La tarde cayó sobre Valle Sereno, tiñendo el lago con reflejos dorados y sombras alargadas. Elena y los demás decidieron dejar atrás la tensión de la mañana, intentando olvidar lo ocurrido. Las risas y la calma regresaron poco a poco, como si nada hubiera pasado.
Pero no todos estaban tranquilos. El hermano de Elena, Brandon Márquez, permanecía cerca de Natalia. Al principio la había visto como una amiga más, alguien a quien proteger por cariño hacia su hermana. Sin embargo, esa tarde sus ojos cambiaron. Ya no la miraba con la inocencia de la amistad, sino con un brillo distinto, más profundo, más personal.
Natalia lo notó, y un escalofrío recorrió su espalda. Raimund, desde la distancia, también lo percibió. Su lobo gruñó con fuerza, reclamando lo que era suyo, y la tensión volvió a crecer en silencio.
Marcus, siempre atento, observaba la escena con preocupación. Sabía que el vínculo entre Raimund y Natalia estaba despertando, pero también comprendía que la presencia de Brandon podía complicar aún más las cosas.
El lago reflejaba la tarde como un espejo, pero bajo esa calma se escondían miradas, secretos y un destino que nadie podía detener.