El Amor y sus Dos Caras
La verdad siempre supera la ficción, dicen. ¿Qué pasa cuando todo el mundo nos dice que el amor es maravilloso, que el amor esto, que el amor te cambia, que el amor te regenera, que el amor perdona? ¿Pero por qué nadie te cuenta lo que verdaderamente hace el amor? Cómo el amor nos transforma, cómo el amor nos hace perdernos hasta de nosotros mismos.
Vamos dejando a un lado las relaciones tóxicas. Cómo nosotros mismos permitimos hasta dónde nos perdemos en los ideales de querer estar con alguien más; hasta dónde somos capaces de permitir por estar con él o con ella; qué somos capaces de hacer por estar con él o con ella. Yo no tenía ni idea de en lo que me estaba metiendo, verdaderamente. No era una niña jugando a "papá y mamá", era una niña con la ideología de Romeo y Julieta: romance perfecto. Pero se me olvidó que la historia de Romeo y Julieta no es perfecta, que al final es trágico y que nadie ve el final de esa historia. Todo el mundo vemos el amor imposible, el amor puro, el amor tan grande, pero nadie vemos el final. O sea, cómo acabaron ellos: acabaron en la muerte. Acabaron en un amor que no tenía ni pies ni cabeza y los llevó a la muerte porque era un amor inmaduro, un amor tonto.
Es lo que nadie analizamos, todo el mundo nos dejamos llevar por las palabras de Romeo, por las palabras de Julieta. Sonará muy amargoso mi libro, pero yo solamente quiero hacerles ver lo que nadie les hace ver. No quiere decir que el amor no sea bello, ¡ojo, eh!, no; pero es una moneda de doble cara, es la realidad.
El Encuentro en el MiradorVolviendo a mi historia: cuando nosotros estábamos ahí, yo estaba en el carro esperando a que regresara Rocío. Yo no sabía en lo que me estaba metiendo, tenía una leve idea de a dónde había ido y qué era lo que iba a traer. Supongo que las hormonas hablaron por mí. Cuando íbamos en el transcurso rumbo al mirador —estaba bastante lejos—, mis nervios me iban a hacer daño, fuera de lo normal. La inocencia... lo que es la mente. Cuando llegamos a ese lugar, apagó el motor y un silencio estremecedor me besó. Nos besamos y surgió ese primer momento. Supongo que fue como de película: fue la primera vez para ella y la primera vez para mí.
¿Pero quién dice que los hombres no lloran en su primera vez? Yo lloré. Díganme ahora: ¿eso me hace menos hombre por haber llorado? Porque así fue. Y díganme, ¿me hace menos hombre? ¿No soy hombre por haber hecho eso o soy gay por haber hecho eso? Hasta dónde nos llegan los tabús, hasta dónde las etiquetas de la sociedad nos marcan, hasta dónde nos hacen daño, hasta dónde permitimos que nos hagan daño.
Cuando terminó nuestro encuentro, nuestro bello encuentro, se nos había hecho tarde. Íbamos ya rumbo al hotel donde se estaban quedando mis padres y me dijo: "Ya es tarde, me tengo que ir". Mis días se estaban acabando de visita en su ciudad; o sea, de lo más bello estaba empezando ya el martirio. Llegué yo llorando al hotel, nos despedimos. Es que mi madre me vio llorar en la parte de afuera del hotel, en el pasillo. Me dijo: "¿Qué tienes? No te quieres ir, ¿verdad? No la quieres dejar". "Yo no quiero quedarme con ella, quiero que se venga conmigo".
Las Sombras de la SecundariaAl día siguiente nos quedaba ese día nada más. Me llevó de visita a su escuela, a su secundaria. Conocí rápido a todas sus amistades de la escuela. Su madre me había dicho antes de partir: "Aguas, yo no te voy a engañar, Rocío es muy noviera, eh, tiene muchos novios". Así que, okay... ahora me quedé callado y dije: "Bueno, pues desde ahí empiecen a pensar". "Agarre la onda", decía yo, "la voy a cambiar, mi amor la va a cambiar". Sí, no hay nada como una gran venda en los ojos que nos tape la realidad.
Cuando estábamos ahí, había muchos murmullos: "que te quiere ver fulanito", "que quiere hablar contigo fulanito", mucho secreteo. Como que tenía situaciones inconclusas con alguien de ahí de esa escuela, como que yo les caí de golpe y que tenía situaciones inconclusas con alguien más. Después me retiré y no hice caso. Cabe mencionar que nadie me habló y todo el mundo me veía como bicho raro, como: "tú qué estás haciendo allí, tú no perteneces aquí".
Después me invitó una malteada a un lugar donde era acostumbrado ir a comer malteadas con sus amigos de la secundaria. Llegamos y, de la nada, la señora de la tienda me dice lo siguiente: "¿Cómo está tu novia con la que viniste la semana pasada?". Ya no me acuerdo, la verdad, del nombre de la chava; para qué les soy honesto, no me acuerdo. Solo me acuerdo que fingí, me aguanté. Terminamos la malteada, nos levantamos, nos sentamos afuera y yo le dije: "¿Para qué me hiciste venir, Rocío, si tú tienes ya a alguien?". Desde ahí empecé a ver su agresividad, pero la tapé con el hecho de: "¿A ver quién más me va a querer?". O sea: "Ya vine hasta acá, le tengo que aguantar todo". Inconscientemente ese era mi pensamiento: "Tengo que aguantarme de todo, tengo que aguantar, no la voy a hacer enojar, se me va a ir".
Ella me dijo: "No, es que eso ya acabó, antes de que tú vinieras ya acabó, ya se terminó... perdóname". Yo odio las mentiras, eh; yo puedo perdonar lo que sea, pero una mentira no te la perdono. Ya me quería ir al hotel, estaba decepcionado y lastimado.
La Sorpresa FinalSe hizo de noche. Ya nos íbamos, estábamos bien, ya para dormir, y al día siguiente ya nos íbamos de esa ciudad. Pero tocaron la puerta y me dijo: "Caleb, viene a platicar contigo Rocío, ¿por qué no bajas?". "Ah, okay, okay". Pero yo estaba muy dispuesto a terminar la relación ahí, a dejarla ahí. Pero la sorpresa con la actitud de Rocío fue bastante dramática, ahora que lo veo desde este punto.
Dijo: "Perdóname, de verdad no quise hacerte daño, de verdad es que yo no pensé que fueras a venir, yo no pensé que esto fuera en serio, yo no pensé que fuera así", llorando. Y yo: "Es que yo no puedo, yo no te voy a aguantar infidelidades ni te voy a aguantar mentiras, Rocío". Le decía yo: "Yo ya me tengo que ir, ya es tarde y no me dejan a mí estar en la calle, menos con alguien que yo no conozco". Yo estaba en mi posición de ya dejarla. Esa era mi posición, porque yo no iba a aguantar ese tipo de mentiras; sabrá Dios con cuántos más estaría platicando en mi ausencia y se estaría citando.
Editado: 01.02.2026