Retrato de una Juventud Bajo Sospecha
Creo que no les he dicho en este punto cómo soy físicamente hablando. Mentalmente soy un desastre, emocionalmente también lo soy. Para describir mis emociones me gusta usar una película muy famosa en la cual cada personaje tiene una emoción: enojo, ira, etcétera. No, para mí, mi emoción que me define 100%, la que definió más mi adolescencia y mi actual adultez, es Ansiedad. Totalmente de acuerdo cuando vi esa película; me choqué con lo que es esa emoción verdaderamente. Es un horror padecer esa emoción toda tu vida, pero la realidad es esa.
Físicamente tengo una altura considerable por ser de Europa, no lo voy a negar: mido 1,92, tengo ojos verdes, mi pelo es rubio cenizo, hago ejercicio y estoy marcado. En cuanto a vestimenta, me gusta usar ropa conservadora, de etiqueta formal, de esos de época que ya no hay; pues así soy, bastante particular. Como ahora dirían: el "bicho raro". Pues así soy; el "bicho raro" es una palabra que me siguió toda la vida.
Siempre, cuando llegué a esta escuela, conocí lo que es la amistad, conocí lo que es el dolor, el sufrimiento, la desesperación y el bullying intenso. La ansiedad sobre todo fue cuando la conocí, cuando llegó a mi vida. Cuando llegué a esta escuela, recuerdo que mi primer día fue un shock tremendo, un verdadero shock emocional. Todas mis emociones se detuvieron; no sabía para dónde caminar. Era como... ¿cómo se los describo? Como cuando te avientan a una alberca, por así decirlo, y no sabes nadar, y te avientan "a la brava" y estás rodeado de tiburones. Típico que van a los balnearios o van a los acuarios y se mete la gente a nadar con los delfines, y tú tienes pavor al agua y ahora a los delfines; así, para que entiendan mi emoción, así me sentía: totalmente devastado, totalmente asustado.
Cuando iba en el camión, recuerdo que no hablaba con nadie. Soy muy antisocial, siempre lo he sido. Se me quitó, digamos que la misma vida nos arrebata muchas cosas y nos las quita de una manera tosca y brusca; a mí me quitó mi seriedad y me quitó el ser antisocial, lo dejé de ser. Me acuerdo que uno de ahí del camión me dijo: "Tienes que tener amistades, ¿a dónde vas a llegar? Tienes que tener tu círculo de amigos. Tienes que empezar a hacer tu círculo, si no, no te van a aceptar y te la van a agarrar de bajada, güey". ¡Yo qué! No lo podía creer. Yo decía: "Ay, ni que estuviéramos en una novela".
Me acuerdo que en esa época estuvo una novela muy famosa en la televisión, que hasta hicieron un grupo muy famoso de una banda muy famosa que salió de la novela, la hicieron real; muy típica de los 2000 esa novela muy famosa. Me acuerdo que yo era fanático de esa novela, ¿verdad? Las chicas ¿quién no? Y me acuerdo perfectamente cuando entré al salón: fue un verdadero shock emocional. De ahí empezó mi martirio y ahí empezó mi pesadilla. Empecé a conocer cómo eran de actitud los famosos "riquillos" de aquella época. Me contaron cosas asquerosas; cuando me senté a comer en la cafetería, que no comía de esto porque tenía como que le habían echado lo otro... en fin, una vasca tremenda. En los baños ni se diga, ¿no? Todos grafiteados. Pero esa escuela era "de dinero", pero todo grafiteado, todo rayado.
Los maestros también me la agarraron de bajadita. Hubo una maestra de derecho en particular que me agarró de bajadita ya en mi último año de preparatoria, pero eso es mucho más adelante. Cuando empecé el año, me hice de amistades en las cuales yo pensaba que eran amistades. Mi círculo social siempre estuvo rodeado de más mujeres que de hombres; me identifiqué y me acomodé, y de ese círculo, digamos que era mi zona de confort para no enfrentar la realidad de estar con el verdadero círculo social.
Ahí conocí a una chava hermosa: güera, pelo rubio, ojos verdes como los míos, unos labios hermosos, cuerpo hermoso. Para mí hermosa. Vaya sorpresa me voy a llevar con ella... se llamaba Alma. Me acuerdo muy bien su nombre. Con ella iba a conocer lo que es enamorarse de alguien realmente, clavarse realmente con alguien. Conocerla a ella me llevó a conocer a otra amistad en mi vida que fue mi destrucción. No sé si ustedes hayan tenido en su vida o hayan tenido la desdicha de tener a una amistad tóxica; pues yo sí. Conocí a una amiga mía que se llamaba Elizabeth, o eso creía que era una amistad, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que era más una relación tóxica que nada. Iba a todos lados conmigo, la invitábamos a plazas de compras y se le compraba hasta ropa y celulares nuevos; yo y ella teníamos los mismos celulares y, a pesar de ser de una clase baja, pues yo también tenía dinero y ella no lo tenía, entonces se le compraba lo mismo como si fuera parte de mi familia. Y pues, simplemente no lo era.
Cabe mencionar que como acabé con esta amistad fue de una manera muy tosca, porque yo no podía separarme de ella (nada romántico), pero no podía estar sin ellos, o sea, no me veía yo sin ella. Sí, me festejaba mis cumpleaños de una manera en la que estaba de moda: fiesta secreta, todo secreto, pero siempre hallaba la manera de hacerme sentir mal. Siempre que estaban todo mundo dedicándose canciones, me dijo: "¿Por qué no le dedicas una a Alma?". Y yo pensé: "Okay". Pero ella dijo: "Vas, dedícala bajo el apodo de 'Caramelo'". ¿Yo qué? ¿Bajo ese apodo? "O sea, sí, hazlo". Lo hice. Pasé el oso de mi vida, todo mundo se rió de mí, pero ella (Alma) simplemente se sonrojó con su círculo de amigos, que eran todos hombres.
Lo que es la inocencia de aquella época, que uno no se percata de las situaciones o simplemente ves y no ves, o definitivamente la inocencia. Ella era la única mujer y sus amistades eran puros hombres. Yo no me daba cuenta de la realidad, que creo ya se dieron cuenta ustedes, pero yo estaba clavadísimo con ella. Así surgieron varios intentos por estar a solas con ella, frustrantes, pero nunca sucedió nada. Hubo uno en especial que, como de novela, llegaron sus amigos. Yo me quedé en el salón porque, como les comenté, yo sufría mucho bullying. Les explico: allí en el colegio hacían concurso de los ojos más bellos, la sonrisa más bella, el más guapo, la más guapa, etcétera. Pues a mí me ponían muchísimos apodos. A mí me decían el "coco", "monstruo", "ogro", muchísimos apodos. Yo, por ser hombre, pues el típico tabú: no poder llorar. Hasta que hubo un día en el salón que me solté en lágrimas, lo que me llevó a conocer a otra amistad con la que yo me había clavado.
Editado: 01.02.2026