La Humana Rechazada por el Alfa

CAPITULO 32 PALABRAS QUE HIEREN

El café estaba cargado de silencio. Natalia aún tenía la mano entrelazada con la de Brandon, pero su mirada se desvió cuando Raimund se acercó. El aire se volvió pesado, como si cada respiración costara más.

—Natalia… —la voz del alfa era grave, contenida, pero sus ojos ardían—. ¿De verdad piensas que él puede darte lo que yo no?

Brandon se levantó de inmediato, sin soltarla.
—Ella no necesita lo que tú ofreces. Necesita paz, estabilidad. Algo que tú nunca le darás.

Elena intervino, con el ceño fruncido.
—¡Ya basta, Raimund! Tú la rechazaste. No puedes venir ahora a reclamar lo que dejaste escapar.

Natalia tragó saliva, sintiendo que el corazón le golpeaba el pecho.
—Raimund… —susurró, con voz temblorosa—. Tú mismo me dijiste que no había lugar para mí en tu mundo. ¿Por qué vienes ahora a decir lo contrario?

El alfa apretó los puños, luchando contra el impulso de arrancarla de allí.
—Porque no puedo soportar verte con él —confesó, con un tono que mezclaba furia y dolor.

Brandon dio un paso hacia adelante, desafiante.
—Entonces tendrás que aprender a soportarlo. Ella eligió.

Marcus, que había estado observando, se adelantó con calma, intentando contener la tormenta.
—Jefe… si insiste, la perderá para siempre.

Raimund cerró los ojos un instante, como si esas palabras fueran un golpe directo. Cuando los abrió, su mirada estaba fija en Natalia.
—Si tu decisión es estar con él… —dijo con voz quebrada, pero firme—. Entonces no volveré a buscarte.

El silencio que siguió fue devastador. Natalia sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. Brandon la sostuvo con más fuerza, Elena la abrazó por los hombros, y Marcus observó con tristeza. Raimund, el alfa que la había marcado, se dio la vuelta y salió del café, dejando tras de sí un vacío que quemaba más que cualquier palabra.

El capítulo cerró con Natalia atrapada en su propia elección: Brandon ofreciéndole seguridad, Elena apoyándola, Marcus temiendo el desenlace… y Raimund, rechazándola con un dolor que lo consumía, alejándose como si cada paso fuera una herida abierta.




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