Tienen que entender mis nervios, o no; pues visitar San Francisco pues es una ciudad de muchos mitos, muchas leyendas: que hay mucha droga, que hay mucho alcohol, que hay mucha fiesta, que hay mucho libertinaje. Esa es la palabra. A mí me encantó la ciudad; se me hizo una ciudad muy pintoresca, muy hermosa, muy fascinante. Me encantó. Lo que más me fascinó fue el tranvía que atraviesa toda la ciudad, eso se me hizo verdaderamente hermoso. Y tienen que ver San Francisco de noche, es una ciudad hermosísima.
Pero bueno, buscamos un hotel, llegamos, nos establecimos, nos dieron una habitación y mis padres se quedaron en otra. Nosotros directamente no quisimos salir a ningún lado, o sea, ya sabíamos a lo que íbamos. Yo me sentía mal, no creo, me daba pena esa situación; pero pues yo quería tener intimidad con ella. Yo no quería esperarme a que el matrimonio y que quién sabe qué, no. Porque yo no sabía realmente si iba a funcionar, yo vivía el ahora.
Me acuerdo que tuve una travesura en la cual compré chocolate líquido. Me dio pena, pero pues yo le compré el chocolate líquido para untar de su vagina y hacerle sexo oral. Entonces pues pasó la noche. Antes de eso me dijo: "¿Para qué traes ese chocolate?". Le dije: "Pues ya lo verás".
Hijo, me voy a meter a bañar, y nos metimos a bañar y ahí en la tina nos empezamos a tener, ¿no? Y este... y ahí en la tina pues nos salimos acá a la cama, ¿no? Todo mojado, así como de novela, así sucedió tal cual, tal cual. Y empezamos a tener sexo y de ahí sacamos... saqué, perdón, el chocolate y no... en su vagina y le hice sexo oral, lo cual le fascinó. Fue una experiencia, no por presumir, verdaderamente buena para ella. Pues estuvimos toda la noche teniendo sexo, no paramos, no dormimos.
Obviamente nos cuidamos, eso fue esencial a nuestra edad tan temprana. Éramos unos escuincles, no queríamos en ese momento tener hijos, no. Entonces, como no queríamos tener hijos pues eso era parte importante, ¿no? Cuidarnos y no meter la pata con ningún hijo.
Al día siguiente mi mamá nos tocó la puerta y nos dice: "Ya tienen... ya se acabó la luna de miel, ya tienen 20 minutos para arreglarse". Y nosotros todavía no nos levantábamos, estábamos totalmente encamados teniendo sexo todavía. Nos vestimos, un "rapidín" como le dicen ahora, terminamos, nos vestimos y a lo que va. Vámonos. Vimos un poco de la ciudad, visitamos un poco más, turisteamos y después este... ya veníamos ya de regreso felices, muy enamorados, pero con la tristeza de nuevo de que se tenía que ir.
Y ya no aguantaba más, yo ya la quería conmigo, yo ya quería estar conmigo... yo ya quería tenerla, despertar con ella, estar ya con ella. Entonces pues obviamente sabíamos que no iban a aceptar nuestros padres una relación de esa magnitud, no iban a aceptar que nosotros nos casáramos por nuestra edad tan temprana. Obviamente no lo iban a permitir, no era el momento ni aceptándolo. ¿Qué padre lo va a permitir? O sea, es una estupidez, ¿no? Es como dos niños jugando a la mamá y el papá. Verdaderamente una estupidez. Yo no sabía en lo que estaba pensando, verdaderamente no estaba pensando porque no debí de haberlo hecho. Es una tontería. Digamos que quise jugar a la casita a una edad muy temprana y pues no debí de haberlo hecho. Esas fueron las consecuencias de muchos de mis errores y de todo lo que sufrí con ella, cosas inimaginables. Y aquí se van a romper muchos tabús que la gente no cuenta y que piensan que por ser hombres no vivimos.
Pues bueno, ya la dejamos en el aeropuerto y ella se iba. Me quedé yo llorando, yo ya no podía más. Me tenía que esperar otros cuatro meses, casi cinco, hasta que volviera a venir para verla. Pues así pasó el tiempo, a su tiempo vino. Me acuerdo muy bien, fuimos al cine el día antes... penúltimo. ¿Por qué me adelanto ahora al penúltimo? Porque realmente no hubo más atrás nada relevante.
El día antes del último a esta venida fuimos al cine y me acuerdo que ella se sentía mal y dijo: "Papá...". Le dije: "Se siente mal, ¿qué no traes alguna pastilla o algo?". Mi padre siempre cargaba con pastillas para dolor, dijo: "Sí, en el carro, vayan". Fuimos y de ahí se sentó en la parte delantera; era un carro Beetle amarillo. Entonces se sentó y yo me senté en el lado del copiloto. Cierra la puerta, él la cerró, pero ya agarró la pastilla y dijo: "Ya vámonos".
Cabe mencionar que siempre padecía de dolores de cabeza, no era nada malo, nada más era muy... se tensionaba mucho. Era mucho muy inteligente ella y se tensionaba bastante, entonces siempre padecía de dolores de cabeza. Y me dije yo:
—Oye, Rocío, prende el carro, vámonos.
—Que sí, vámonos. Rocío, vamos a huir.
—¿De qué estás hablando, Caleb?
—Sí, vámonos. Ambos queremos estar juntos, no nos lo van a permitir, lo sabes. No nos van a dejar casarnos por nuestra edad, por muchas cosas. Prende el carro, vámonos a huir a la ciudad de tus tíos. Vámonos.
Ellos tenían una granja a las afueras de París y íbamos a huir con ellos. Entonces estábamos en Francia e íbamos a huir a París, que estaba a las afueras de París todavía... una granja. Entonces nos quedaba bastante lejos. Sentimos nervios, nos temblaban las manos, bastante miedo. Pero no van a creer lo que pasó, o van a creer la respuesta de Rocío. Verdaderamente me asombró y tienen que leer el siguiente capítulo para saber lo que hizo ella.
Editado: 01.02.2026