Es muy triste darnos cuenta que el amor, lo cual debería de transformar nuestro corazón, de hacerlo sentir bonito, de hacerlo sentir mariposas, de hacerlo vibrar, tristemente se convierte —o se convirtió en mi caso— en piedra. Es muy triste ver cómo la misma gente... fíjense bien antes de continuar: mi abuelito tenía una frase y yo no le creía. Yo decía: "Ay, mi abuelito... o sea, ya cuando están grandes dicen cada cosa". Yo decía eso, ¿no?
Y decía mi abuelito —se enojaba mucho con mi abuelita y ella le reclamaba—: "¿Por qué eres tan enojón?". Mi abuelito decía: "Es que yo no soy enojón; ustedes y la vida me han hecho así, pero yo no era así". Yo no le creía. Yo decía: "No, no es cierto, mi abuelito es muy enojón con mi abuelita", y lo típico que uno dice, ¿no? Con el tiempo pasó el tiempo y, pues, me di cuenta que efectivamente mi abuelito tenía razón: la misma gente nos hace así, la misma gente nos cambia nuestra forma de ser, nos moldea a modo de ellos y nos va cambiando nuestra forma de ser.
Una frase que yo, adaptando a mi experiencia, digo: "¿De qué me sirvió ser bueno con mis parejas y de qué me sirvió dar el 100 con cada una de ellas, si ninguna me correspondió? ¿De qué me ha servido? ¿Y de qué me sirvió? Miren hasta dónde llegó el haberlo dado todo, el haber entregado todo, si a final de cuentas cada una de ellas solo jugó conmigo, solo me utilizó". Y de qué manera... vamos a ir averiguándolo poco a poco.
Volvamos a nuestro cuento o vamos a nuestra historia. Yo me acuerdo que ese día yo estaba muy, muy nervioso, porque no sabía... ahí iban a ver y iban a saber quién era y iban a saber que tenía pareja. Típica persona que sufre de bullying, pues obviamente, ya saben: "¡Ay!, ¿cómo él va a tener novia?". O sea, el "bicho raro", el "feo", "¿quién lo va a pelar?". Ya saben, ¿no?
Pues entonces así llegamos y decía: "Aquí me voy a quedar en la camioneta todo el día". Ella se salía hasta las 12:30, de 7:00 a 12:30. Y decía: "O sea, ¿y dónde voy a comer? ¿O me voy a ir al baño?". Típicos adolescentes tontos, ¿no? Se me hizo fácil pasarla a la escuela sin permiso; nadie se dio cuenta. El que está en la caseta no se dio cuenta de que la pasé. Ni siquiera le puse gafete de visitante porque esa escuela era de mucho dinero, de rígidos. Entonces, ni siquiera me tomé la molestia; en primera, no sabía que se podía hacer eso y, en segunda, pues no lo hice, no me dio la gana porque, pues, en esa escuela todo el mundo hacía lo que quería.
Saliéndonos un poco del tema para que me pongan un ejemplo los que estaban o los que eran de esa ciudad: yo vivía en otra ciudad y la escuela estaba en otra. Yo estaba en París y la escuela estaba en Francia, entonces, polos así, ¿no? Y los que estaban ahí decían, por ejemplo el director: "No se pueden venir con tenis de colores, tienen que ser todos blancos". Okay, pues ahí va uno que era de fuera, pues bien fijado, ¿no?, que los tenis no trajeran nada de color. Y en cambio, los que eran de ahí de esa ciudad, se iban con los tenis de colores, manchados... y en esa época estaban muy de moda los "emo", pues así, la calaverita, morado, negro, y nadie les decía nada.
Volviendo acá, por eso yo tampoco hacía nada porque, como ellos no hacían nada, pues yo dije: "Pues voy a hacer también lo que me dé la gana". Claro que no eran las cosas así y no está correcto, lo sé, pero yo así lo hacía. Ya estaba harto de hablar, harto de callar, harto de que no me escucharan, de decir y que no fuera yo nada, de que no me prestaran atención. Entonces esta situación ya me estaba cansando, me hartó bastante.
¿Y qué pasó? Pues que cuando yo entré a la escuela, ella se sentó en la cafetería. Le dije: "Quédate aquí, cualquier cosa me mandas mensaje, yo voy a estar al pendiente del celular". Me mandó un mensaje: me vio el director. Entra el subdirector del área de preparatoria y me dice: "Venga". Me echaron un choro mareador tremendo y tenían razón, no debí de haber hecho así las cosas. Le dieron un gafete de visitante, me disculpé, me dejaron; gracias a Dios no pasó a mayores. Ni citaron a mis padres ni nada. El susto fue más mío que de ellos.
Pero en el recreo me dieron oportunidad de convivir con ella. En el recreo, y obviamente ya sabrán: ella así, y como son acabados los riquillos, la veían como igual que a mí: "bicho raro". Y pues muy alta ella es, ella es muy alta, yo también, pero ella es un poco más. Entonces ya sabrán, ¿no? No contaba con la siguiente situación, ni por la mente me pasaba, ya de nivel... les juro por Dios que no, yo no pensaba que fuera a pasar esta situación, hasta que íbamos caminando por el área de las canchas. Terminamos de desayunar, íbamos para las canchas, hasta que se topa Daniela con Rocío. La situación no quedó en puras miradas, ojalá hubieran quedado en miradas. No les voy a decir más: tienen que leer el siguiente capítulo para saber en qué para esta situación y cómo me fue con mis padres, eh, porque no crean que no me dijeron nada. Lean el siguiente capítulo para que sepan qué pasó, qué se dijeron Daniela y Rocío, si hubo alguna confrontación física o qué pasó.
Editado: 01.02.2026