La Ideología Del Amor

​"Más allá del sexo libre: Cuando el hombre también calla

​A veces, como padres, nos cansamos de ir en contra de nuestros hijos. Hay momentos en los que cedemos y accedemos a sus peticiones por miedo a perderlos; bajamos la guardia. En ese punto, yo ya dominaba el arte de la manipulación, y a mi madre no le quedó más remedio que aceptar nuestro matrimonio. Fuimos a casa y enfrentamos a mi padre y a mi abuela, una mujer de carácter fuerte; al final, tras hablar con mi madre, accedieron.

​Poco después tuvimos que viajar para acompañar a Rocío a darles la noticia a sus padres. Ellos ya lo sabían y estaban de acuerdo, pues cuando nos escapamos, nos cuestionaron por qué no acudimos a ellos primero, ya que en su juventud habían pasado por una experiencia similar. Teníamos su apoyo total, algo que no se nos ocurrió buscar antes porque el miedo nos paralizó y nos cerró las puertas a ambos.

​Al llegar, lo tomaron bastante bien. Les dio gusto, pero fueron enfáticos: era un compromiso serio, no un juego. Nos advirtieron que un matrimonio requiere una madurez que, a esa edad, uno simplemente no posee. Uno dice que sí a todo, pero no es consciente de la magnitud de lo que está haciendo.

​Rocío pertenecía a una secta. Constantemente tenían convivios y reuniones; eran muy unidos. Aunque convivía mucho con ellos, nunca intentaron obligarme a unirme. Había reglas estrictas, como la prohibición de tomar café, refrescos de cola o alcohol. Hubo intentos de invitarme, pero gracias a Dios soy muy devoto a mi religión y nunca cedí. Ellos, afortunadamente, siempre respetaron mi decisión.

​En una de esas reuniones en casa de su abuela, un hermano de Rocío preguntó:

—"¿De verdad se van a casar?"

—"Sí", respondimos.

Entonces, él se dirigió a la señora Ernestina y le dijo:

—"¿Qué vas a hacer, Ernestina? ¿Los vas a casar? ¡Qué error tan grande están cometiendo estos niños!".

​Recuerdo que ella se enojó y reaccionó con firmeza:

—"Yo no te digo cómo educar a tus hijos, así que no me digas cómo educar a los míos".

Tras ese desplante, nos dimos media vuelta y nos retiramos del evento. Pasamos unos días más en su ciudad y luego regresamos para preparar la boda. Aunque el trabajo de su padre hacía difícil su asistencia, al último minuto se presentaron.

​Durante la fiesta, a mitad del evento, decidimos retirarnos. Estábamos en plena "edad de la calentura". Recuerdo que mis primos bromearon con los invitados:

—"Déjalos, ya les urge irse a celebrar su luna de miel".

​En efecto, nos fuimos. Queríamos intimidad, queríamos sexo libremente, sin ataduras, sin el miedo a que nos cacharan o nos regañaran. Era, según nosotros, una de las ventajas de casarse. Pasamos toda la noche juntos. Al principio no era una mala relación, pero con el tiempo empecé a notar actitudes extrañas en Rocío.

​La descubrí cuando empezó a trabajar en el área de administración de una empresa; a ella siempre le gustaron esos temas. Un día noté que traía dos celulares.

—"¿Por qué traes dos?", le pregunté.

—"Uno es para comunicarme contigo y el otro me lo dieron en la empresa por si necesitan algo", respondió.

​Debo hacer un paréntesis: ella siempre fue como "Teresa", la de la novela; interesada y muy ambiciosa. Un día, mientras se bañaba, vi su celular sin querer y no pude creer lo que leí. Me puse muy triste, me deprimí y comencé a llorar.

—"¿Por qué tienes este mensaje?", le reclamé.

​El texto decía que se verían a la salida para comer y la persona se despedía de ella llamándola "bebé". Ella se desconcertó y yo levanté la voz. Ambos teníamos un carácter difícil; ninguno de los dos cedía ni bajaba la guardia. Mi madre siempre me regañó por eso, y con razón: en una pareja, alguien debe tener la calma, pero nosotros siempre estábamos en pie de guerra. Las peleas eran constantes y a grito tendido.

​Ella se limitó a decir que no había de qué preocuparse, que "así se llevaban todos" en su trabajo. Mi madre, preocupada porque Rocío vivía con nosotros y se sentía responsable de su bienestar, siempre intentaba mediar para calmar la situación, pero las cosas no mejoraron.

​Rocío empezó a mostrar actitudes cada vez más hostiles. Aunque no hubo violencia física inmediata, comenzó a agredirme verbalmente. De esto trata esta parte de mi historia: de romper el tabú de que solo las mujeres sufren violencia. Este libro es para alzar la voz por los hombres que pasan por lo mismo.

Esta historia continuará...

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.

Título de la obra: la ideología del amor

Autora: Gabriela González Calette

Nombre de autora: Gabby Rose Noir

Contacto: fridagabbycalette@gmail.com



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En el texto hay: suspenso, mistica, misterio amor

Editado: 24.02.2026

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