La humana del alfa de Agua

Capítulo 6: La humana que calmó al lobo

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Aurelian despertó con el aroma de Neferet envolviéndolo y el cuerpo de la humana refugiado entre sus brazos. Durante unos segundos permaneció inmóvil, dividido entre el dolor que atravesaba su costado y la calidez de aquel cuerpo apoyado contra el suyo.

La fiebre había disminuido, pero cada respiración le recordaba el veneno que continuaba extendido bajo su piel. Neferet dormía inclinada sobre él, con la mejilla apoyada cerca de su hombro y una mano descansando sobre el pecho, peligrosamente próxima al símbolo de la manada.

El cansancio suavizaba sus facciones y varias hebras de cabello se habían soltado alrededor de su rostro. Aurelian recordó fragmentos de la noche; su voz pronunciando el nombre de Nerion, los brazos aferrándose a Neferet y una promesa que ella había hecho sin comprender su verdadero significado.

Cerró los ojos con frustración al recordar las palabras exactas que habían escapado de sus labios.

—No la despiertes —ordenó Nerion dentro de su mente.

Aurelian dirigió una mirada hacia la humana que continuaba atrapada entre sus brazos.

—Está acostada sobre mí. —replicó de mala gana.

—Y por primera vez desde la emboscada no siento deseos de arrancarte la piel para salir.

—No confío en ella. Es demasiado impulsiva —Discutió con su lobo.

—La humana mantuvo vivos a ambos. No vuelvas a hablar de ella como si fuera una molestia.

Aurelian intentó retirar lentamente el brazo que rodeaba la cintura de Neferet. El movimiento provocó una punzada bajo las costillas y tuvo que contener el aire para no gemir.

Ella despertó de inmediato, levantó la cabeza y tardó unos segundos en comprender por qué estaba inclinada sobre su pecho. Sus ojos descendieron hacia el brazo que aún la sostenía y después regresaron al rostro de Aurelian.

El rubor apareció con tanta rapidez en sus mejillas que Nerion dejó escapar un sonido satisfecho.

—Despertó… —murmuró ella mientras intentaba incorporarse. —Supongo que ya no necesita utilizarme como almohada.

Aurelian retiró el brazo y Neferet se sentó en el borde de la cama, arreglándose el cabello con movimientos apresurados. Él evitó mirarla demasiado tiempo y dirigió la atención hacia la ventana, aunque no encontró nada interesante.

—Usted se quedó dormida —señaló con más frialdad de la necesaria.

—Porque alguien se negó a soltarme. —dijo la humana y su respuesta le pareció descarada.

—Estaba delirando.

—Claro y fue Nerion quien me abrazó.

El nombre hizo que Aurelian volviera a mirarla. Neferet ya no parecía avergonzada, sino genuinamente intrigada, se acercó para tocarle la frente y él tuvo que resistir el impulso de inclinarse hacia su mano cuando la frescura de sus dedos alivió el calor que aún le quemaba la piel.

—La fiebre bajó un poco —comentó ella. —Ahora puede explicarme quién es Nerion y por qué lleva repitiendo que me necesita.

—Es mi compañero.

Neferet frunció el ceño. —¿También está herido? —Noto preocupación en su tono de voz.

—De cierta manera.

—¿Está en el bosque?

Nerion se acomodó dentro de Aurelian, atento a la conversación.

—Dile que estoy aquí.

—Eso no ayudaría.

—Podría tocarme otra vez.

Aurelian ignoró al lobo y respondió con cautela:

—Está más cerca de lo que imagina.

—Esa respuesta no explica nada.

—No pretendía hacerlo.

Neferet entrecerró los ojos, pero antes de continuar el interrogatorio tomó la botella de agua que había dejado sobre la mesa de noche, Aurelian observó el líquido con desconfianza.

Podía percibir la humedad dentro del recipiente, pero no alcanzarla, el veneno había convertido su elemento en algo lejano y peligroso, una presencia que lo llamaba solo para quemarlo desde el interior.

—Tiene que beber —dijo ella.

—No.

—No era una pregunta.

Neferet acercó la botella a sus labios, Aurelian quiso apartarla, pero Nerion gruñó dentro de su mente.

—Bebe.

—No confío en esa agua.

—Ella la utilizó toda la noche y seguimos vivos. Bebe antes de que la humana vuelva a amenazarte.

Aurelian cedió y tomó varios sorbos. Neferet pareció satisfecha, aunque intentó disimularlo mientras revisaba la venda de su costado, las líneas azuladas seguían allí, extendidas hasta las costillas, pero ya no avanzaban con la rapidez de la noche anterior.

El veneno estaba contenido, no vencido.

—Necesito levantarme —anunció Aurelian.

—Necesita descansar.

—Ya he descansado lo suficiente.




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