La Ideología Del Amor

​"El Gigante en el Espejo Roto"

Yo creía que ella no se iba a dar cuenta, pero, por suerte mía, llegó un momento en el cual me destapé un poco. Estábamos terminando un trabajo y todos alababan su ropa; traía algo muy de moda en aquel entonces. También usaba un perfume con un aroma parecido a esos desodorantes de hombre tan famosos que huelen a chocolate; era un aroma muy sexy y hermoso.

​Pensaba que el hecho de que yo le dejara de hablar no iba a ser importante para ella, que le daría igual, pero al parecer ella conocía bien la realidad de sus amistades y simplemente era indiferente a lo que dijeran. Me di cuenta porque un día se acercó un amigo mío, también llamado Luis, y me dijo: "Te manda a decir Alma que por qué no le quieres hablar, que por qué la evitas y por qué agachas la mirada cuando pasas junto a ella. Ella quiere saber qué está pasando porque no puede estar así contigo".

​En ese instante, la sangre se me fue de la cabeza a los pies. Sentí un bajón emocional y, al mismo tiempo, grité de emoción por dentro. Yo pensaba que era un cero a la izquierda para ella, pero no era así. Sin embargo, no sabía cómo acercarme; siempre he sido torpe, pero en ese entonces lo era más.

​El Momento de la "Montaña"

​En esa época, todo el mundo jugaba a ser Cupido. Había un compañero al que le encantaba juntar parejas y nos reunió. Como estábamos tan tímidos y frustrados, él soltó una indirecta: "Luis, si Mahoma no va a la montaña, la montaña debe ir a Mahoma".

​Entonces, ella se acercó y me dijo: "Vente, vamos a la cafetería por unas papas". Así de simple era ella: tan hermosa y divina. Recordarlo todavía me eriza la piel. Fuimos por unas gomitas en forma de llave que estaban de moda para dárselas a tu "media naranja". Mientras yo perdía la timidez, ella me la entregó y me dijo: "Ahora tienes la llave de mi corazón".

​Me quedé mudo. No pude decir nada. Fue frustrante para los que estaban mirando, que se desesperaban porque yo no reaccionaba, aunque por dentro me moría de ganas de hablar.

​El Aroma de Alma

​Después de ese detalle de la gomita, empecé a perder el miedo. En otro momento, mientras todos hablaban de su perfume, Luis me preguntó: "Oye, ¿no crees que el perfume de Alma huele muy rico?".

​Todo el mundo se quedó en shock cuando me acerqué a su cuello para olerla. Sentí todas las miradas clavadas en mí, pero me valió. De una manera respetuosa, le dije: "Sí, tu perfume huele muy, muy rico". Ella se sonrojó por completo. Yo, traicionado por los nervios, me retiré y me senté sin poder decir más.

​Hubo otro momento especial donde pudo pasar algo más, pero una tercera persona lo arruinó... pero eso lo sabrán en el siguiente capítulo.



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 01.02.2026

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