La Ideología Del Amor

"El Espejo y la Diosa":

​El Encuentro con Rocío

​Mi situación con Rocío estaba bastante ya avanzada; yo seguía platicando con ella, seguía conversando con ella pero sin saber realmente yo quién era. No, mi recuerdo de Ruby seguía en mi cabeza; de esos momentos frustrantes que pudieron haber pasado pero no pasaron, rodeaban mi mente tratando de olvidarlo. Y para tratar de olvidarlo, pues se cruzó en mi camino, por así decirlo, sin conocer a Rocío.

​Entonces yo platicaba con mis padres: "yo tengo que conocerla ya". Yo hablaba con ella, tenía su teléfono, o sea, teníamos claves para platicarnos y para saber que era ella y que yo era el que le hablaba; o sea, ya estaba la cosa mucho muy avanzada con ella. Ya teníamos mucho tiempo platicando. Entonces, un día de esos me da la dirección y me dice... ella era de una ciudad, yo estaba en ese entonces todavía en Francia, yo no vivía todavía en Nueva York. Entonces me dice: "tienes que venir a verme". Y ella vivía en una ciudad bastante... era como cruzar el mar literal, ella vivía en Texas. O sea, a una ciudad sumamente de polo a polo.

​Pero yo quería ir a verla, yo quería estar con ella, saber realmente quién era. No platiqué mucho con mis padres, ellos también sin saber quién eran los padres de ella o qué pasaba; no aceptaron llevarme cuando yo me marqué en esa ciudad, en una ciudad bastante metida en la delincuencia, mi tía es mucha violencia, bastante sola la ciudad, bastante triste, bastante pueblo muy pequeño. Me llevé una sorpresa grande.

​Recuerdo que nos estacionamos y me dijo: "espérame aquí". Estacionamos la camioneta, nos esperamos aquí. De repente volteo para atrás, yo arriba del carro —no me dejaron bajar mis padres, obviamente, pues obvio, ¿no? ¿Quién se quiere bajar a ver a alguien que no conoce ni sabes quién es?—. Veo por atrás del retrovisor —ya les había comentado que yo soy muy observador—, por atrás del retrovisor veo una persona, una chava hermosa: pelo rubio cenizo, ojos grandes verdes, boca gruesa color carmín, tez blanca, nariz respingada, orejas perfectas pero pequeñas, cuerpo curveado pero perfecto para mis ojos.

​La veo cruzar por el retrovisor. En ese momento mi corazón palpitó, sí, yo sabía que era ella, algo adentro de mí me lo decía pero yo no me constaba, pero lo sentía. Y mi madre voltea también y me dice: "¿es ella, verdad?". Yo: "no es que ya se fue". O sea, como que tenía miedo, como que quería corroborar si yo estaba o no estaba. No estuvo ahí media hora más, yo creo. Ya nos íbamos a ir, en ese entonces se acerca alguien en un carro, se baja... era ella otra vez, pero venía con otra ropa. O sea, como que estaba corroborando si era yo, no. Se va a cambiar y regresó así.

​Entonces hice: "ah, eras tú, ¿por qué te fuiste?". No, me borró totalmente, nunca lo aceptó, pero fue bastante obvio. Supongo que fue por pena, pero sí era ella. Pero fue bastante comprensible, no había por qué sentir pena, obvio. Me dice: "sí, yo no era, creo que me están confundiendo". Pues estuvimos ahí platicando, estuvimos ahí un rato platicando fuera del carro cuando me dice: "¿qué te parece si nos citamos en el jardín?". Mis padres ya conocen ahí en la ciudad, ya la habían visitado anteriormente años atrás, mucho antes de yo nacer, entonces me dijeron: "sí, mientras nos vamos al hotel y descansamos".

​Nos citamos. Me bañé, me arreglé, me puse guapo, aunque el espejo reflejaba otra cosa, no. Para mí el espejo reflejaba un ser imperfecto, un ser como el patito feo, un ser horrible como el jorobado de Notre Dame, así. Pero pues no había... me veía al espejo y era como que "ya qué", ¿no? Y yo estaba sentado en una banca cuando se acerca otra vez Rocío. Mi corazón palpitó bastante fuerte y me dijo: "okay, vamos a estar en el hotel, vamos a dar oportunidad de que salgan, pórtese bien, te la encargo". Los padres de Rocío: "cuídense". Y no, los nervios estaban a flor de piel, bastante.

​Recuerdo que surgió ese primer beso. Fue un choque de dos mundos totalmente diferentes, fue una sensación hermosa y un despertar muy grande de sexualidad también, lo que hace que uno se confunda, lo que hace que uno piense que es amor cuando simplemente son las hormonas de la edad. No había rincón posible —esto da pena— pero no había rincón en el cual no tuviéramos intimidad. Íbamos al cine, no nos importaba, ahí teníamos que tener intimidad, teníamos que estarnos tocando. Como dice una película muy famosa: "teníamos que estarnos tocando todo el tiempo", no podíamos quitarnos las manos encima. Cabe mencionar que todavía no había intimidad en sí, lo que es tener relaciones, era puro toqueteo.

​Recuerdo un día, pero ya la cosa estaba cada vez más y más y más fuerte, ¿no? Recuerdo un día que me dice: "vamos a dar una vuelta en una... en la camioneta". Me le dijo a mis padres: "yo sé manejar, señor, vamos a ir a dar una vuelta". O sea, bastante aventada. Yo era bastante tímido, éramos como si tuviéramos diferente... cambiamos cerebro, así como que ella era el hombre y yo la mujer, así. Bastante aventada. Dijo: "sí, adelante", ¿no? Y nos paramos en el hospital del IMSS. Me dijo: "espérame aquí, no te vayas a ir, voy a bajar por algo rápido, te esperas aquí, no te vayas". Y yo le decía: "pues, ¿a dónde me voy a ir?, si en verdad no conozco la ciudad, ¿a dónde quieres que me vaya?". No me voy a ir a ningún lado.

​Ahí esperé. Llegó, no le vi nada en las manos a mis ojos, pero mi sospecha en mi mente estaba... ojalá ustedes también. "Te voy a llevar a dar una vuelta, te voy a llevar a que conozcas el mirador de la ciudad". "Okay". Llegamos al mirador... creo que necesitan leer el siguiente capítulo para ver cómo era el mirador, qué pasa en el mirador. No tienen ni idea, tienen que leerlo.



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 01.02.2026

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