguela ahora.

Vio a la humana reaccionar y corrió hacia la lámpara, la sala quedó sumergida en la oscuridad cuando tiró del interruptor, aunque los relámpagos continuaron filtrándose entre las cortinas y dibujando su silueta temblorosa junto a la pared.

Aurelian mantuvo la mirada fija en la puerta, cada latido empujaba el veneno un poco más dentro de su cuerpo.Habían seguido el rastro de la tormenta hasta la casa de Neferet, tal como él había temido.

La humana no debía formar parte de aquello, pero ahora se encontraba rodeada por los mismos hombres que lo habían dejado agonizando junto a la carretera. —Déjame salir —exigió Nerion dentro de su mente.

El lobo se agitó con violencia, intentando alcanzar el control de su cuerpo. Aurelian cerró los puños y contuvo la transformación antes de que el primer cambio pudiera comenzar bajo su piel.

—No.

—Están rodeando la casa.

—Lo sé.

Nerion golpeó nuevamente contra las barreras de su conciencia. En otras circunstancias, Aurelian habría permitido que su lobo emergiera y habría terminado con la amenaza en pocos segundos, pero el veneno se encontraba dentro de ambos.

Transformarse podía matarlos, la hoja que atravesó su costado durante la emboscada no llevaba un veneno común, por eso continuaba sangrando y la tormenta rugía sobre la casa, furiosa e incontrolable, reaccionando al dolor de su alfa sin que Aurelian pudiera dirigirla.

Cada intento de utilizar el agua provocaba que el veneno ardiera dentro de sus venas, la humana dio un paso hacia atrás. —¿Quiénes son? —preguntó en voz baja.

Aurelian no estaba dispuesto a ofrecerle explicaciones que pudieran ponerla en mayor peligro.

—Permanezca detrás de mí.

—Apenas puede mantenerse de pie.

La irritación de Neferet consiguió atravesar por un instante la tensión que llenaba la sala. Aurelian encontró sus ojos oscuros fijos sobre la sangre que comenzaba a descender nuevamente por su costado.

La preocupación de la humana era incomprensible.

Él había llevado la tormenta y a sus atacantes hasta su casa. Le había dado órdenes, ocultado información y rechazado cada intento de ayuda; aun así, ella parecía más preocupada por su herida que por la amenaza al otro lado de la puerta.

—Puedo mantenerme de pie el tiempo suficiente —respondió.

—Eso no me resulta tranquilizador.

Aurelian habría replicado, pero una voz surgió desde el porche antes de que pudiera hacerlo.

—Sabemos que está ahí, Marek.

Aurelian sintió la pregunta formarse en la mente de la humana, pero ella no llegó a pronunciarla porque un golpe hizo crujir la madera alrededor de la cerradura.

—Entréguenos al hombre —continuó esa voz. — y nos marcharemos.

La humana guardó silencio.

Aurelian no podía culparla si decidía abrir la puerta. No lo conocía, no comprendía lo que estaba ocurriendo y tenía todas las razones para creer que él era el origen de aquella amenaza.

Sin embargo, Neferet no se movió hacia la entrada.

—No pienso entregar a nadie. —respondió con una firmeza que no coincidía con el temblor de sus manos. —Márchense antes de que llame a la policía.




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