La Humana Rechazada por el Alfa

CAPITULO 30 EL FUEGO DE LOS CELOS

La mañana en Moscú amaneció con un aire distinto. El sol apenas se filtraba entre las nubes grises, pero Natalia sentía que algo en su interior estaba cambiando. Elena la había convencido de salir con Brandon, y ahora, entre vitrinas y cafés, intentaba convencerse de que podía dejar atrás al alfa que la había marcado.

Elena caminaba delante, con paso firme, como si quisiera guiarla hacia un futuro más seguro. Brandon, en cambio, se mantenía cerca de Natalia, atento, con esa calidez que poco a poco se transformaba en algo más profundo. Entraron juntos a los almacenes más importantes de Rusia, donde los espejos devolvían la imagen de una Natalia distinta: probando vestidos, riendo tímidamente, dejando que Brandon la mirara con admiración.

—Mírate —le dijo Elena—. Así es como debes empezar de nuevo.

Natalia bajó la mirada, pero en su interior sabía que no era tan fácil arrancar un sentimiento que la consumía.

Después de las compras, Brandon la llevó a un café elegante en el centro de la ciudad. El aroma del café recién molido llenaba el aire, y Natalia, por primera vez en días, se permitió sonreír. Brandon tomó su mano con suavidad, y ella no la apartó. Era un gesto simple, pero cargado de significado: un intento de abrirse a otra oportunidad.

Lo que ninguno de los tres imaginaba era que, en ese mismo lugar, Marcus había entrado acompañado de ejecutivos para cerrar un contrato. El beta saludaba con firmeza, pero su mirada se desvió hacia la mesa donde Natalia y Brandon estaban juntos. Su corazón se tensó: sabía que su jefe no soportaría esa imagen.

Y tenía razón. Raimund, desde el último piso del edificio contiguo, observaba la escena a través de los ventanales. Su mirada se clavó en Natalia, en esa mano entrelazada con la de Brandon, en esa sonrisa que no le pertenecía. El lobo dentro de él rugió con furia, y el hombre se sintió desgarrado.

Marcus lo encontró minutos después, con el contrato en mano.

—Jefe… —dijo con voz grave—. Si no hace algo ahora, la va a perder.

Raimund no respondió. Sus ojos seguían fijos en la imagen que lo quemaba por dentro. Natalia, su Natalia, estaba con otro hombre. El orgullo lo había llevado a rechazarla, pero ahora los celos lo estaban consumiendo.

El café se convirtió en un campo de batalla silencioso. Brandon hablaba con dulzura, Natalia intentaba convencerse de que podía amarle, Elena observaba satisfecha… y Raimund, desde las sombras, luchaba contra el impulso de irrumpir y reclamar lo que sentía como suyo.

El capítulo cerró con un silencio cargado de tensión: Natalia intentando olvidar, Brandon dispuesto a conquistarla, Elena convencida de que hacía lo correcto, Marcus preocupado por el destino de todos… y Raimund, dominado por los celos, al borde de perder el control.




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