La humana del alfa de Agua

Capítulo 7: El agua la reconoció

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Neferet intentó regresar a sus anotaciones después de la promesa de Aurelian, pero las palabras permanecieron dando vueltas en su cabeza con demasiada insistencia.

Cuando me recupere, se lo explicaré.

Como si pudiera admitir que la tormenta lo seguía, hablar de un compañero invisible y llevar sobre el pecho un lobo formado por corrientes para después esperar que ella continuara trabajando tranquilamente hasta que él decidiera revelar el resto.

Lo observó por encima de las hojas, Aurelian seguía sentado frente a la mesa, con la camisa demasiado ajustada sobre los hombros y una mano apoyada cerca de la venda. Parecía más estable que unas horas antes, aunque el cansancio alrededor de sus ojos y la palidez de su rostro desmentían cualquier intento de aparentar fortaleza.

—No voy a esperar —anunció Neferet mientras cerraba el cuaderno.

Aurelian levantó lentamente la mirada, fingiendo no comprender.

—¿Esperar qué? —Pregunto con tranquilidad mientras ella estaba que se comía las uñas

—A que se recupere para contarme la verdad, puede tardar días y llevo menos de cuarenta y ocho horas con un hombre envenenado dentro de mi casa y un río comportándose de una manera que contradice todo lo que estudié durante años. —Apartó el lápiz y apoyó los brazos sobre la mesa. —Creo que he tenido suficiente paciencia.

La mandíbula de Aurelian se tensó.

Neferet empezaba a conocer aquella expresión: aparecía cada vez que él calculaba cuánto podía decir sin revelar nada verdaderamente importante, esta vez no pensaba permitírselo.

Había respetado sus silencios mientras agonizaba, pero ahora estaba despierto, sentado frente a ella y lo bastante recuperado para discutir sobre la cantidad de sal de un caldo.

—Empecemos por Nerion —decidió ella.

El cambio en Aurelian fue mínimo, pero ella lo percibió. Sus hombros se tensaron y durante un instante sus ojos parecieron concentrarse en algo que no estaba dentro de la cocina.

—Ya le dije que es mi compañero.

—También dijo que está más cerca de lo que imagino. —Neferet señaló alrededor con una mano. —He revisado esta casa varias veces y, a menos que Nerion mida cinco centímetros y esté escondido debajo del refrigerador, aquí no hay nadie más.

Ella notó un gesto parecido a diversión en el rostro de Aurelian.

—Se ofendería si la escuchara.

Neferet iba a responder cuando comprendió el verdadero significado de aquellas palabras. Enderezó la espalda y lo observó con atención.

—¿Puede escucharme?

Aurelian guardó silencio unos segundos antes de asentir.

—Sí.

La respuesta consiguió inquietarla más que todas sus evasivas anteriores. Neferet miró instintivamente hacia el pasillo y luego hacia la sala, aunque sabía perfectamente que no había una tercera persona dentro de la casa.

—Entonces ¿dónde está?

—Conmigo.

—Eso sigue sin responderme nada.

Aurelian sostuvo su mirada y, por primera vez, pareció comprender que no conseguiría distraerla con otra respuesta ambigua.

—Está dentro de mí.

Neferet dejó de moverse. Esperó alguna sonrisa, una señal de que intentaba burlarse de ella después de todas las discusiones que habían tenido desde que despertó, pero el rostro de Aurelian permaneció completamente serio.

—La fiebre volvió a subirle —concluyó.

—Estoy completamente consciente.

—Eso es exactamente lo que diría una persona delirando.

Aurelian exhaló con evidente impaciencia y apoyó ambos antebrazos sobre la mesa.

—Nerion no es un hombre.

La mirada de Neferet descendió involuntariamente hacia su pecho, oculto ahora por la camisa. Recordó el tatuaje que había descubierto al limpiar su sangre: la cabeza de un lobo formada por tres corrientes, aquella luna incompleta y la gota colocada sobre el corazón.

—¿Qué es Nerion?

—Mi lobo.

Neferet parpadeó varias veces antes de volver a sentarse correctamente.

—Está diciéndome que tiene un lobo... dentro de usted.

Aurelian sostuvo su expresión incrédula sin inmutarse.

—Exactamente.

Ella se llevó una mano a la frente y dejó escapar el aire lentamente.

—Perfecto. Recogí en la carretera a un hombre envenenado que además conversa con un lobo imaginario. —Dijo sonriendo con ironía, sin embargo, la expresión de Aurelian se endureció.

—Nerion acaba de llamarla irrespetuosa.

La mano de Neferet descendió lentamente. —¿Acaba de hablar con usted?

—Lo hace constantemente.

—¿Y usted le responde?

—Cuando merece una respuesta.




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