A veces es difícil decirle a nuestros padres lo que creemos, lo que es correcto, lo que deseamos y nuestro punto de vista. A veces para ellos es muy fácil decir las cosas, pero también para nosotros a veces es difícil escuchar. Es muy fácil hacer juicios para ellos, pero también es difícil para ellos escuchar. Es más difícil cuando tienen a un hijo favorito y también es muy difícil cuando te sientes a un lado, cuando te sientes el típico —no— la "oveja negra" de la familia; la que siempre se equivoca, el que siempre se equivoca, el que siempre mete la pata, la que siempre mete la pata, la que siempre da problemas, el que siempre da problemas. Es algo muy fácil y muy simple, y a la vez muy difícil de tratar en la familia y muy fácil de solucionar.
Hay veces que es más fácil refugiarse en lo que nos gusta y evadir la realidad, o simplemente darle vuelta a la página e ignorar. Hay personas a las que les es más fácil superarlo y continuar; hay personas que nos refugiamos en la escritura para poder continuar sin saber a dónde nos pueda llevar. Es por eso que estoy escribiendo este libro; no sé a dónde me vaya a llevar, ni sé a dónde vaya yo a parar. A lo mejor a nada, a lo mejor a mucho. Simplemente espero que cambie mi ideología del amor. Estoy abierto a sus opiniones y también espero que cambien su ideología del amor.
Al ver el teléfono, vi que era una llamada de mi madre. Esa llamada a la cual tuve que responder, siendo yo temblando, sumamente nervioso. Mis manos temblaban. No podía imaginar lo que me iba a decir; me lo sospechaba, pero tenía miedo de averiguar. Ella estaba muy, muy molesta. Yo en verdad no sé por qué no se nos ocurría a ninguno de los dos; si no sabe vivir con los padres de él, el miedo nos dominó de tal manera que se dio de una manera tan fácil.
Recuerdo cuando ya todo pasó, que su mamá de él nos decía: "¿Por qué no se vinieron con nosotros? ¿Por qué no acudieron a nosotros?". Recuerdo ahora que su madre de él, en un momento de plática muy sencillo, me dijo: "Es que tú no sabes, Caleb, lo que pasó realmente después de todo eso que pasó entre ustedes. A nosotros no nos la pasamos nada bien; aparte de la preocupación de no saber dónde estaban, si estaban bien o si les había pasado algo. Estábamos muy preocupados por ambos y, obviamente, por mi hija principalmente, pero también por ti. Pero también porque tu mamá nos amenazó; sí, nos dijo de una manera muy arrogante y grosera que si no regresaban —en especial tú— a la casa, iba a meter a mi hija a la cárcel y lanzó muchas amenazas muy fuertes".
Recuerdo que en ese momento las lágrimas de ella rodaron y yo pensé: "Ay Dios, yo no creí que mi madre fuera capaz de decir eso". Señora, de verdad le ofrezco una disculpa. Verdaderamente que la calentura del momento nos llega de tal manera que no vemos la realidad, no vemos lo que estamos haciendo; nos cerramos de tal manera que no vemos también el daño que estamos ocasionando a nuestros padres. O sea, sí, vamos a ser felices, pero es una felicidad momentánea con una consecuencia que puede ser enorme. Pero sea, yo no sabía realmente, no pensábamos ninguno de nosotros lo que estábamos haciendo.
Y al estar nosotros ahí, escuchar la llamada de mi madre decir: "Tenemos que reunirnos, estoy muy molesta contigo y tienes que regresar a Rocío a su casa y tienes que volver", pero con unos gritos espantosos... Pero yo me harté de obedecer órdenes y decía: "No voy a volver, no voy a volver y no voy a volver". Entonces dijo: "Tienen que volver", y yo: "No voy a volver". Así siguieron las discusiones telefónicas hasta que cedió mi madre en un punto y nos dice: "Nos vamos a ver en un restaurante que está una cuadra abajo del Teatro de la Ciudad".
"Okay", pregunté, "¿dónde es?". "Nos vamos a ver en La Tarola y ahí los quiero ver. Vamos a platicar, vamos a conversar tranquilamente". Y yo le dije: "Okay, nada más tienes que prometer que no nos vas a hacer daño y que no nos vas a separar ni vas a hacer nada". Y la respuesta fue: "Tú no estás en plan de exigir nada en este momento". Y yo dije: "Si no me lo prometes, no vamos a asistir; tan fácil como irnos y dejarte ahí plantada a ti". Pues su respuesta fue... no le quedó de otra más que: "Está bien, no les voy a hacer nada, vamos a platicar tranquilamente".
Editado: 01.02.2026