La Humana Rechazada por el Alfa

CAPITULO 4 EL INSTINTO DEL ALFA

Raimund se apartó con firmeza después del tropiezo. Su parte humana lo empujaba a mantener la distancia, a rechazar lo que acababa de sentir. Caminó hacia un rincón del salón, intentando recuperar el control.

Pero entonces lo golpeó el aroma. Un perfume natural, único, que no provenía de ningún frasco ni artificio: el olor de su mate. Era una mezcla dulce y fresca, como fresas recién cortadas entrelazadas con el delicado aroma de flores silvestres.

El lobo dentro de él se agitó con violencia. Ese olor lo volvía loco, despertaba cada fibra de su ser. Raimund apretó los puños, tratando de contenerse, pero su instinto rugía: ella es tuya, no la rechaces.

Natalia, ajena a la tormenta que se desataba en él, seguía pensando que solo había cometido una torpeza. Se disculpó y se apartó con timidez, convencida de que aquel hombre poderoso ni siquiera la recordaría después de esa noche.

Sin embargo, Raimund sabía que nada volvería a ser igual. El aroma de fresas y flores se había grabado en su memoria, y aunque intentara huir, su lobo jamás lo dejaría olvidar.




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